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El Obelisco de El Tambo, vestigio de una batalla perdida

En un mirador de El Tambo (Cauca) también se erige uno de los monumentos más importantes de Colombia.
Rubén Darío Zúñiga

A solo 15 minutos de la cabecera urbana de El Tambo (Cauca), en una elevada colina que sirve de mirador para casi todo el municipio, se erige uno de los monumentos históricos más importantes de Colombia. Paradójicamente no se construyó para celebrar una victoria militar, sino para conmemorar una derrota, que luego sería el paso inicial para la liberación de Colombia frente al Imperio Español.
 
En La Cuchilla de El Tambo, la pronunciada montaña que desde tiempos inmemoriales vigila el caserío, el 29 de junio de 1816, fuerzas Patriotas lucharon contra el poderoso ejército realista al mando de Juan Sámano, el temible hombre ególatra que más tarde sería Virrey de la Nueva Granada. 

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Una montaña para valientes

En la cúspide de la colina se levanta un obelisco de mediana altura instalado hace 53 años para recordar la valentía de arriesgados patriotas. El lugar está marcado por la muerte, porque dicen que aún muchos cuerpos permanecen enterrados en sus faldas y por el paso de la historia que no se resigna a ocultar el rastro de una batalla perdida.

La montaña inspira respeto, no solo por la batalla que en ella ocurrió, sino por su ubicación geográfica en dirección al famoso Valle de Pubenza, donde aparece, unos kilómetros más adelante, la ciudad de Popayán, capital del Cauca. 

El antropólogo Uriel Llantén, un estudioso hombre de la historia de El Tambo, relata que el enfrentamiento reunió a dos ejércitos desiguales. 

“Nuestros patriotas eran unos pocos valientes, eran conscientes de que iban a perder y, sin embargo, decidieron pelear con las tropas Realistas en una gesta que luego marcaría la unión del Ejército Republicano para liberar al país”, anota el académico.

Ese 29 de junio de 1816, frente a frente se encontraron Juan Sámano y Toribio Montes, por los Realistas, y Liborio Mejía y Carlos Montufar, por los Patriotas. Unos dos mil hombres -bien armados- hacían parte de la Fuerza Española mientras que apenas 700 de los Republicanos. La batalla fue sangrienta según se cuenta en los corrillos históricos de El Tambo, donde aún hoy, cada año, los ciudadanos locales resaltan la valentía de los bravos caucanos que prefirieron morir antes de entregarse a la voluntad del Rey.

HH

“Fue gracias a ese gesto patriota que la Batalla de la Cuchilla de El Tambo, pasó de ser una estruendosa derrota a una lección estratégica. Y fue así, porque ese germen ayudó para que los ideólogos de la Gesta Libertadora entendieran que solo unidos se podía hacer frente al Imperio Español. Sobre todo, luego de la reconquista que iniciaba por parte de los Realistas. Este lugar fue una semilla para lograr la Independencia”, dice el antropólogo Llantén.

Los 'espartanos' de Colombia

Los documentos históricos que reposan en archivos de diversas academias colombianas, constatan la precariedad en las Tropas Independistas que desde Popayán salieron a El Tambo, y de ahí hacia la colina donde el Obelisco permanece firme en homenaje a los únicos “espartanos” de los que se tiene registro en Colombia. 

La pelea apenas duró tres horas. Apenas fue un abrir y cerrar de ojos para los intrépidos Patriotas que en medio de cañonazos y metralla caían en los bordes de la montaña. El triunfo de los enviados del rey fue fácil, porque desde lo alto de la colina disparaban con comodidad sus armas hacia la hondonada donde permanecían los Patriotas. Fue una muerte anunciada pero no resignada para los Independentistas.

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Al final de la jornada, 250 soldados Republicanos yacían muertos mientras otros 300 fueron tomados prisioneros. Ese premio de guerra para Sámano, el español, y de derrota para Mejía, el colombiano, paradójicamente trajo, de uno y otro lado, lecciones que aún hoy retumban en el Cauca.
“Los patriotas jamás pensaron en ganar esa batalla. Sabían que sucumbirían al poderío español, pero entendieron algo más allá de la lógica de la guerra: que se debía luchar hasta el final por la libertad de la nación, aún a costa de la vida. Es el mejor ejemplo de entrega que puede dar soldado alguno”, concluye el antropólogo, Uriel Llantén.

El Obelisco, como dicen los habitantes de El Tambo, es testigo de las gestas colombianas, es el mirador del pueblo, pero así mismo, es el mirador de una historia de entrega y de lucha. No sólo es una montaña donde alguna vez hubo una batalla, es un destino histórico y turístico que vale la pena conocer.

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