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Análisis: Perú en el callejón de la crisis institucional y política

Este artículo se basa, especialmente, en la entrevista con José Tello (abogado, analista político e integrante del Instituto Peruano de Derecho Electoral) en el programa ‘El Mundo es un Pañuelo’ de la Radio Nacional de Colombia.
Crisis institucional en Perú
Mundo
Foto: Facebook Pedro Castillo
Carlos Chica

Los múltiples episodios de crisis política y de inestabilidad institucional vividos en el Perú, especialmente desde 2016, han confluido en un proceso endémico, sin solución duradera a la vista y sin visión de un futuro estable.

Las noticias de esta semana lo confirman. El Parlamento ha creado una subcomisión para investigar al presidente Pedro Castillo por traición a la Patria por haberse mostrado partidario de otorgar una salida al mar a Bolivia. Y, otra vez, se ha pedido la vacancia porque una empresaria investigada por la Fiscalía, asegura que el mandatario está comprometido con una organización criminal enquistada en el Ejecutivo.

Hace apenas un mes, Pedro Castillo posesionaba un nuevo Consejo de Ministros –el cuarto, en seis meses–. Como presidente del Consejo de Ministros designó al titular de Justicia, Aníbal Torres, en reemplazo de Héctor Valer, quien duró apenas tres días en el cargo por acusaciones de violencia intrafamiliar. Valer sustituyó a Mirta Vásquez, quien renunció porque Castillo prestó oídos sordos al Ministro del Interior, Avelino Guillén, partidario de despedir al comandante de la Policía, por posible vínculo con un entramado de corrupción institucional.

También renunció Carlos Jaico, Secretario General de la Presidencia. En su carta, Jaico lamentó que el Presidente haya preferido mantener a asesores que lo están llevando por la senda de decisiones erráticas; los acusó de trabajar como un Gabinete en la sombra; y afirmó que carecen de valía académica y de solvencia para el manejo del Estado. Y el Defensor del Pueblo, Walter Gutiérrez, dijo que el Presidente no respeta los “estándares mínimos de integridad” para elegir a sus colaboradores.

Las raíces estructurales de la crisis

Varios analistas peruanos coinciden en que la crisis peruana de hoy no ha comenzado con Castillo ni terminará con su renuncia, la declaratoria de vacancia por parte del Parlamento, la disolución del Legislativo y la convocatoria de nuevas elecciones, conforme a la Constitución.

El Perú encaja en la definición clásica de una “democracia imperfecta” porque:

  • Las instituciones peruanas son muy débiles.
  • Los liderazgos políticos no recaen sobre los partidos sino sobre personas, con frecuencia con rasgos caudillistas.
  • Los partidos políticos son aparatos meramente instrumentales durante las elecciones, carecen de legitimidad social, están desconectados de las agendas ciudadanas, no gestionan la solución de conflictos, no buscan consensos que garanticen la gobernabilidad democrática y se reparten el poder burocrático, en detrimento de los consensos necesarios para la construcción de una agenda nacional.
  • La oposición, sobre todo desde los sectores de la derecha peruana, no ha ejercido responsablemente su rol y, en muchos momentos, sigue actuando con sectarismo, revanchismo, prejuicio y abusos de su poder.
  • La sociedad civil peruana carece de un tejido social fuerte y no está bien estructurada, a pesar de algunos liderazgos con relevancia nacional. Falta capacidad para marcarles una agenda a los partidos políticos y al Gobierno, fiscalizarlos y ejercer presión mediante la movilización callejera para hacerse oír como, por ejemplo, durante la campaña feminista ‘Ni una menos’ o las marchas contra el fugaz presidente Miguel Marino.

El futuro inmediato

Todavía es incierto el desenlace de las consultas políticas que el nuevo Presidente del Consejo de Ministros – ha buscado con partidos con representación en el Parlamento, órgano que debe decidir si le otorga o no su confianza. Si el Parlamento niega la cuestión de confianza, Aníbal Torres tendría que renunciar y el Presidente designaría el quinto Gabinete Ministerial.

En un artículo para el Washington Post, el periodista Jonathan Castro –editor general de ‘La Encerrona– sostuvo que, con el último Gabinete, “Pedro Castillo hizo lo mejor que sabe hacer: una repartija de poder para salvar el pellejo”. A su juicio, la selección se hizo con base en “pequeñas alianzas que le briden los votos necesarios para evitar ser destituido por la oposición”.

Según Sotelo, eso explicaría que el Presidente haya sacrificado al ministro de Salud, Hernando Ceballos --a quien se la ha reconocido una buena gestión de la pandemia– y haya nombrado al cuestionado Hernán Condori, con tal de amarrar más el respaldo de Perú Libre y de su líder Vladimir Cerrón.

En ese hipotético escenario, quedarían intactos factores como la aparente inexperiencia para gobernar el Estado; el peso de su talante sindical y su condición de líder de izquierda, anclado a Perú Libre; y su bajo perfil de estadista porque no ha sido capaz de convocar a todos los sectores y no ha demostrado claridad en sus objetivos y en cómo lograrlos---a diferencia, por ejemplo, de Lula Da Silva en Brasil, Evo Morales en Bolivia, Hugo Chávez en Venezuela o Rafael Correa en Ecuador—.

En todo caso, como afirma Castro, el origen de la crisis no se explica solo por la precariedad del Presidente o por el “golpismo” de la oposición. Forzar la salida de Pedro Castillo, dice, “solo puede conducir a un proceso atropellado de disputa encarnizada por el poder”, sin una agenda que priorice las reformas que se requieren evitar que “la crisis continúe siendo normalidad”.

La economía está a salvo

De momento, la conducción económica del país está a salvo. La economía peruana no ha presentado comportamientos atípicos o deterioros de envergadura que hagan pensar, por ejemplo, en una fuga de capitales, como lo pronosticaban durante la campaña presidencial, especialmente sectores de derecha, algunos de cuyos líderes, por cierto, siguen escarbando pruebas para demostrar que Castillo ganó fraudulentamente las elecciones.

Castillo atinó al ratificar a Julio Velarde como cabeza del Banco Central de Reserva –organismo autónomo– quien asumió el cargo hace dieciséis años, durante el segundo gobierno de Alan García y ha sobrevivido a siete presidentes, gracias a que su gestión ha mostrado crecimiento económico, baja inflación y una política monetaria estable.

Pedro Frankce, primer ministro de economía del actual gobierno, a pesar de una retórica de izquierda, tuvo un manejo moderado, sin salirse de los moldes liberales, en los que se siente más cómodo su sucesor, Oscar Graham, quien considera que la inversión privada es el “gran motor del crecimiento y del desarrollo” porque es la principal fuente de generación de empleos formales que, según dice, es el “alivio más sostenible” contra a pobreza.

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