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¿En Colombia puede ocurrir un tsunami?
Playas de Tumaco. Créditos: DIMAR

¿En Colombia puede ocurrir un tsunami?

Por su ubicación geográfica y sus características geológicas, Colombia está expuesta a diferentes amenazas sísmicas. El mayor riesgo “histórico de tsunami” se concentra en el litoral Pacífico.

Cuando ocurre un fenómeno natural, es común que nuestra primera preocupación sea la posibilidad de que se presenten nuevos movimientos de tierra, como temblores o terremotos. Sin embargo, cuando un sismo ocurre bajo el mar o cerca de la costa, sus efectos pueden ir más allá del movimiento del suelo y generar cambios en el océano capaces de poner en riesgo a las poblaciones costeras.

Los tsunamis son fenómenos que han dejado huella en diferentes lugares del mundo y que también hacen parte de la historia de Colombia. Aunque muchas veces pensamos en estos eventos al observar terremotos ocurridos en países de Asia, Oceanía o América Latina, lo cierto es que nuestro país también está expuesto a esta amenaza, especialmente en su litoral Pacífico.

Colombia ya ha vivido tsunamis y, por esta razón, conocer cómo se originan, cuáles son sus señales naturales y cómo actuar puede marcar una diferencia para proteger vidas.

Pero… ¿qué es un tsunami?

Un tsunami es una serie de ondas de gran energía que se produce cuando una gran cantidad de agua es desplazada de manera repentina. ⁠La causa más frecuente es la ocurrencia de terremotos submarinos, aunque también puede originarse por deslizamientos de tierra bajo el mar y erupciones volcánicas.

En mar abierto, estas ondas pueden desplazarse a gran velocidad y no necesariamente tienen la apariencia de una enorme ola. Al acercarse a la costa, la profundidad del agua disminuye y las ondas pueden aumentar considerablemente su altura, provocando inundaciones y corrientes capaces de arrastrar personas, viviendas, vehículos y otros elementos, (IFRC).

Una ola llega a Miyako, Japón, en 2011. Foto;REUTER

De acuerdo con la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC), “un tsunami puede alcanzar tierra con olas superiores a los 20 metros en determinados lugares. Además, las olas pueden continuar llegando durante varias horas y las corrientes peligrosas permanecer durante varios días”.

Por eso, un tsunami no debe entenderse únicamente como una gran ola. Es un fenómeno que puede transformar rápidamente el paisaje de una zona costera y poner en riesgo la vida de quienes se encuentran allí.

Dos tsunamis que dejaron huella en Colombia

El Servicio Geológico Colombiano (SGC) señala que Colombia ha registrado dos tsunamis de gran impacto en el Pacífico: el primero ocurrió el 31 de enero de 1906 y, tiempo después, el segundo, el 12 de diciembre de 1979. Entre ambos dejaron más de mil personas fallecidas y provocaron una importante destrucción en poblaciones costeras, especialmente de Nariño y Cauca.

El tsunami que marcó la historia en 1906

El 31 de enero de 1906, un terremoto de magnitud 8,8 ocurrió frente a la costa pacífica, con una profundidad aproximada de 20 kilómetros. Es considerado el sismo de “⁠mayor magnitud registrado” que ha afectado a Colombia. El movimiento generó un tsunami cuyas olas, según los testimonios y registros históricos, alcanzaron entre dos y cinco metros de altura.

Las olas afectaron una extensa zona costera, desde el Pacífico colombiano hasta Esmeraldas, en Ecuador. En Colombia resultaron afectadas poblaciones de los actuales departamentos de Nariño y Cauca, entre ellas Tumaco, Francisco Pizarro, Mosquera, Olaya Herrera, La Tola, El Charco, Santa Bárbara, Guapi y Timbiquí.


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Las estimaciones sobre el número de víctimas varían de acuerdo con las fuentes históricas y con la dificultad de separar los efectos ocasionados directamente por el terremoto con los provocados por el tsunami. La DIMAR señala que se estima que hubo más de 600 víctimas, mientras que investigaciones del Servicio Geológico Colombiano (SGC) recogen estimaciones históricas superiores a las 1.000 personas fallecidas.

