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Puebloviejo, Magdalena, conmemora 500 años entre memoria y resistencia

El municipio reivindica una identidad forjada mucho antes de 1526 que trasciende la tradición religiosa y reivindica la memoria alrededor del agua.
El municipio reivindica una identidad forjada mucho antes de 1526 que trasciende la tradición religiosa y reivindica la memoria alrededor del agua.
Radio Nacional
Víctor Peñaloza y Laudy Pérez

Entre la Ciénaga Grande de Santa Marta y el mar Caribe, Puebloviejo conmemora hoy 19 de marzo una fecha simbólica: 500 años desde el inicio de su evangelización, una memoria que trasciende lo religioso y se convierte en una oportunidad para exaltar la historia, la cultura y la resistencia de uno de los territorios más emblemáticos del departamento.

Aunque para muchos esta fecha representa una gran celebración del pueblo, para el investigador y escritor Carlos Domínguez Ojeda el sentido de esta conmemoración debe entenderse con mayor profundidad histórica.

No son 500 años de fundación, son 500 años de evangelización”, afirma, al explicar que el municipio no habría sido fundado por los españoles, sino que ya existía mucho antes como un asentamiento indígena en el corazón de la Ciénaga Grande.

Domínguez, quien asegura haber dedicado más de una década a la revisión de archivos históricos en Bogotá, Cartagena, Santa Marta, Ciénaga y el antiguo territorio de Puebloviejo, sostiene que el valor de esta fecha está en reconocer que el pueblo tiene una historia mucho más antigua que esos cinco siglos.

“Pueblo Viejo no fue fundado por ningún español, es un pueblo aborigen. Lo fundaron los indios de la Ciénaga”, expresó.

Según el investigador, la fecha del 19 de marzo de 1526 corresponde a la llegada del fraile Juan Bautista Viana, quien inició el proceso de evangelización y estableció a San José como patrono del territorio.

A partir de ese momento, explica, se consolidó una tradición espiritual que hoy sigue siendo una de las expresiones más profundas de la identidad puebloviejera.

“El día 19 de marzo de 1526 llega el fraile Juan Bautista Viana y somete al pueblo y lo evangeliza. A partir de ahí viene el nombre de playa de San José del pueblo de La Ciénaga”, relató.

Más allá de la fecha religiosa, Carlos Domínguez insiste en que la importancia de Puebloviejo radica en que su pasado se remonta a tiempos mucho más antiguos.

En sus investigaciones, asegura haber encontrado referencias que lo ubican como uno de los asentamientos más antiguos del Caribe colombiano, con raíces precolombinas y vestigios arqueológicos que podrían superar los 2.500 y hasta los 3.000 años de antigüedad.

Pueblo Viejo pierde su génesis en la microhistoria del Caribe colombiano. Es un pueblo que realmente es precolombino”, sostiene el historiador, quien incluso menciona hallazgos de restos humanos y piezas arqueológicas asociadas a antiguas comunidades indígenas del territorio.

Para Domínguez, esa mirada obliga a resignificar la conmemoración actual: no como una simple efeméride, sino como un acto de reconocimiento a la permanencia de una comunidad indígena, afrodescendiente y pesquera que ha resistido durante siglos a la colonización, al abandono institucional y a las transformaciones del entorno. “Son 500 años de resistencia contra el poder”, enfatiza.

Esa visión también coincide con la percepción de quienes hoy impulsan la agenda conmemorativa del municipio.

Para Manuel Muñoz, coordinador de los 500 años de Puebloviejo, esta fecha representa mucho más que una festividad: “Puebloviejo es una tierra llena de bendición, cumpliendo cinco siglos de tradición, de historia, de ese fervor religioso también, de un entorno que es más de lo que vemos. Tenemos un lema que es el tesoro del Magdalena”.

La frase resume el sentir de una comunidad que, entre el agua, la devoción y la tradición, sigue defendiendo una identidad profundamente ligada al territorio.

