Agua y saneamiento básico en la ruralidad
*Información suministrada por el Observatorio Así Vamos en Salud.
Es necesario que en nuestros entornos (vivienda, centros educativos, trabajo, fábricas, industrias, entre otros espacios), no se generen riesgos a nuestra vida y salud. Para tal efecto, debemos aplicar y desarrollar prácticas de saneamiento, que contribuyan a la disminución de contaminantes que pueden llegar a las fuentes hídricas naturales, las cuales abastecen los diferentes sistemas de suministro de agua para consumo humano.
El objetivo seis de desarrollo sostenible es “Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos”. Dos de las metas del objetivo, buscan que de aquí al 2030, se logre “el acceso universal y equitativo al agua potable a un precio asequible para todos”, y “el acceso a servicios de saneamiento e higiene adecuados y equitativos para todos y poner fin a la defecación al aire libre. Prestando especial atención a las necesidades de las mujeres y las niñas y las personas en situaciones de vulnerabilidad”. En Colombia en el área rural aún estamos lejos de cumplir estas metas.

En el país se ha trabajado intensamente en el suministro de agua potable a las comunidades, pero aún existen desigualdades pronunciadas entre las áreas urbanas y las rurales. Estas últimas, se caracterizan por bajas coberturas de los servicios de acueducto y alcantarillado, agua de baja calidad y deficiencias en el servicio de aseo.
La Organización Mundial de la Salud, refiere que, aunque la población pueda acceder a agua potable para su consumo en cocina, baños, etc., es importante tener en cuenta el papel que juegan las aguas residuales.
Estas también pueden impactar los cuerpos de agua que son utilizados para riego de cultivos, que después pueden ser ingeridos directamente por las personas o indirectamente por animales, que posteriormente son objeto de consumo humano, generando riesgos para la salud.
En el área rural el servicio de acueducto ha mantenido en los últimos 6 años una cobertura cercana al 60m%. Manteniendo una brecha con el área urbana de 39 puntos porcentuales. La cobertura de hogares con accesos a servicio de alcantarillado en 2016 fue de 17%.

Es importante tener en cuenta que al mejorar el agua potable y el saneamiento se reduce el riesgo de enfermedades relacionadas con el recurso hídrico como la diarrea, la propagación de las lombrices intestinales, la esquistosomiasis o el tracoma y las intoxicaciónes por metales pesados, como el mercurio o el arsénico.
En lo referente al indicador de tratamientos de agua a nivel municipal, los datos no son alentadores, según la CEPAL a 2011 solo el 25 % de las aguas que se vierten en los cuerpos de agua son tratados. Esto aumenta los costos de tratamiento de los acueductos, sin hablar del impacto ambiental y daños a la salud. Tan solo el 30 % de los municipios cuentan con sistemas de tratamiento concentrados en aquellos con más de 10.000 habitantes, donde de estos, solo el 26 % posee sistemas de tratamiento. Cabe destacar que, en los centros urbanos, solo se trata cerca del 41% de las aguas vertidas.
Referente a la calidad de agua que se consume en Colombia, el panorama no es alentador. Datos del Informe del Estado de la Vigilancia de la Calidad del Agua para consumo humano 2016, del Instituto Nacional de Salud (INS) muestran que, a nivel nacional, el Índice de Riesgo de Calidad del Agua (IRCA), fue de 21,7 mostrando un nivel de riesgo medio para todo el país, de forma desglosada para el sector urbano, el IRCA fue de 8,6 correspondiente a riesgo bajo y para la zona rural tuvo un valor de 34,7 clasificado como riesgo medio.