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Foto: Esteban Herrera

La ventana salvadora de Simón Bolívar

Por: Richard Hernández

Cuando la gente sube por la calle Décima, entre carrera Sexta y Quinta, cerca del Teatro Colón, suele encontrar a un habitante de calle que lee en latín y traduce al español, una placa de mármol que se encuentra incrustada debajo de una ventana del emblemático Palacio de San Carlos.

Sergio Amaya, quien había estudiado hasta sexto semestre de historia, es el indigente que hace de improvisado guía turístico, para contar a su manera, lo que aconteció sobre la llamada “Conspiración septembrina”.

Se habla de una ventana por donde escapó Bolívar esa aciaga noche cuando un grupo de conspiradores comandados por Pedro Carujo entraron a la fuerza al Palacio de San Carlos para asesinar al libertador y, luego de matar a dos guardias, se dirigieron a la habitación. Manuela Sáenz, según cuentan los historiadores, los entretuvo mientras el prócer saltaba a la calle Décima, para salvar su vida.

José María Cordovez Moure en uno de los tomos de “Reminiscencias de Santa Fe de Bogotá”, señala, sobre esa noche, que: “El libertador acababa de darse un baño de agua tibia cuando los conjurados, capitaneados por el comandante venezolano Pedro Carujo, entraron al palacio. Doña Manuela tuvo el maravilloso instinto de comprender la intención de los conjurados: hizo saltar a Bolívar por el balcón del palacio que da al frente del teatro de Cristóbal Colón y volvió impávida a encontrar a los que buscaban al Padre de la patria”.

Otros cronistas dicen que el presidente se hallaba postrado por una elevada fiebre y, sintiendo la llegada de los complotados, pretendió tomar su espada, pero se dio cuenta que en esas condiciones no podía defenderse. Entonces Manuela entretuvo a los conspiradores con lamentos y súplicas mientras el libertador lograba escapar por una ventana.

Foto: Esteban Herrera

La huida de Bolívar para salvar su vida

Para el historiador y decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana, Germán Mejía Pavony, no hay la menor duda de que Bolívar salió por la mencionada ventana.

“El principal testimonio son las cartas que escribió Manuelita Sáenz mucho tiempo después en el exilio, en donde cuenta que se fijaron en que no pasara gente, porque podía ser uno de los conspiradores. Por eso nadie vio saltar a Bolívar hacia la calle. El único sitio por donde podía salir era la ventana, porque los conspiradores estaban en la puerta del cuarto de Bolívar. Sobre lo que sucedió en la alcoba se han tejido varios mitos”, comenta.

La altura de la ventana hoy es mínima y mucha gente se pregunta ¿cuál salto?, si eso es un brinquito. Lo que pasa es que hay que tener en cuenta que la calle Décima ha subido de nivel por el alcantarillado y la pavimentación. No se sabe exactamente qué tan alto podría ser esa noche, pero había más distancia entre el borde de la ventana y el piso, cuando se escapó Bolívar.

“Cuando el libertador estaba afuera cogió hacia el oriente hasta la carrera Cuarta y luego se dirigió hacia el sur. En su huida se encontró con un panadero del palacio, que lo ayudó y acompañó. Cuando llegaron a la calle Sexta, que era por donde pasaba el río San Agustín, se escondieron debajo del nuevo puente del Carmen, el cual había sido mandado a construir por Pablo Morillo, y se escondieron allí. Esas son las famosas dos o tres horas que hicieron célebre a ese lugar”, señala.

Foto: Esteban Herrera

La placa y el Palacio de San Carlos

Sobre la placa que está debajo de la ventana donde logró huir el libertador y el origen del palacio de San Carlos, Alfredo Barón Leal, historiador del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural señala:

“La placa fue instalada pocos días después de este hecho por iniciativa del Cabildo de la ciudad con una inscripción en latín realizada por el humanista y abogado Miguel Tobar. Traducida al castellano señala: “detente, espectador, un momento, y mira el lugar por donde se salvó el padre y Libertador de la patria, Simón Bolívar, en la nefanda noche septembrina. Año 1828”.

