Conozca quién fue Rafael Orozco, ídolo legendario del vallenato
Rafael Orozco está instalado en el podio de los grandes del vallenato. A fuerza de música, sigue presente: el tipo alegre, mamagallista, sencillo, disciplinado, futbolero al cien y hincha del Junior. El del bigote y el lunar, el de las pintas diferentes, al que las fans le gritaban “bollito”. El cantante que en la tarima, con sabrosura, micrófono en mano y bailadito doblando rodilla, dominaba a fervientes masas que coreaban temas convertidos en hits con su voz. El astro, parte de la cultura nacional, que más de tres décadas después de su partida, sigue sonando, emparrandando y conmoviendo corazones.
Sobre Rafael Orozco pesa un mito de su pueblo: “La embarazada que oye el canto de un doroy (serpiente gigante), parirá un muchacho cantador”. Los ancianos de Becerril dicen que Cristina Maestre, madre de Rafael Orozco, escuchó el canto de un doroy cuando, en una creciente del río Maracas, bajaba hacia el mar. (1)
A Rafa, nacido en Becerril, Cesar, el 24 de marzo de 1954 —quien de niño vendía agua recogida del río Maracas montado en un burro llamado Ñato—, su mamá le había escondido el acordeón para quitarle el capricho de tocar como lo hacían su padre y hermanos. Ella quería que estudiara y él soñaba con jugar en el Junior y cantar en el programa Estrellas y Estrellados de la Canción de Radio Guatapurí. Pese a los deseos de su madre, la música que llevaba en la sangre empezó a brillar de manera natural. Prueba de ello, un episodio que el público vallenato atesora: estando en bachillerato, en el Colegio Nacional Loperena de Valledupar, Orozco le ganó un famoso concurso a Diomedes Díaz. Capítulo inicial de una fantasía de “rivalidad” entre los dos cracks, ideada por los seguidores y alimentada en los “mano a mano” que realizaban en los 80. Fuera de los shows, Rafael y ‘El Cacique’ fueron siempre buenos amigos.
No te lo pierdas: ¡Talento de exportación! Seis cantantes colombianas que nos representan en el exterior
El flaquito mechudo que cantaba
El ídolo de Rafa adolescente era Alfredo Gutiérrez y, al ver la fama de Jorge Oñate y Los Hermanos López, arrancó a cantar en forma. Tras guerreársela en parrandas, fue descubierto por el acordeonista Emilio Oviedo en una feria en Aguachica en el 74. Rafa, un “muchacho flaco, de pelito largo”, se ofreció a ayudarle con una pieza cuando a Emilio le fallaba la voz, y este quedó encantado. En su primer disco, Adelante (1975), Rafa grabó “Cariñito de mi vida”, composición de un joven Diomedes en la que, con un saludo, lo bautizó como ‘El Cacique de La Junta’. El tema fue un éxito rotundo.
Esperando un taxi, se formó El Binomio
Rafael y el acordeonero Israel Romero, se conocieron en Manaure, cuando ninguno de los dos había grabado. ‘El Pollo Irra’ fue a visitar a una novia que estudiaba en la Normal Superior María Inmaculada. Allí, para las festividades de la virgen del Carmen, tenían como acto musical a Emilio Oviedo, quien según Romero, “estaba hasta ahora puliendo a Rafa”.
‘Chiche’ Ovalle (ex corista de El Binomio de Oro y compositor), presentó a Rafa y a Israel, pero no tuvieron ocasión de hablar. Pasó un tiempo y cada uno debutó en los estudios. Israel, unido al gran cantante y autor Daniel Celedón, lanzó en el 75 los discos Versos del Alma y Rumor Vallenato, también en Codiscos.
En una ocasión, Norberto, hermano de ‘El Pollo’, lo invitó al cumpleaños de Poncho Zuleta, en La Jagua del Pilar. A la fiesta llegó Rafael. Recuerda Isra: “Esa vez sí charlamos mucho. Él tenía una camisa que me gustó. Le dije: -Oye, qué camisa tan bacana. Me contestó: -Si quieres te la regalo”.
En esa parranda tocamos los dos y cuadramos para vernos en Barranquilla, porque ambos nos íbamos a ir a estudiar allá. En Barranquilla surgió nuestra amistad. Como éramos afiebrados por el fútbol, empezamos a ir juntos a ver al Junior y nos volvimos muy llaves.
Una vez tocamos en la universidad de Rafa y nos decían: “Ustedes deberían unirse”. Y en una parranda de cumpleaños del compositor Lennin Bueno Suárez, los amigos nos seguían insistiendo para que fuéramos compañeros de fórmula.
Cuando se acabó la fiesta, salimos a buscar un taxi y mientras esperábamos, decidimos: “Vamos a armar un grupo de puro pelao, pero como una empresa, con razón social, como Los Melódicos o La Billo’s Caracas Boys”.
