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Foto: Cortesía Eguis Palma.

Letras de un poeta cesarense

Juan Ricardo Pulido

Por: Juan Ricardo Pulido

Este es un relato cargado de él, de sus vivencias y las de su pueblo, de su tierra y la de sus compadres, de los pelayenses, tamalamequeros y de todos los cesarenses, eso cuentan sus letras. 

Son historias nacidas en la región, en sus tertulias y sus caminatas, nacidas en sus encuentros y en los rumores del pueblo, de las veredas y los corregimientos. Eguis Palma Esquivel es hijo y padre de familia, es tío, vecino y campesino, es todo lo que en sus narraciones se entrelaza para crear cuentos y poemas, con el único anhelo de hacer de esta vaina, una mejor tierra.

Sus únicas herramientas son derivadas de su experiencia, la academia y su espíritu. Eguis es abogado y especialista en Administración de la Informática. Licenciado con estudios de postgrado en Pedagogía y Lengua Castellana. Tallerista del programa de Talleres de lectura en el departamento del Cesar, ‘Caracolí del Cesar’.  Ganador del Concurso Subregional de Cuento 2009 y del Concurso Departamental de Poesía 2010. 

Foto: Cortesía Eguis Palma.

Es director del Taller Literario ‘Relata’, adscrito al Ministerio de Cultura de Colombia, en el cual nace ‘La Voz Propia’, publicación que recoge las mejores letras de la región. Es coautor de los libros: ‘Poetas Pelayenses’, ‘Complejo Cenagoso’, ‘Mi escuela está de fiesta’ y ‘El vestidito de flores y otros poemas para declamar’.

Y como dando testimonio de su sentir ha sido creador de iniciativas en torno a la lectura como ‘Veinte mil personas leen poesía’, ‘Mi biblioteca es un jardín’ y ‘Leyendo bajo el palo de mango’.  Así es como ha soñado la sociedad, leyendo, incluso, bajo el palo de mango.

Regularmente los textos que aquí presentamos, tienen de manera intrínseca mi percepción sobre los lugares, las cosas, experiencias, y más aún sobre los personajes.  En esta oportunidad, el protagonista es un hombre cercano a la literatura, amante de las letras y de la poesía, por tanto se hace conveniente y prudente dejar que al menos uno de sus escritos sea quien presente a Eguis Palma Esquivel.

La historia de Pedro Elías

Hay cosas que en esta vida

Sirven de gran enseñanza

Por ejemplo lo ocurrido

Por allá en lontananza

En el seno de un hogar

Donde el amor abundaba.

***

Sucedió, hace ya un tiempo,

Cuando en mi pueblo no había

Más transporte que el bus viejo

Del señor don Pedro Elías.

Hombrecito de trabajo,

Él mismo lo conducía

Transportando los pisanos

Por los pueblos y provincias.

***

Tenía un hogar muy precioso,

Casado con Clementina

Una mujer de su casa,

Buena madre de familia.

Dos muchachitas bien lindas,

De cinco y siete, tenían.

Era un hogar muy unido

Que todos envidiarían.

***

Y tenían un gran compadre,

De esos que nunca se olvidan,

Llamado Pedro Javier,

Que era como de la familia.

Pedro Javier, sus dos hijos,

Y su esposa Maria Elvira,

Departían con la familia

Del compadre Pedro Elías.

***

Pero ocurrió la desgracia

Que ninguno precavía:

Don Elías, jincho de copas,

Por una inútil porfía

Le disparara a su compadre,

Y le arrebataba la vida.

***

Cuenta la historia que el reo,

De forma desesperada,

Se escapó a una región

Muy distante y olvidada.

Allí transcurre su vida

Con la identidad cambiada.

Como pasaron los años

El asunto se olvidaba.

Pero acá, en el pueblo mío,

La viuda queda en dolor,

Destrozada y atribulada,

Con sus dos hijos,

Frutos del fallecido amor.

Se entera, un día, del lugar

Donde vie el agresor,

Y comienza a despertarles

A sus hijos, el rencor.

***

La cizaña es una planta

Al trigo muy parecida,

Pero no es trigo y algunos

Se confunden con su espiga.

Y si dejamos que crezcan

Al tiempo las dos espigas,

Terminamos cosechando

Lo que no sirve en la vida.

***

Cada mañana, a sus hijos,

Adrede les repetía

Que por allá en las montañas

Un mal hombre se escondía.

Que ese hombre era el culpable

Del dolor de su familia,

Y que a su padre, sin causa,

Él le arrebató la vida.

***

A la hora del desayuno,

Del almuerzo y la comida,

A sus dos hijos reunidos,

Constante les repetía.

Y con palabras precisas,

Con odio les describía,

El rostro de aquel fulano,

Y el lugar donde vivía.

No decía que lo mataran,

Pero bien que lo sugería.

***

Así pasaron los años,

Y de repente un buen día,

Los dos hijos convertidos

En hombres de gallardía,

Dicen: Madre, ya nos vamos

A cumplir lo que en la vida

Tenemos como tarea,

Que es matar a Pedro Elías.

***

La mujer no dice nada.

Les entrega una valija

Donde va una gran pistola,

Allá en el fondo escondida.

Les da un beso y los despide

Con una triste sonrisa.

***

Cuando llegan al lugar

Donde el reo se escondía,

Los hombres le contratan

Un expreso muy bien pago,

En el bus de Pedro Elías.

Sin sospechar, ellos lo llevan

Por una senda escondida,

Y a mitad del gran camino

Los dos hombres se le arriman.

Le dicen: Oiga, señor,

Pare aquí, usted, enseguida.

***

La pistola bien cargada,

Le ponen en la barriga.

¡No me maten¡

¡Tomen todo¡

¡No se metan con mi vida¡

El mayor le dice: Usted,

¿No se acuerda que un mal día,

A un buen hombre inocente,

Usted le quitó la vida?

¿Ya olvidó a Pedro Javier,

Esposo de Maria Elvira?

Nosotros somos sus hijos,

Y solo descansaremos

Con la venganza cumplida.

***

El hombre se arrodilló.

Dos lágrimas descendían

Por sus mejillas,

Y al tiempo,

Con tristeza no fingida,

Les contó del incidente:

De los tragos de aquel día,

Que el arma se disparó

Cuando apenas discutían.

La muerte de su compadre,

Nunca la superaría.

***

Que se tuvo que marchar

A un lugar donde la vida

Era un infierno, y que allí,

Su esposa fallecería.

Que a los pocos años, él,

A Cristo recibiría

Como rey y salvador,

Como señor de su vida.

***

Ahora tenía bellos nietos

En esa tierra perdida,

Que era un líder de la iglesia,

Que Dios le cambió la vida.

Pero si ellos satisfechos

Con su muerte, se sentían,

De rodillas se quedaba.

Que él sí los perdonaba,

Si le quitaban la vida.

***

El mayor acciona el arma.

Se escucharon tres disparos.

En una acción homicida

El cuerpo queda en lo profundo

De esa montaña escondida.

***

En el bus, ellos se escapan

Con veloz arremetida,

Y en una curva fatal,

Sin frenos se quedarían.

Y se van a un precipicio

Con su venganza cumplida.

***

En una vivienda humilde,

De la oscura ranchería,

Una madre sin consuelo,

Recibe la atroz noticia.

Se desmaya, se levanta,

Y tarde comprendería,

Que su actuar irresponsable,

Consecuencias le traería.

***

La mujer sabia, su casa

Con prudencia la edifica,

Y la necia con cizaña,

La destruye, la derriba.

Escuche a continuación la crónica radial de esta historia: