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Sopa de frijol, un plato con sabor a cultura en Convención

La ciudad promesa es el epicentro de una riqueza cultural que se cocina entre platos típicos en está subregión de Norte de Santander.
Gastronomía
Fotos: cortesía de Fabio Arciniegas
Anderson Salinas

Convención es una casa de puertas abiertas, sobre sus calles se respira el ambiente a bolero que dejaron sus hijos; en su zona verde la caña panelera atiende las visitas y en su cocina deambula el plato tradicional del municipio y la provincia de Ocaña: la sopa de frijol.

La puerta dulce nació un 6 de noviembre de 1829 luego de la Gran Convención en Ocaña. Desde entonces, se convirtió en la cuna de una variedad gastronómica: arepa de maíz con queso rallado y aguacate, que, junto a la sopa de frijol, resguardan uno de los pilares de la identidad cultural de la entrada al Catatumbo.

Allí se cocinan las sopas más apetecidas en la mesa; mazorca, arroz con fideos, aguacate y aguapanela complementan la receta. A eso de las 11:30 a.m. o 12:00 del mediodía está lista, pero su preparación puede comenzar unas tres horas antes.

Frijol blanco, costilla de res, plátano, ahuyama, papa y zanahoria, se suman a los ingredientes que necesita Edith Quintero. Para ella hablar de su receta preferida es hablar de magia cada vez que se alista en su mesón de madera.

“El frijol se pone a remojar desde el día anterior, al otro día junto a la costilla de res se pone a cocinar, en leña es mucho mejor porque el sabor a ahumado es perfecto; cuando ya está hirviendo y el frijol está blando, se agregan los demás ingredientes picados en pequeños pedazos”, agrega la señora Edith.

Eso sí, el cilantro no puede faltar al finalizar su preparación para terminar de darle el gusto necesario. Una receta que se convierte en una tradición gastronómica, que pasa por el paladar de todas las generaciones.

“Esto es lo que nos identifica en la provincia ante Colombia, mis hijos, que están en otras ciudades, cuando planean viaje lo primero que dicen es que se les prepare sopa de frijol”, explica Quintero.

Convenció, es una de esas casas que a donde se llega, pero las ganas de irse no regresan. Su sencillez, calidez y tranquilidad se extiende entre sus brazos para sentirse cómodo y deleitar el anhelado menú.

“Llegar del colegio al mediodía y buscar el almuerzo era lo mejor, cuando te sentabas y te servían sopa de frijol”, agrega Diana Martínez, habitante del municipio de Convención.

 

Pero no solo es eso, los derivados de las zonas verdesFogón de leña ofrecen el elemento para nivelar el azúcar en el cuerpo. Quencos, cocadas, melcochas y alfondoques, son productos que surgen del ingenio de las familias campesinas y completan el abanico gastronómico.

Un bufet que presenta la historia y la cultura de un territorio que se encamina en la última década para cumplir 200 años de existencia. Noviembre es el mes de las celebraciones, de la nostalgia, de la oportunidad de revivir aquellos recuerdos que se difuminan con el tiempo y que regresan con cada plato.

Su aroma se pasea por las calles del pueblo y atrae a cada comensal que espera por su turno. Y se queda en el paladar de todo aquel que disfruta el plato típico que identifica a esta casa de inquilinos de buen comer.

Convención, es una casa colonial, acogedora. La casa de todos; donde el conflicto armado no golpea la tradición cultural y se sumergen entre el apetito por un mejor Catatumbo.

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