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La laguna del silencio, un santuario de biodiversidad escondido en Arauca

Según los habitantes del sector, el espejo de agua de la laguna lo conforman unas sesenta hectáreas, pero alguna vez superó las cien hectáreas de extensión.
La laguna del silencio, un santuario de biodiversidad escondido en Arauca
Leilin Candela Tirado
Leilin Candela Tirado

“Esta es una de las lagunas mas ricas en peces y cualquier otra cantidad de fauna, pero ya ha perdido su volumen, esa es la preocupación que tenemos como comunidad”, dice Reinel Aguilar, el presidente de la junta de acción comunal de la vereda Las Acacias, una de las tres veredas que tienen jurisdicción en la laguna del Silencio, mientras camina en sus alrededores.

Este santuario de biodiversidad, tan desconocido que no aparece en ningún mapa, está ubicado en la zona rural de Arauquita, a menos de un kilómetro de la carretera que comunica la cabecera municipal con la capital araucana. Sin embargo, está rodeado de una espesa área boscosa de al menos setenta hectáreas que la encierran, ese es su lindero con las veredas Las Acacias, Búfalos y Mata Oscura, conformadas por unos cuarenta predios; así permanece escondida y no es posible acceder fácilmente a su espejo de agua.

“Yo he entrado solo dos veces a la laguna, entonces todavía era muy profunda, nos decían que habían güios (boa constrictor), pero nunca los vi, sí se escuchaban roncar muchos animales y daba miedo”, cuenta Reinel.

El principal obstáculo para ingresar está en las condiciones del terreno, es una zona fangosa, movediza, en la podrían quedar atrapados quienes lo intenten. Por eso, la comunidad busca que se haga un sendero natural que permita llegar hasta ella, para monitorearla y mejorar el proceso de conservación. “Queremos darle vida, pedimos que se le haga una limpieza al espejo de agua, sacar la basura que hay alrededor, inyectarle peces, generar un proyecto para conservar la fauna”, indica el líder comunal, quien además explica que, en toda su historia, han pasado intensas épocas de verano y nunca se ha secado, aunque ahora ese es el riesgo inminente.

“Todo eso ¿a quién le duele? A nosotros como campesinos, que vemos como cada día todo se está acabando. Anteriormente la subienda de pescado duraba dos meses, ahora suben solo un poco de peces pequeños”, recuerda con nostalgia.

En el santuario era habitual encontrar especies como el chigüire, la lapa, la danta, el cachicamo, el picure, gran variedad de monos, de aves incontables, de árboles nativos como el bucare de agua, el laurel negro, el matapalo, el cedro o el gallinero.

Un paso importante que ha dado la comunidad es poner la laguna en el radar de las autoridades ambientales, una hazaña que Reinel destaca con orgullo “la laguna no ha sido nombrada, nosotros la hemos hecho reconocer, queremos que la gente sienta la laguna, queremos protegerla y darle vida, que se mantenga en el tiempo, no solo por un rato”.

Una zona de reserva por reglamentar
En el plan básico de ordenamiento territorial del municipio de Arauquita, este sector está identificado como zona de reserva, lo que no ha permitido que los propietarios tengan sus escrituras o títulos que los acrediten como tal, lo que ha restringido el desarrollo de algunos cultivos o incluso el acceso a financiación bancaria para los campesinos. Sin embargo, es la única figura de protección por parte del estado.

“Si queremos que haya un documento, un decreto o lo que sea, que proteja la laguna pero que no nos limiten como campesinos, que nos dejen cultivar o aprovechar un árbol cuando lo necesitemos, no estamos acabando con lo que hay, nosotros volvemos a sembrar, lo que tenemos lo hemos conservado nosotros mismos”, manifiesta el líder comunal.

Pese a esta tipificación, en la margen que bordea El Silencio, a escasos trescientos metros, está ubicada la plataforma Jiba 1, que hace parte del complejo petrolero Caño Limón, esta fue ubicada sobre el lecho de uno de los caños que surtía de agua la Laguna, curiosamente el afluente nunca tuvo nombre, tampoco ha sido el único intervenido.

Según los testimonios de la comunidad, el caño Caranalito y el caño Managua fueron taponados para intervenir la Laguna del Lipa, que es el santuario más grande de flora y fauna del Arauca. Ahí, muy cerca de El Silencio. El caño La Pica, también está seco, solo se observa lo que alguna vez fue su cauce, “hace unos cincuenta años, por este caño pasaban embarcaciones con ganado”.

“Eso es lo que queremos recuperar, la empresa ha sido receptiva, con OXY fue muy difícil,vellos no nos escucharon, pero a ellos les dieron las licencias para intervenir los cauces devagua. Ahí tenemos un ejemplo, la laguna del Lipa, le cambiaron el nombre a Esteros delvLipa para construir el famoso Chipirón (una plataforma petrolera) y nos acabaron la Laguna, los cultivos que antes se daban con la sola fuerza de la tierra ya no se dan”, reitera impresionado Reinel.

Entre otras acciones, quieren que se haga un estudio para determinar la responsabilidad de la multinacional por la explotación de petróleo y la suya, ya que se les ha acusado de ser los contaminadores más grandes; eso también permitirá establecer la ruta a seguir y lo que se debe hacer con la laguna, con el manejo de los cultivos alrededor y de la ganadería.

Décadas de contaminación por derrame de crudo
En las cercanías de la laguna, a escasos metros, por el lecho del oleoducto Caño Limón - Coveñas, se observan grandes extensiones de crudo petrificado que se derramó luego de varios atentados ocurridos hace más de treinta años, según cuentan los vecinos, sin embargo, nunca se hizo la limpieza respectiva; esa tierra ya no es productiva, cualquier planta que siembren los campesinos muere en su intento por sobrevivir.

“Una contaminación que es recurrente, esas aguas corren a la laguna, están afectando la biodiversidad. Por exigir que se hagan las limpiezas durante estos años, hemos tenido problemas serios, incluso legales. Muchos hemos ido a la cárcel, nos acusan de daño ecológico y duele escuchar a un funcionario judicial decir que las víctimas son Ecopetrol y las compañías”, dice Reinel.

Aun así, reconocen que hoy en día la relación con ellos ha mejorado, pues desde la llegada de Sierra Col Energy a operar los campos de petróleo, la empresa ha demostrado que tiene un sentido social y con la unión de las juntas de acción comunal, se han visto cambios que, dicen ellos, si se hubieran dado hace treinta años el municipio tuviera otra cara, ya que, incluso, hay más oportunidades laborales para los habitantes de las veredas
cercanas.

El Silencio
El nombre de la laguna viene de una leyenda, según cuentan los primeros habitantes del sector, cuando los pescadores llegaban a sus faenas debían hacerlo en completo silencio pues al más mínimo ruido la laguna enfurecía, creaba olas en su interior y si no estaban atentos terminaban perdidos en medio de su inmensidad. Esa es la historia que contaban los viejos.

“El sentir de nosotros los campesinos es recuperar la laguna, o recuperar algunos de los caños que la surtían, nos estamos quedando sin fauna”.

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