La placa permaneció allí hasta 1832 cuando Santander asumió la presidencia y la hizo retirar. Sin embargo, en 1890 fue instalada una nueva con la misma inscripción.

“Es por esta razón que podemos considerar a esta placa como uno de los “monumentos” o bienes muebles más antiguos de la ciudad. Recordemos que el monumento más antiguo de la ciudad es el Monumento a Bolívar de 1846 y que se encuentra en la plaza que lleva su nombre”, comenta. 

Foto: Esteban Herrera

El Palacio de San Carlos

Era uno de los inmuebles más importante de la calle Décima. Según el historiador, el predio fue construido a principios del siglo XVII. En 1604 pasó a manos de los jesuitas hasta 1767, año de su expulsión. Diez años después se convierte en la sede de la Biblioteca Pública de Santafé. 

“En 1822 fue comprado por el comerciante y constructor Juan Manuel Arrubla quien se lo vendió luego al gobierno republicano para ser la sede presidencial, ya que el Palacio Virreinal, ubicado en la Plaza Mayor de Bogotá, había sido destruido por el terremoto de 1827. Simón Bolívar sería el primer presidente en ocuparlo en 1828, donde el 25 de septiembre, sufriría el atentado contra su vida”, señala Barón

Entre 1907 y 1909 al palacio se le cambió su apariencia colonial por una más republicana. Se instalaron dos gabinetes de madera o balcones cerrados. Uno sobre la calle Décima y otro esquinero, y se instaló una marquesina en la entrada principal sobre la carrera Sexta. 

“Con motivo de la Novena Conferencia Panamericana de 1948, el edificio fue remodelado bajo una estética neocolonial. Razón por la cual los gabinetes y balcones fueron lamentablemente suprimidos y se amplió una entrada por la calle Décima”.

Mientras tanto, la placa de mármol de 1890 que se encontraba adosada a la ventana como si fuese un balcón, fue incrustada en la pared bajo la ventana. El edificio además sería incendiado en 1948 durante El Bogotazo. Actualmente es la sede permanente del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Foto: Esteban Herrera

Causas de la conspiración y consecuencias políticas

“Desde mediados de la década de 1820 había claros enfrentamientos entre santanderistas, bolivarianos, neogranadinos y venezolanos liderados por Páez, es decir, la unidad sólo fue posible para la guerra contra España. Una vez obtenida la independencia, esa unidad se desvaneció”. 

Así lo señala José David Cortés, profesor asociado del Departamento de Historia de la Universidad Nacional de Colombia. Pero ¿Qué pasó después para que se disolviera la Gran Colombia?

“En 1826 se promulga la constitución boliviana en donde se menciona la presidencia vitalicia. Algunos creyeron que era una monarquía disfrazada. Es necesario indicar que, en ese momento, había sectores que pensaban que Colombia no debería ser una república sino una monarquía. El presidente vitalicio sería Bolívar, lo que no gustó a los republicanos, sobre todo los santanderistas”, comenta Cortés.

A mediados de 1828 se convocó una convención en la ciudad de Ocaña. La idea era reformar o reemplazar la constitución de Cúcuta de 1821 y revisar las características de las instituciones del país. La convención fracasó porque no hubo acuerdo y Bolívar, con sus adeptos, no lograron imponer sus puntos de vista. 

“Bolívar decidió proclamarse dictador (Ley fundamental de la República, 27 de agosto de 1828, con vigencia hasta el 2 de enero de 1830). Por medio del decreto suprimió la vicepresidencia, que estaba en manos de Santander, a quien nombran como embajador en Estados Unidos. Creo yo que la dictadura es el detonante de esa conspiración”. Afirma.

Sobre la participación de Santander, para el profesor Cortés puede ser vista dependiendo de quién la interprete: 

“Para unos, sí fue un conspirador y Bolívar no debió perdonarle la vida. Para otros, compartía los ideales de los conspiradores, pero no participó porque no quiso. Algunos dicen que ni siquiera estaba enterado. Eso no se sabrá con seguridad”, puntualiza.

 

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