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Imagen de referencia. Ajuar funerario encontrado en Puerto Nare (Antioquia), conocido como el 'nuevo Tesoro Quimbaya'. Foto: Banco de la República.

Tesoro Quimbaya: patrimonio que Colombia no ha podido recuperar

 Por: Nazlhy Viviana López

Ya han pasado casi tres años desde que la Corte Constitucional ordenó la repatriación de 122 piezas del Tesoro Quimbaya que actualmente continúan expuestas en el Museo de América, en Madrid, desde 1892, después de que el presidente Carlos Holguín las obsequiara a la corona española.

El Tesoro Quimbaya representa una de las colecciones más importantes del arte precolombino, es decir antes de la llegada de Cristóbal Colón a América, por su calidad artística y técnica, conformado por un conjunto de objetos de oro que incluyen tocados para la cabeza, recipientes, narigueras, collares, pendientes, caciques, poporos, instrumentos musicales, entre otros.

En 1878 se fundó el municipio de Filandia en el departamento del Quindío, por la colonización antioqueña, bajo la presión de continuas guerras y en busca de tierras fértiles. Doce años más tarde, en 1890, unos guaqueros descubrieron en el sitio La Soledad, en la vía que de Filandia conduce al municipio vecino de Quimbaya, un conjunto de piezas de orfebrería y cerámica que se encontraban enterradas como ofrendas en dos tumbas indígenas.

Inicialmente, este hallazgo se denominó ‘el tesoro de Calarcá’, por el cacique Quimbaya que puso resistencia a los españoles, pero este nombre cambió tiempo después a ‘tesoro de los Quimbayas’.

“Su hallazgo puede considerarse parte del proceso sociocultural conocido como la ‘colonización antioqueña’, uno de los motores de dicho proceso fue la guaquería, que motivó la búsqueda de ‘tesoros’ en los antiguos entierros de los pueblos precolombinos que habitaron esta zona de Colombia. De modo que el ‘Tesoro Quimbaya’ hace parte de esa gesta por la búsqueda de riqueza en regiones hasta entonces poco exploradas, donde los saqueadores de tumbas se apropiaron de los ajuares funerarios de los grupos indígenas aborígenes”, relata John Jairo Osorio, antropólogo de la Universidad Nacional.

Los quimbayas fueron una civilización indígena reconocida por su forma de trabajar el oro y la tumbaga (aleación del oro y el cobre), produciendo piezas de alta calidad y belleza, que actualmente son admiradas por su sistema de representación del cuerpo humano, sus diseños únicos, sus finos detalles trabajados con delicadeza y agilidad, y su calidad al fundir para obtener el grado exacto de oro y cobre para mantener una pureza alta.

El Tesoro Quimbaya podría ser una de las colecciones más importante de nuestro patrimonio, hasta que fue enviado en 1892, a la reina María Cristina de Habsburgo por iniciativa del presidente Carlos Holguín Mallarino, con el propósito de exhibirlo durante la celebración del IV Centenario del Descubrimiento de América, celebrada en Madrid ese mismo año, posteriormente, fue obsequiado en agradecimiento a la reina por el rol de España en el laudo arbitral sobre las fronteras entre Colombia y Venezuela.

“Para conmemorar los 400 años del ‘Descubrimiento de América’, el tesoro fue llevado a Madrid, de donde nunca regresaría, por la decisión del gobierno de Carlos Holguín de regalárselo a la reina de España en agradecimiento por su mediación en la resolución del conflicto limítrofe entre Venezuela y Colombia, del que, paradójicamente, este último resultó más afectado”, detalla el antropólogo.

Después de más de una década de pleitos judiciales, en octubre del año 2017, la Corte Constitucional falló a favor de la acción popular impuesta por Felipe Rincón Salgado y Antonio José Rengifo, en la sentencia 649 de 2017, en la cual el alto tribunal le ordena al poder ejecutivo colombiano hacer las gestiones necesarias para la repatriación del Tesoro Quimbaya a través de la Cancillería.

“El presidente Carlos Holguín, obsequió la colección de forma ilegal, nosotros lo que hicimos fue proponer un mecanismo para que la Corte Constitucional declarara esa ilegalidad, que es evidente. Con la sentencia, el deber del Estado colombiano es pedir la restitución de esa colección al patrimonio cultural de los colombianos, pero hasta ahora tres años después, no han hecho nada y cuando preguntamos en qué va el proceso, nos dicen que es material confidencial”, asegura Antonio José Rengifo, profesor de la Universidad Nacional y promotor de la acción popular.

Otras voces de inconformidad se han sumado pidiendo la devolución de estas piezas, que representan la recuperación de la memoria ancestral indígena y la identidad cultural de Colombia. Desde mucho antes, antropólogos, historiadores, arqueólogos, políticos, periodistas celebres y expresidentes, intentaron negociar para conseguir un intercambio, sin obtener ningún resultado.

“Puede haber otras propuestas eso es respetable, ya ha habido otros intentos, el fallecido expresidente Belisario Betancur pidió a España la restitución en términos muy amables, pero la respuesta fue fría e indiferente. Ernesto Samper, siendo embajador de Colombia en España también pidió la restitución, y obtuvo la misma respuesta”, indica Rengifo.

La Academia de Historia del Quindío le envió este año, mediante una carta, una solicitud al presidente Iván Duque, para que cumplan lo ordenado en la sentencia de la Corte, retomando y agilizando los trámites para repatriar estas piezas.

Para el antropólogo John Jairo Osorio, con la enajenación de este patrimonio, el país perdió la posibilidad de comprender una parte central de su pasado arqueológico, así como de acceder al conocimiento, la contemplación y el disfrute de una colección de piezas de oro y tumbaga que, más allá de su valor económico, poseen un valor simbólico inestimable para la identidad y la memoria de la Nación.

“Esa donación por parte del Estado colombiano constituye un agravio, y una afrenta contra todo el pueblo, que como premio por los ultrajes contra los pueblos indígenas recibió en prenda un tesoro invaluable, por el cual hoy se levantan voces exigiendo su devolución”, concluye.