Y por el camino se nos ocurrieron dos nombres: La Pareja Ideal y El Binomio de Oro. Binomio, por los dos, y Oro, sigla de la Organización Romero Orozco.
“¡Bueno mi gente, todo el mundo con las palmas, que llegó El Binomio!”
En el sello estaban en contra de esa unión, porque cada uno estaba pegado con sus discos. No querían destruir dos conjuntos exitosos. Pero insistieron, y el periodista Carlos Castillo Monterrosa convenció a Rafael Mejía, quien también escogió el nombre entre los dos que llevaron.
Se alió una voz moderna y romántica, con un timbre y color muy diferente a los que más sonaban en la época, como Jorge Oñate, Alfredo Gutiérrez y los Zuleta; un frontman que cantaba con swing y sentimiento, con una forma singular y virtuosa de tocar el acordeón.
Una carátula en la que se leía: El Binomio de Oro – Israel Romero y su conjunto, canta Rafael Orozco, con foto de ambos, fue la imagen de su debut discográfico en LP. Un disco que tiene éxitos como “Momentos de Amor”, “La Creciente” (“Un grande nubarrón se alza en el cielo…”) y “La Gustadera”, temas que empezaron a grabar orquestas internacionales como Los Blanco de Venezuela y Los Melódicos, y que sonó tanto en los picós curramberos que incluso bautizaron así una caseta.
Apunta ‘El Pollo Irra’ que ese álbum lo grabaron en seis días. Y que por su tremenda acogida, hubo un mes en el que tocaron todos los días. Por eso, Rafael, que estudiaba Administración de Empresas en la Universidad Autónoma del Caribe, y él, Derecho en la Universidad Libre, tuvieron que dejar la carrera.
Te puede interesar: Inés Granja Herrera, Artista de la Semana en Radio Nacional de Colombia
Esto es Azú azú azú azuquita hasta el lunes
Desde los primeros tiempos, Rafa e Irra empezaron a innovar: incorporaron instrumentos que no se usaban entonces en el vallenato como batería completa, bombo (tocada en los bailes llamados las Colitas por el padre de ‘Irra’), piano y sintetizadores. Además, cambiaron armonías e incluyeron músicos de alto nivel.
El Binomio fue revolucionario: experimentó mucho, propuso diálogos entre un bajo muy “cañón” y el acordeón, pero mantuvo la esencia del vallenato. Versionó a los maestros y le dio un lugar relevante a la cumbia en su discografía y shows.
Marcó un nuevo sonido. Despegó con vallenatos de letras bellísimas que derretían enamorados (de grandes compositores) y con temas fiesteros que encendían la parranda.
Narra Israel que en los años 70, cuando llegaba a Bogotá a las discotecas, eran reacios a poner vallenato. “En Bogotá, la música de Rafael Escalona o Alfredo Gutiérrez la conocía solo la clase más pudiente, y el pueblo no la escuchaba. Nosotros le metimos el vallenato a los cachacos. ‘La Creciente’, por ejemplo, sonaba en Medellín o el Eje Cafetero, donde predominaba la música popular”.
Con ese primer álbum inició una secuencia imparable de discos súper vendedores que tronaban en la radio y se rayaban de tanto uso en los tocadiscos de las casas. Nacieron los “binomistas”, la etiqueta de sus fanáticos. Se desató la binomiomanía.
En el Caribe se emparrandaban con “El Higuerón”, repitiendo: “Esto es Azú azú azú azuquita hasta el lunes”, y en el interior no paraba de sonar “Dime Pajarito” o “Relicario de Besos”. “La parranda es pa’ amanecer, el que se duerma lo trasquilamos”, se volvió consigna nacional. “¡Vamos ese ritmo Binomio!”, decía el cantante.
Orozco llevó a la cima su estilo vallenato romántico y parrandero. Se convirtió en un ídolo que, con carisma, magnetismo y alto voltaje en vivo, provocaba euforia en el público. Encandilaba con sus chaquetas doradas y trajes novedosos con los que él y su compadre Irra hicieron que el vallenato también entrara por los ojos.
Dice Romero que se fijaban en el vestuario de Wilfrido Vargas, Menudo y Los Hermanos Rosario, y lo adaptaban a su estilo. Sumaban coreografías que Rafa ensayaba con los coristas frente al espejo, con pasos inventados o con ayuda de bailarinas de las comparsas barranquilleras.
Cuando el Madison Square Garden se emparrandó
“Y como dijo el cura: rrrrepííítamelo Pollo Irra”, decía Rafa en la tarima del Madison Square Garden de Nueva York en 1987, donde seis años atrás habían ofrecido un gran concierto. Esta vez su aparición era parte del programa Embajadores de la Música Colombiana de Jorge Barón Televisión.
