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Turismo de selfie con fauna silvestre, una práctica que pone en riesgo al Amazonas.

Expertos advierten que tomarse fotos con animales en la Amazonía fomenta el tráfico de fauna, el estrés en las especies y prácticas que afectan su supervivencia en libertad.
Turismo de selfies con fauna silvestre amenaza la biodiversidad del Amazonas
Enciclopedia Amazónica en Línea
Maria Paula Garcia Garavito

Tomarse una foto con un mono, una boa, un perezoso o un caimán puede parecer una experiencia única e inofensiva. Para muchos turistas, es incluso un recuerdo imperdible del viaje al Amazonas. Pero detrás de esa imagen hay una realidad que pocas veces se muestra: animales arrancados de su hábitat, sometidos al contacto permanente con humanos y, en muchos casos, atrapados en cadenas de tráfico ilegal de fauna silvestre.

Esta práctica tiene raíces profundas en la historia del turismo amazónico. En la década de 1960, el estadounidense de origen griego Mike Tsalikis impulsó uno de los primeros modelos de turismo con fauna en la región con la creación de la Isla de los Micos, cerca de Leticia. Allí estableció un espacio para la cría y manejo de primates y otros animales, en una época en la que el comercio de fauna silvestre no contaba con ningún tipo de regulación.

Décadas después, estas prácticas no solo persisten, sino que se han expandido en la triple frontera amazónica entre Colombia, Perú y Brasil. Investigaciones recientes evidencian que este tipo de turismo con fauna silvestre ha promovido la captura y retención de animales para actividades como tomarse fotos con animales, incluso con intervenciones como cortar garras o modificar comportamientos para hacerlos más “manejables”.

“Este tipo de turismo con fauna se ha popularizado bajo la idea de vivir una experiencia exótica, donde no solo se muestra el ecosistema amazónico sino también a las comunidades indígenas como si fueran parte de un espectáculo”, afirmó Dalia Arias, bióloga y líder de Conservación de la Fundación Entropika.

Un caso concreto ocurrió en Puerto Alegría, una comunidad peruana ubicada al otro lado del río Amazonas, frente a Colombia. En 2021, un operativo permitió rescatar animales silvestres que eran utilizados como atractivo para fotografías turísticas. Entre los hallazgos había primates, tortugas y otras especies amazónicas que habían sido sometidas a manipulación constante por parte de visitantes, muchas de ellas en condiciones de desnutrición y estrés severo.

“La realidad es bastante dura...” —advierte Arias—, “...cuando se trata de especies como perezosos o monos que son altamente dependientes de sus madres, suelen matarlas para capturar a las crías, porque son mucho más manejables”. Además, estas prácticas tienen impactos directos en la salud y comportamiento de los animales: el contacto permanente con humanos altera sus hábitos naturales, genera estrés crónico y puede afectar su capacidad de sobrevivir en libertad. También, sustancias como protectores solares y repelentes pueden resultar tóxicas para la fauna silvestre.


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Frente a este panorama, organizaciones como la Fundación Entropika trabajan para cambiar desde adentro la relación entre turismo y fauna silvestre en la triple frontera amazónica. A través de procesos de educación ambiental con jóvenes y guías locales, buscan transformar no solo las prácticas, sino también la mirada: que observar sin intervenir se convierta en el nuevo estándar del turismo responsable en el Amazonas.

Arias habla de un semillero de jóvenes indígenas que están aprendiendo a leer su propio territorio amazónico de otra manera: “Los estamos sensibilizando para que comprendan cómo este turismo con fauna los afecta, tanto a ellos como a la fauna con la que conviven, en su contexto social, político y ambiental”. A eso se suman talleres prácticos de monitoreo, avistamiento de fauna y turismo responsable.

Por su parte, Segundo Peña Manuyama, guía local de la comunidad de Reubicación de San Antonio, en Perú, lo dice con convicción. Su trabajo se centra en el avistamiento de fauna, especialmente del perezoso de tres dedos, y desde ahí ha entendido que la conservación del Amazonas no es un asunto exclusivamente ambiental: “Tenemos que conservar la naturaleza para que este turismo no se termine, no solamente para la comunidad, sino para todo el planeta. Conservar beneficia al universo”.

Finalmente, el llamado es para los turistas y visitantes: no consumir experiencias turísticas que impliquen contacto directo con fauna silvestre. Elegir un turismo responsable, ético y respetuoso con los ecosistemas es clave para proteger la biodiversidad del Amazonas. La mejor forma de conocer este territorio es observando la vida en libertad, sin intervenirla.

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