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La música, una poderosa herramienta de transformación social 

A través de ella, una fundación le apuesta a empoderar niños, niñas y adolescentes en situación de fragilidad social de Bogotá, Cartagena y Turbaco.
 Fundación Cakike: la música como motor de cambio
Cortesía
Yaneth Jimenez Mayorga

Con el propósito de crear nuevas oportunidades, de abrirles a niños, niñas y adolescentes una ventana al mundo y enseñarles que la música, el arte y los valores pueden hacer la diferencia para construir una sociedad más justa, inclusiva y equitativa, nace hace 13 años, de la mano del maestro Fernando Zárate, la Fundación Cakike, una organización sin ánimo de lucro que le apuesta al poder transformador de la música.  

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“Trabajamos en el desarrollo de programas sociales, artísticos y musicales con niños, niñas y adolescentes en situaciones de fragilidad social del país que no siempre tienen a su alcance esos procesos de formación en artes, pero que poseen el talento, la disposición y las ganas de crecer y contar su propia historia a través de la música, apoyándolos en el desarrollo de las habilidades del siglo XXI, con una formación humana soportada en valores, centrada en el ser”, señala Vanessa Rodríguez, líder de Relaciones Corporativas y Comunicaciones de Cakike.      

Bajo esa premisa, la Fundación ha diseñado varios programas, uno de ellos Amimusik, donde “los participantes tienen la oportunidad de aprender a tocar instrumentos de cuerdas frotadas, cuerdas pulsadas, percusión, teclado, de viento, articulados con un proceso de coro, que incluye teoría musical, teoría y práctica auditiva y manejo corporal. Parte de nuestro objetivo es que los niños aprendan a leer la música, a escribir, componer, innovar y ser creativos dentro de su proceso”, explica Rodríguez.  

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Programa del que surge TropiCakike, una orquesta tropical infantil y juvenil que busca desarrollar las potencialidades de los beneficiarios más destacados en un ensamble de alto nivel con repertorio en su gran mayoría de música tropical, salsa, merengue, y música del pacifico colombiano, entre otros, en el cual se desarrolla la musicalidad, la corporalidad, y el aprovechamiento del tiempo libre. 

Con Cakike Sinfónico, los niños, niñas y adolescentes tienen su primer acercamiento a la música sinfónica mediante prácticas individuales y colectivas, en un proceso musical integral donde cada uno perfecciona las técnicas y el dominio de su instrumento y su disciplina artística, a través de metodologías que incluyen el movimiento, el uso de la voz y la interpretación de instrumentos no convencionales. 
“Una de nuestras principales metas es que los participantes ingresen a la educación superior, y en ese camino, uno de los mayores apoyos lo brinda nuestro programa Cakike Xtraordinario, a través del cual identificamos esos talentos musicales excepcionales para que reciban la guía y asesoría de artistas, profesores y mentores de talla internacional, acompañados de un proceso de coaching de vida, con el cual los niños y jóvenes reciben herramientas para enfrentar los desafíos de su crecimiento personal y artístico”, apunta Vanessa.  


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Actualmente, la Fundación Cakike cuenta con tres sedes: una en el centro histórico de Bogotá (que atiende a 230 participantes), y dos en el departamento de Bolívar: en Cartagena (con 210 integrantes) y una más en Turbaco(también con 210 participantes). “Adicionalmente, contamos con un programa de Responsabilidad Social Empresarial en Chía (Cundinamarca) donde atendemos 40 participantes”, afirma Rodríguez. 

Allí, llegan los niños, niñas y jóvenes desde los ocho hasta los 19 años de edad que durante cuatro años reciben una formación holística que va desde la iniciación, fundamentación, y profundización musical hasta el fortalecimiento de habilidades sociales y personales y cuidado en temas de salud y nutrición, en los que también se vincula a la familia. 

Adicional a la formación musical, agrega Vanessa, “buscamos que nuestros niños, niñas y adolescentes sean personas que tengan confianza en sí mismos, que crean en su talento, que se acepten y valoren, que desarrollen habilidades como la paciencia, la determinación, la constancia, el pensamiento crítico y la creatividad para promover la convivencia pacífica con los demás. Que sean agentes de transformación y cambio en sus comunidades”. 

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La iniciativa va dirigida a estudiantes de instituciones educativas oficiales - y algunas privadas- donde no hay procesos musicales consolidados con las cuales la Fundación realiza convenios para desarrollar los distintos programas. “Sin embargo, si un niño, niña o adolescente que no pertenece a los colegios con los que tenemos convenio quiere acceder a esta formación, también lo puede hacer”, apunta Rodríguez. 

La organización le apunta a consolidar un ecosistema en el que también se involucren el sector privado y las personas naturales para generar valor compartido y aportar de esta manera a la construcción de paz, inclusión y equidad. Con Cakike Social, afirma Vanessa,  las empresas interesadas en fomentar el arte, la cultura y sobre todo la formación humana se pueden vincular a través de donaciones o como parte de su proyecto de Responsabilidad Social Empresarial llevando el programa a sus grupos de interés o a la comunidad. 

Uno de los objetivos de Cakike es que cada niño, niña o adolescente para desarrollarse mejor tenga su propio instrumento musical, no obstante, eso no siempre es posible, por lo que invita a las personas naturales o jurídicas a unirse a la iniciativa ‘Yo adopto un instrumento’, “a través de la cual quienes tengan un instrumento que ya no usan lo donen. Nosotros nos encargamos de recogerlo y hacerle todo el trabajo de luthería y dejarlo en condiciones óptimas para entregarlo a cada participante”, indica Vanessa. 

La Fundación está convencida de que en un país como Colombia, “donde un hecho fortuito como nacer en cierto lugar dictamina en gran medida el futuro que niños y jóvenes tienen, es fundamental crear oportunidades, oportunidades que le permitan a cada niño, niña y adoelscente desarrollar las habilidades para encontrar su propia voz y contarle al mundo que su historia es relevante. Creemos que la música, más que un fin, es el camino que cada uno recorre para encontrar su esencia, ilusiones y lo que tiene para aportar al mundo”. 

Es de resaltar, por ejemplo, el caso de Sara Lucía Saboya, guitarrista de gran talento participante de Cakike Xtraordinario quien recientemente viajó a Inglaterra becada por  la ‘International Guitar Foundation’ (IGF) al Bath Guitar Festival and Summer School 2023. 

Para Daniel Leandro Gelvez, que lleva siete meses en la Fundación, esta ha sido una experiencia muy interesante. “He aprendido mucho más de lo que esperaba. Los maestros y profesores son muy buenos y siempre están apoyando a los estudiantes. Además he podido participar en diversas actividades que me han aportado como persona y como el músico profesional que quiero llegar a ser”, dice.  

En Cakike, asegura Vanessa Rodríguez, “los participantes se sienten libres, sienten que pueden ser ellos mismos, que son respetados y valorados, que su historia es única y valiosa. Que es el espacio para vivir, creer, crear y soñar”. 


 

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