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Educación inicial itinerante, un modelo que inspira desde el Tolima

En el Tolima maestras itinerantes recorren veredas y montañas para garantizar educación inicial a pequeños de 3 a 5 años. Su impacto ya alcanza a más de 400 niños y niñas, cerrando brechas históricas en el acceso a la educación en el campo.
Foto: Angie Cuellar, docente itinerante.
Edwin Urueña

En Colombia, miles de niñas y niños que habitan en zonas rurales dispersas enfrentan barreras para acceder a la educación inicial. La distancia a las instituciones educativas, los riesgos en los caminos y la falta de infraestructura han limitado durante décadas su derecho fundamental a aprender.

Para responder a esta realidad, el Ministerio de Educación Nacional puso en marcha la estrategia Educación Inicial Rural Itinerante, bajo una premisa sencilla pero poderosa: “Si las niñas y los niños no pueden llegar a la escuela, la escuela llegará a ellos”.

En el sur del Tolima esta estrategia se convirtió en un modelo de transformación. Lo que comenzó hace apenas tres años con seis maestras en Chaparral, Río Blanco, Planadas y Ataco, hoy suma más de 46 docentes itinerantes que recorren veredas y montañas del departamento para garantizar educación inicial a más de 400 niños y niñas entre los 3 y 5 años.

Educación que abre caminos
Foto: Angie Cuellar, docente itinerante.

La jornada de una docente itinerante suele comenzar a las 6 de la mañana y extenderse hasta entrada la noche. En muchos casos, deben madrugar incluso más temprano para recorrer largos trayectos a caballo o a pie antes de llegar a los hogares y comunidades donde desarrollan su labor educativa.

Sea como sea, las profesoras llegan con mochilas cargadas de conocimiento, juegos y libros, y se instalan por varias horas en las casas de las familias para ofrecer propuestas pedagógicas que privilegian el juego, la literatura y las expresiones artísticas como herramientas para el aprendizaje integral.

“La misión es que ningún niño en educación inicial se quede sin estudiar. Por eso nos colocamos una maleta todos los días y visitamos las casas de cada uno de ellos, entendiendo que la ruralidad que manejamos en nuestros territorios es bien dispersa”, cuenta Angie Cuéllar, maestra itinerante en Chaparral.

El reto es atender entre dos y tres hogares al día, pero hay días en los que esa meta no se logra a causa de factores como el clima o el transporte, que pueden retrasar el recorrido o incluso obligarlas a quedarse en las casas de los niños cuando las quebradas se desbordan o hay derrumbes en el camino.

Pese a todo, en palabras de Angie, esta es una forma de transformar los territorios, de hacer patria y de mostrarle a las comunidades rurales que no están olvidadas ni aisladas de la educación. “Es, simplemente, una manera de resistir y de construir paz”.

“Hay días en los que el camino rinde y otros en los que no, pero siempre regresa uno con el corazoncito lleno de saber que le cumplió a esa familia, a ese niño que lo espera de nuevo. Eso es lo que nos moviliza, nos llena el alma y nos motiva a seguir luchando por la educación”, afirma la docente.

Un cambio para las familias rurales

 Angie Cuellar, docente itinerante.

La familia Bolívar Prieto, en la vereda Punterales del corregimiento de El Limón, En Chaparral, reconoce la importancia de que la educación haya llegado hasta su hogar. El abuelo de Juan Pablo, un niño de apenas tres años, considera que el proceso ha sido “excelente”, pues el niño ya muestra interés en aprender y mejorar.

También su madre, doña Milena, lo confirma con gratitud: “Juan ha aprendido muchas cosas. Me parece muy buena la educación que están dando en el campo y quiero dar gracias por esa labor tan bonita que hacen”.

La educación itinerante no solo acerca libros y juegos, también fortalece la presencia del Estado en territorios históricamente olvidados. Para las familias y sus niños, la llegada de las profesoras significa igualdad, esperanza y una oportunidad real de garantizar el derecho a la educación en el campo.


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Un modelo que inspira desde el Tolima

El Ministerio de Educación ha definido lineamientos claros para que las maestras atiendan a cada niño en su contexto. La estrategia está respaldada por la Ley 1804 de 2016, el Decreto 1411 de 2022 y la Circular 31 de 2025, y se ha expandido de 10 a 33 Secretarías de Educación en todo el país, consolidando un marco que garantiza el derecho a la educación inicial en la ruralidad.

En el Tolima, la Secretaría de Educación departamental y los rectores se han articulado para cumplir con esta normatividad, ampliando la educación inicial en grados de Pre-Jardín, Jardín y Transición, en modalidades que incluyen la Itinerante. Han sido tres años de planificación, investigación y trabajo conjunto con el Ministerio, generando rutas pedagógicas que orientan a los maestros sobre cómo atender a los niños y vincular a las familias en un proceso integral y armónico.

El impacto ha sido evidente: la cobertura pasó de unos cuantos niños beneficiados a más de 400 en el departamento. Tres años después, el Tolima se ha posicionado como ejemplo nacional de que la educación puede adaptarse a las realidades rurales y convertirse en motor de equidad y esperanza, cerrando brechas históricas en el campo y demostrando que la escuela también puede llegar hasta las veredas más apartadas.

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