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Arquitectura de Mompox: un viaje por fachadas señoriales del siglo XVIII

Este municipio del departamento de Bolívar, fue reconocido por la Unesco en la lista de patrimonio mundial por su belleza y valor histórico.
Eveling Rico Albañil

La primera impresión que muchos tienen cuando llegan a Mompox (Bolívar), es que el tiempo se ha detenido en sus calles, portones, ventanas y en general en las fachadas. Y según Álvaro Castro, arquitecto especialista en restauración y planificación territorial y urbana, no es solo una percepción, efectivamente ver a Mompox es estar frente a una población del siglo XVIII bellamente conservada.

Pero vamos por partes para entender cómo estas casas señoriales se relacionan con el río y el día a día de sus habitantes.

¿Por qué se desarrolló este estilo de arquitectura en Mompox?

La arquitectura es una respuesta a la capacidad económica de sus habitantes, según indicó el arquitecto, por eso en este municipio encontramos casas señoriales. Mompox fue económicamente muy poderosa, según Álvaro, pues su condición de ciudad ribereña que controló la única vía de acceso para el transporte de mercancías, desde el puerto de Cartagena hasta el interior del país durante la Nueva Granada, la llevó a enriquecerse.

Las familias prósperas de la región construyeron hogares en forma de palacetes, y por esa razón la arquitectura momposina se caracteriza por su “monumentalidad” como lo explica Castro, ventanas de cuatro o cinco metros de alto, salas de hasta nueve metros con patios interiores; en definitiva, casas señoriales pero con decoración austera.

“El arquitecto Alberto Corradan, un estudioso y buen restaurador, desde la universidad Nacional y Javeriana, hizo los primeros estudios sobre el sector histórico de Mompox cuando ya había sido declarado patrimonio histórico nacional, pero no había sido estudiado, o catalogado, no había ningún tipo de levantamiento. Hicieron todo este levantamiento de la ciudad en los años sesenta. Entonces espacios como la doble galería son netamente desarrollados en la arquitectura momposina, como respuesta a tener familias en estas grandes casas para poder reunirse”, explicó el arquitecto.

¿Cómo es vivir a orillas del río Magdalena? Ser un municipio ribereño tiene sus pros y sus contras, y eso Mompox lo sabe desde tiempos inmemoriales, cuando las crecientes llegaron a suponer un riesgo para los asentamientos que había en el territorio, y llegó incluso a darse la orden de trasladarlo.

«Mompox se funda en 1537, pero en 1574 hay una orden de la Real Audiencia que dice “Trasladese Mompox”, y explica la razón y era porque el río, en sus creciente periódicas, arrasaba con las viviendas de los encomenderos españoles, aún cuando eran pocos, dicen que para el época eran 20. Cada casa está constituida por un grupo de casas, eran varios bohíos y el río arrasaba con ganado, cultivos, todo», dijo Álvaro.

Según el arquitecto, para protegerse de las crecientes los momposinos tuvieron que implantar la defensa del río, las casas elevadas sobre el terreno y rellenar todo. Los niveles de las calles que vemos hoy en día no son los originales, han ido subiendo permanentemente.

¿Cómo se ha conservado Mompox en el tiempo?

Parte del proceso de conservación en este municipio, se da por las tradiciones religiosas y por la devoción de sus habitantes, según explicó el arquitecto.

"Los momposinos pintamos nuestras casas anualmente en un proceso de purificación, porque se da en un momento entre el Carnaval de Mompox, la Cuaresma y la Semana Santa", explicó el arquitecto.

Sobre la gentrificación, hay varios puntos a tener en cuenta, y que tienen que ver con la conservación de las estructuras: “Para intervenir y restaurar actualmente una casa, hay que pensarlo dos veces. Ningún momposino tiene recursos suficientes para restaurar una casa de estas. Entonces vienen los extranjeros y ofrecen una cifra que la gente no se esperaba y van corriendo, pero luego se dan cuenta que no les alcanza para comprar otra casa aquí”.

En opinión del arquitecto, aunque se logra preservar la arquitectura “se pierde un poco la cercanía, pues las casas momposinas son de puertas abiertas y uno puede entrar a conocerlas sin problemas, pero estas propiedades adquiridas por externos ahora cumplen un propósito y son casas privadas completamente”.

Los ventanales de Mompox

En las calles de este municipio ribereño nos encontramos con grandes ventanales de hierro forjado, algunos de los cuales tienen más de 200 años. Según Álvaro, es una característica posterior al periodo colonial, pues hacia el XVIII el uso del hierro se popularizó por la disponibilidad del material.

“A diferencia de las ventanas de Cartagena que son en madera y que no es posible tener ventanas de hierro por la sal marina presente en el aire, aquí tenemos ventanas de 200 años de antigüedad intactas”, señaló.

Una mirada desde afuera

Una pregunta que como visitantes le hicimos al arquitecto Álvaro Castro fue “¿Qué es lo más mágico de estar en Mompox y de disfrutar de sus calles?”, a lo que él respondió:

“Para nosotros no es magia, para los de afuera es mágico, para nosotros es lo cotidiano, no tenemos otro ambiente, es lo nuestro. Mompox al quedar aislado en el siglo XIX, creó esa cosmogonía, pero para mí era lo más natural. Como profesional digo: hasta que tuve la oportunidad de viajar, me di cuenta que nuestra forma de actuar, de ver, de vivir la arquitectura, nuestra relación con el río es diferente a todo, lo mágico es eso. Tuve que salir de la magia en que estaba para descubrir que esa era la magia”.

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