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El libro que relata la recuperación de tierras de las indígenas pastos

Cuatro mujeres indígenas pastos narraron las luchas que libraron sus comunidades a finales del siglo XX por recuperar las tierras usurpadas de sus pueblos.
Mujeres indígenas pastos
Literatura
Fotos: cortesía
Diana Leal

En el año 2020, cuatro mujeres indígenas provenientes de los resguardos Cumbal y Guachacal, del departamento de Nariño, decidieron unirse y crear el colectivo ‘Qué decís, mujeres pastos reviviendo la memoria y la lucha’, con el propósito de aportar a la memoria histórica del pueblo de los Pastos.

“Nosotras cuatro nos encontramos primero en el Cabildo Indígena Universitario, en Manizales, que es la ciudad donde adelantábamos nuestros estudios en antropología y después nos unimos en el semillero ‘Asuntos de campo y escritura antropológica’, y fue allí donde iniciamos a hablar de temas que teníamos en común y que nos preocupaban de nuestros resguardos y así nace la idea de tratar temas referentes a nuestras comunidades”, relata Carolina Ortega, perteneciente al resguardo indígena del Cumbal, antropóloga y miembro del colectivo.

El nacimiento del colectivo Qué decís trajo consigo la iniciativa de emprender una investigación de las memorias de la comunidad para visibilizar la lucha del pueblo de los Pastos en el largo camino que recorrieron para recuperar las tierras sagradas de las que fueron despojados desde épocas de la conquista.

Fue así como con el apoyo del Centro Nacional de Memoria Histórica, en diciembre del 2021, se publicó el libro ‘Mujeres pastos en la lucha por la recuperación de tierras: resguardos de Guachacal y Cumbal’.

“El libro nace de la unión con las compañeras de los resguardos, desde ese momento empezamos a pensar en cómo sería el trabajo con nuestras mayoras y cómo podríamos hacer para que sus voces resaltaran, y en todo el libro se ve cómo se cuentan las historias donde ellas son las protagonistas en todo el churo (espiral) del tiempo que han venido luchando por las tierras y los derechos de los indígenas”, cuenta Janeth Taimal, comunera del resguardo de Cumbal, antropóloga y miembro del colectivo.

Cada historia contada por las mayoras y mayores se convierte en un viaje que transporta en tiempo y espacio al lector. Yorely Quiguantar afirma que “cada capítulo y cada palabra se escribió y se pensó de manera que las personas se puedan sentir como en una conversación con los mayores”.


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Es por esto que en cada relato de esta publicación las autoras destacaron las particularidades del español nariñense del día a día, por eso, dentro del libro se encuentran expresiones como desque (dizque), yora (y ahora), helay (helo/a ahí) y tonces (entonces).

Asimismo, su investigación tomó un notable enfoque de género, las mujeres recuperadoras, alcaldesas, lideresas, cuidadoras y comuneras protagonizaron varios de los capítulos del relato por su rol intelectual y espiritual dentro del proceso, e incluso después de las conversaciones y el trabajo de campo los líderes empezaron a incluir a las mujeres en las historias.

“Uno de los propósitos que tenemos como colectivo es aportar a nuestra comunidad, porque esa es la finalidad de los que salen de los resguardos a formarse profesionalmente, que puedan volver y aportar a la comunidad, por eso nosotras nos hemos enfocado en lo que es el papel de la mujer en el proceso de la recuperación de tierras”, afirma Claudia Charfuelán, comunera del resguardo Guachucal, antropóloga y miembro del colectivo.

Las autoras afirman que el ser antropólogas les ayudó a guiar mejor este proyecto. Desde la universidad venían trabajando la idea de ir más allá de los métodos comunes de investigación y recolección de datos. Por esto optaron por un trabajo de campo más sensible, al que llamaron ‘Visitas sagradas’, cuenta Claudia, “acompañamos a los mayores en su día a día, y en esos espacios conversábamos con ellos en el fogón, mientras ayudábamos en los cultivos. En este proceso aprendimos y nos dejamos guiar, y así conocimos más de nuestra propia historia”.


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Este proyecto busca reparar el proceso de recuperación de tierras, visibilizando a las mujeres y revindicando su papel e importancia en la actualidad, y entrega a los renacientes la historia de su pueblo para que lo conozcan y desde ahí puedan seguir trabajando y cuidando de la tierra que sustenta la vida.

“Como ya hemos dicho, el colectivo está para trabajar por la comunidad, y sentimos que a través de este libro como mujeres renacientes podemos aportar a la memoria de la comunidad, y nos permite plantear propuestas para trabajar con más mujeres, con la niñez y que así nuestras luchas puedan ser escuchadas”, añade Yorely.

Además, afirman que recuperar tierras es mucho más que tener poder sobre el terreno, pues como comunidad sanan al habitar nuevamente en las tierras que les fueron despojadas, y ese suelo sagrado también se recupera al ser habitado por los hijos de los recuperadores, quienes se encargan de respetarlo y armonizarlo.

Finalmente, las autoras resaltan que en el proceso de recuperación de tierras la unión de las comunidades hizo más que cualquier proceso legal, y recuerdan la frase del taita Laureano Inampués quien se refería a la minga diciendo: “una sola gota de lluvia no hace ruido, ni moja, pero todos bajamos juntos y nos hicimos escuchar para recuperar nuestra tierra”.

El libro ‘Mujeres pastos en la lucha por la recuperación de tierras: resguardos de Guachucal y Cumbal’, es de acceso gratuito, puede encontrarlo en la página del Centro Nacional de Memoria Histórica, o en el siguiente link

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