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Cristian Zapata, un talento cultivado en Padilla - Cauca

Cada juego que hacía asombraba a los asistentes y demás profesores, siempre sobresalía por su altura y su presencia en el terreno de juego.

Foto: Colprensa. Junio de 2018.

Por: Fausto García

Hablar de las cualidades de Cristian Zapata, uno de los defensas centrales de la Selección Colombia es destacar su altura, su rapidez y el juego aéreo, ese que tanto destacan los expertos en el fútbol, ese porte de respeto que impone en el terreno de juego, dando a entender que en su línea de defensa está la seguridad que la tricolor necesita para salir a jugar.

Cristian siempre ha sido un jugador tranquilo, algo tímido y reservado y aunque esta composición pausada lo ha definido y caracterizado desde que era un niño, esto no ha sido impedimento para convertirse en una voz fuerte que da las instrucciones en la defensa.

Los inicios de Cristian Zapata

El profesor Willington Micolta recuerda esas épocas de los 90 en Padilla (Cauca) donde nació Zapata, para ser más preciso en la vereda El Tetillo Tamboral, esa tierra con olor a caña de azúcar, que al mezclarse con el fútbol da un sabor especial que la caracteriza.

En 1995, cuando llegaba a esta vereda el profesor Willington a recorrer las canchas y ver los niños que jugaban, Cristian fue uno de los que se destacó con su 1.15 de altura a sus 10 años. En ese momento fue invitado para que hiciera parte de los juegos escolares que se desarrollarían en Padilla, ahí empezaría ese sueño llamado fútbol.

Era un muchacho delgado, algo tímido, hablaba poco y andaba muy pendiente de sus compañeros, como dice el profe Willington.

“Para su edad era un muchacho que tenía dedicación por el fútbol, no le gustaba estar en las calles como se ven otros muchachos, sus días pasaban de la escuela a la casa y jugaba con sus amigos del barrio”, relata.

Foto: Archivo particular.

Dentro de esos caminos que debía recorrer Cristian para el colegio y los entrenamientos, en ocasiones paraban para coger naranjas. En ese entonces, la diversión de los jóvenes se extendía en ir a bañarse al rio, tanto que cuando algunos jóvenes no llegaban al entrenamiento ya se sabía que ellos estaban en el río Padilla.

El compromiso de un niño

Cristian a su corta edad era muy puntual, la mayoría de veces llegaba primero que sus demás compañeros y su entrenador. Cristian se desplazaba en su bicicleta desde la Vereda El Tetillo hasta Padilla, en ese recorrido gastaba 30 minutos, un camino que solo dejaba ver cultivos de caña a lado y lado, hasta que llegaba a la cancha La Bombonera, donde entrenaban.

Se encontraban sobre las 2 de la tarde los martes, miércoles y viernes, Cristian llegaba sobre la 1 de la tarde y se sentaba debajo de uno de los árboles que estaban alrededor de la cancha, uno conocido en esta región como árbol de chispía.

Allí, junto a sus guayos y su bicicleta esperaba a que el entrenamiento empezara, en silencio y muy tranquilo estaba atento al llamado del profe Willington.

“Casi en todos los entrenamientos le decía que se acercara a la mitad de la cancha, mientras empezábamos para que se integrara, pero solo se alejaba de la sombra del árbol hasta el momento en que iniciábamos, el entrenamiento iba hasta las 4 de la tarde porque a esa hora llegaba otro grupo a entrenar”, cuenta.

Foto: Colprensa. Junio de 2018.

Las oportunidades del fútbol

Al principio Cristian Zapata jugaba como volante de marca, un día la lesión de otro jugador hizo que pasara a cubrir la posición de central, le fue tan bien que ahí se quedo, empezó a trabajar su velocidad y en la seguridad que debía tener en esa posición.

“Fue una de las cosas que más trabajamos con Cristian, pues al principio no sostenía la pelota, la quitaba y la entregaba de una vez, después mejoro esa seguridad, esa misma que hoy lo define”, señala el entrenador.

Entre los años 1996 y 1997, cuando se jugaba el Campeonato Gatorade en Puerto Tejada con la Selección de Padilla, Cristian debía mejorar el transporte de balón en corta distancia, era algo que se le dificultaba y aunque en los entrenamientos competía frente a compañeros con procesos más largos, Zapata siempre supo aprovechar sus mayores cualidades para estar por encima de ellos y ganarse la titularidad.

Cada juego que hacía asombraba a los asistentes y demás profesores, siempre sobresalía por su altura, su presencia en el terreno de juego nunca fue desapercibida, a tal punto que el profe Willington recuerda que siempre que jugaban la única tarjeta de identidad que pedían era la de Cristian por eso de su altura. “Creían que no hacía parte de esa categoría de niños de 11 años, tanto que a lo último presentábamos era el registro civil original”, agrega.

Por fortuna, en la época en que Cristian empezaba a vivir y a crecer en Padilla, el municipio no fue afectado directamente por la guerra, opuesto destino que sí vivieron otras poblaciones cercanas como Corinto, esto permitió que la tranquilidad del casco urbano pudiera dar libertad a los jóvenes para divertirse, para jugar y para soñar.

Foto: Colprensa. Junio de 2018.

El orgullo del profesor Willington

El profesor Willington siente gran alegría al saber que los valores que inculca a sus muchachos en el fútbol no son algo en vano, para él, Cristian Zapata es un gran ejemplo.

“Me hace feliz saber que pude aportar en la formación de Cristian, el respeto que siempre mostró por sus compañeros es algo enorme, siempre me ha gustado formar personas y creo que lo logré con Zapata, nunca lo vi discutir con alguien, a pesar de las diferencias en el terreno de juego nunca agredió a un jugador y eso es algo que aún vemos en sus partidos”, asegura.

Los sueños de Willington Micolta Ortiz, uno de los primeros técnicos de fútbol que tuvo Cristian Zapata, seguirán enfocados en la formación de niños futbolistas.

Así como Cristian soñaba con tener un carro o una moto, para ayudar a su familia a transportarse en la región y ser un jugador profesional, su historia es ejemplo para los nuevos talentos de Padilla Cauca.

Esa dedicación que siempre tuvo este joven fue la que lo llevó a dar los primeros pelotazos en la cancha La Bombonera de Padilla. Allí dio su primer salto al fútbol profesional colombiano con el Deportivo Cali en 2004, un salto y un debut tan seguro que marcaría un camino de tierras caucanas a Italia, llegando a conformar el Udinense en el 2005.

El sueño se siguió consolidando con su paso al Ac Milán, su equipo actual y el que le da la oportunidad de hacer parte de los jugadores que están ahora en Rusia representando a Colombia en la Copa Mundial 2018.