Más allá de las cifras, aquel evento dejó una profunda huella en las comunidades que habitaban el litoral Pacífico y demostró que la fuerza del océano también puede convertirse en una amenaza cuando se combina con la actividad sísmica.

Una madrugada que cambió a Tumaco en 1979

El 12 de diciembre de 1979, un nuevo terremoto, esta vez de magnitud 8,1 y con una profundidad aproximada de 23,6 kilómetros, sacudió el Pacífico colombiano. El movimiento originó un tsunami que afectó principalmente las costas de Nariño y Cauca, con olas de hasta tres metros de altura.

El impacto fue especialmente fuerte en comunidades como San Juan de la Costa, El Charco, Mosquera, Santa Bárbara, Guapi y Tumaco. El SGC registra más de 454 personas fallecidas y más de 1.000 heridas como consecuencia del sismo y el tsunami. Además, miles de viviendas resultaron destruidas o afectadas.

Uno de los hechos que permanece en la memoria de esta tragedia es la desaparición de la isla El Guano, ubicada frente a Tumaco, que fue arrasada por la fuerza del fenómeno.

Las consecuencias también afectaron la vida cotidiana y las actividades económicas de las comunidades. La destrucción de viviendas y de infraestructura golpeó a familias que dependían de actividades como la pesca, mientras muchas personas tuvieron que enfrentar la pérdida de sus hogares y el desplazamiento hacia lugares más seguros.

La prevención salva vidas

La historia demuestra que los tsunamis no son un fenómeno lejano para Colombia. Por eso, el país cuenta con un sistema de monitoreo y alerta que busca identificar oportunamente la posibilidad de que un evento de este tipo afecte las costas.

La Dirección General Marítima (DIMAR) implementó en 2012 el Centro de Alerta por Tsunami. Posteriormente, mediante el Decreto 1338 de 2018, fue designada como Punto Focal de Alerta contra los Tsunamis y como Centro Nacional de Alerta contra los Tsunamis (CNAT), encargado de monitorear y evaluar la posibilidad de generación de estos fenómenos y de recibir y transmitir información técnica a las entidades correspondientes.

El sistema funciona de manera articulada con el Servicio Geológico Colombiano (SGC) y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), entre otras instituciones. El SGC se encarga del monitoreo de la actividad sísmica y del análisis de los eventos que pueden representar una amenaza, mientras que la información es compartida con las entidades responsables de la alerta y la respuesta.

Además, Colombia mantiene intercambio de información con centros internacionales de alerta, entre ellos, el Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico de Estados Unidos, que proporciona información científica y técnica para el seguimiento de estos fenómenos.

¿Cómo reconocer una posible señal de tsunami?

La tecnología permite detectar y analizar los sismos y las condiciones del océano. Sin embargo, las personas que viven o se encuentran temporalmente en una zona costera pueden reconocer algunas señales naturales.

  • Entre las principales se encuentran:
  • Un sismo fuerte o prolongado que se sienta cerca de la costa.
  • Un retiro repentino e inusual del mar, que deja expuesta una parte considerable del fondo marino.
  • Un ruido fuerte y extraño proveniente del océano.
  • Cualquier información oficial que indique la necesidad de evacuar.

Si las personas perciben alguna de estas señales, deben dirigirse inmediatamente hacia una zona segura, lejos de la costa y, de ser posible, hacia lugares altos o los puntos de encuentro previamente establecidos.

También es importante seguir las rutas de evacuación, ayudar a quienes puedan necesitar apoyo durante el desplazamiento, llevar un kit de emergencia si las condiciones lo permiten y mantenerse informado a través de los canales oficiales.

Prepararse también es una forma de cuidar la vida

Hablar de tsunamis no significa vivir con miedo frente al mar. Significa reconocer que Colombia tiene una historia que nos enseña, especialmente en las comunidades del Pacífico, que la naturaleza puede cambiar en cuestión de minutos.

La prevención comienza mucho antes de que ocurra una emergencia. En las costas colombianas, donde el mar hace parte de la cultura, del trabajo y de la vida cotidiana de miles de familias, estar preparados no significa alejarse del océano. Significa aprender a convivir con él, respetar su fuerza y saber cómo proteger la vida cuando la naturaleza nos advierte que es momento de buscar un lugar seguro.
 

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