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San José: patrono, símbolo de fe y refugio del pueblo

Si hay una figura que atraviesa el alma de Puebloviejo, es San José. La imagen del patrono no solo convoca a los habitantes del municipio, sino también a peregrinos que cada año llegan desde distintos rincones del Magdalena y de otras regiones del país para rendirle culto en una fecha que se ha mantenido viva a través de generaciones.

Para el párroco Germán Pacheco, la dimensión espiritual de esta conmemoración es inseparable de la historia local.

“Como parroquia fue elegida hace 200 años. Por tanto, aquí se guardan mucha historia, mucha cultura y mucha tradición. El día 19 de marzo muchos peregrinos de muchas partes de Colombia y del Magdalena vienen a rendirle culto y devoción a San José, a una imagen que más que la imagen es lo que representa: cultura, tradición y fe”, manifestó.

La iglesia, en ese sentido, no es solo un templo. Es también un archivo vivo de la memoria del pueblo, un lugar donde se cruzan la espiritualidad, la historia y las necesidades cotidianas de una comunidad que, en muchos casos, depende directamente de lo que el agua le permita proveer.

En Puebloviejo, San José es más que el patrono: es la esperanza de los pescadores. Cuando la pesca escasea, las redes regresan vacías o el mar se torna difícil, muchos llegan hasta la iglesia para encomendarse y pedir el milagro de una faena abundante y el sustento para sus familias.

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La pesca: el corazón económico y emocional de Puebloviejo

Hablar de Puebloviejo es hablar del agua. De la Ciénaga Grande, del mar Caribe, de las redes, de las canoas y de las madrugadas en las que cientos de familias salen a buscar el sustento.

Aquí, la pesca no es solo una actividad económica: es una forma de vida, una herencia cultural y una relación profunda con el territorio.

Así lo expresa Héctor Pacheco, pescador del municipio, al describir con claridad el impacto que tiene la pesca en el día a día del pueblo: “Si la pesca está buena, le va a uno bien y el pueblo está bien, pero si la pesca está mala, por ejemplo, cuando hay mar de leva, eso es lo que trunca la economía acá en el pueblo, porque ya no salimos a pescar, no hay producto, no hay economía en el pueblo, porque la economía del pueblo es esto: el mar”.

Sus palabras retratan una realidad conocida por todos los puebloviejeros: cuando el mar o la ciénaga no producen, no solo se afecta el pescador; se paraliza el comercio, se resiente el hogar y se siente el golpe en cada esquina del municipio.

La economía local, como coinciden sus habitantes, depende casi por completo de la extracción de especies como pescado, camarón, jaiba y otros productos del agua.

Por eso, el comportamiento de la ciénaga y del mar define el ritmo de la vida colectiva.

Rogelina Lara, moradora del municipio, lo cuenta desde la experiencia cotidiana y desde la fe que acompaña las jornadas difíciles.

 “Cuando no hay pescado, no cogen camarón, la gente empieza a doblar rodilla y comienza a llover el camarón, a coger pescado. Entonces, nosotros, como la economía prácticamente es de la pesca de camarón y pescado, le pedimos a él y él manda su milagro”, expresó.

Su testimonio resume la realidad de un pueblo que vive de la pesca, pero que también se sostiene en la esperanza y en la creencia de que San José escucha las súplicas de quienes dependen del agua para sobrevivir.

En esa vida cotidiana también habitan las danzas, las fiestas patronales, la oralidad, la vida en los patios, la transmisión de saberes familiares y la relación con la Ciénaga Grande como escenario de supervivencia e identidad.

Todo ello forma parte de una memoria colectiva que, aunque muchas veces no aparece en los relatos oficiales, sigue viva en la voz de los mayores y en las prácticas diarias de la comunidad.

Más allá de la conmemoración religiosa, los 500 años de Puebloviejo se convierten en una oportunidad para reconocer la riqueza histórica, cultural y social de un municipio que ha resistido entre la ciénaga y el mar.

La fecha no solo exalta la devoción a San José, sino que también reivindica la memoria de un pueblo pesquero, ancestral y profundamente ligado a sus tradiciones, que hoy sigue reclamando el lugar que le corresponde en la historia del Magdalena y del Caribe colombiano.

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