Fue un momento memorable: la agrupación fajándose, Romero picando recio, y Rafa dándolo todo; en un momento, hasta envuelto en la bandera. El público, emparrandado, gritando ¡Ayombe! Después de tal hazaña, continuaron yendo al templo de la música.
Lee también: El legado de Nono Narváez sigue vivo en la música tropical colombiana
“La noche que el Coliseo de Barranquilla casi se cae”
El extinto Coliseo Cubierto Humberto Perea de Barranquilla presenció una de las mayores glorias de Orozco cuando en 1989 El Binomio ganó el Congo de Oro, máximo galardón del Carnaval. La audiencia estaba tan enloquecida que, contra las normas del evento, tuvieron que regresar a la tarima y cantar de nuevo “Qué Será de Mí”.
La gente no paraba de cantar: “Y qué será de mi vida sin ti…”. Las graderías temblaban. Todo se sacudía. Al día siguiente, la prensa tituló:
“La noche que el Coliseo de Barranquilla casi se cae”.
El Binomio con Wilfrido Vargas
El Binomio llevó el vallenato a otros niveles junto a figuras internacionales como Wilfrido Vargas, con quien grabaron temas como “América en Carnaval” y “Linda Melodía”.
También realizaron colaboraciones con el grupo de gaita zuliana Gran Coquivacoa, mostrando la fuerte relación con Venezuela. Allí eran adorados, y esa conexión quedó plasmada en “Recorriendo a Venezuela”.
En Venezuela ofrecieron shows inolvidables, como el del Paseo de los Próceres en Caracas, donde se habla de una asistencia masiva de público.
El Meneíto vallenateao
Para el mercado venezolano adaptaban letras. Por ejemplo, en “Contento y Enamorado” se cantaba:
“La chama me está llamando pero no viene”.
Las “chamas” deliraban por Rafa.
Un programa de televisión mostró a Orozco y al Binomio junto al panameño Gaby interpretando e improvisando el éxito “El Meneíto”, mezclando ritmos como cumbia y vallenato, con el sabroso bajo de José Vásquez ‘Quévaz’.
Binomio en pantalla nacional
Y si de televisión hablamos, en Colombia se presentaban en todos los espacios musicales: El Show de Jimmy (en el que incluso parodiaron “El Higuerón” con actuación del cantante, el acordeonero y músicos del Binomio), Sábados Espectaculares de Olímpica Televisión por Telecaribe, Cheverísimo emitido en el mismo canal, y El Show de las Estrellas de Jorge Barón Televisión.
Eran incluso invitados a programas de humor.
Rafael e Israel además aparecieron en comerciales de Aceite Pinky, Discos La Rumbita y El Mercado Mundial del Disco.
“Solo para ti”
El 6 de junio de 1992, Rafael Orozco realizó su último show en el Hotel Bolívar de Cúcuta. Como parte del repertorio interpretó “El Testamento”, paseo de Rafael Escalona, considerado un anuncio de despedida que dice: “Oye morenita te vas a quedar muy sola…”.
El Binomio de Oro había grabado ese tema un año antes en el disco De América, el último con el cantante. Ese álbum también incluyó la canción “Solo Para Ti”, dedicada a su esposa Clara Cabello, la única de sus composiciones incluida en una producción del grupo.
Orozco fue asesinado cinco días después frente a su casa en Barranquilla, cuando departía con su familia. Años más tarde, la justicia determinó que fue un crimen pasional.
Su gente, la que en el Coliseo de Barranquilla celebró sus mayores triunfos, en ese mismo lugar le dio el último adiós entre tristeza y lamentos, después de que su féretro recorriera la ciudad en medio de una multitud de seguidores. El país lloró a su ídolo, pero no lo olvidó.
Su música continuó cautivando generaciones. Aún hay admiradores que peregrinan a su tumba, visitan su estatua en Becerril, y recientemente su imagen fue pintada en una pared de Valledupar por el artista ‘Lak_Rodríguez’, mostrándolo sonriente como cuando cantaba:
“Esta noche amanecemos / amanecemos parrandeando”.
Festival Binomista, “pa’ formar un parrandón”
Este año, del 25 de abril al 2 de mayo, el Festival de la Leyenda Vallenata rendirá tributo a Rafael Orozco, Israel Romero y El Binomio de Oro de América.
El evento ya tuvo su inauguración en Becerril, pueblo natal de Rafa. Muchos artistas han publicado versiones de sus éxitos, y el próximo 1 de mayo, en el Ecoparque del Río Guatapurí en Valledupar, se develará una escultura en homenaje a Rafael Orozco, Israel Romero y El Binomio de Oro.
No se pierda semejante parrandón.