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Kalimán y el legado de las radionovelas en la radio colombiana

Le contamos lo que significó esta radionovela para los colombianos.

Por: Ana María Lara

En 1965, el Circuito Radial Todelar adaptó los libretos mexicanos de la radionovela ‘Kalimán’. Para ese momento, aquel género radial ya había tomado vuelo en Colombia con el ‘Derecho de nacer’ y ‘Chan Li Po’, ambas originales del cubano Félix B. Caignet. La primera, que se emitió en los años cincuenta, fue probablemente la más exitosa de la década, a la vez que era el objeto de los más airados debates sobre el papel de la radio en la moral y las buenas costumbres. Y no era para menos: antes incluso de que las mujeres tuvieran derecho al voto, esta radionovela hablaba de madres solteras, de la doble moral masculina e incluso del aborto.

La radio en ese entonces era el medio de comunicación de mayor audiencia y en torno suyo se creaba un ambiente particular. Los televisores apenas empezaban a llegar a algunos hogares y aun no les disputaban el protagonismo a las producciones radiales.

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La radio era para la mayoría de los colombianos el único medio que permitía estar en contacto con el mundo exterior. Ese mundo de la dura realidad que llegaba a través de las noticias, pero también el mundo de la fantasía que invadía a los hogares colombianos gracias a las radionovelas.

Y entre estas, sin duda, la que mayor recuerdo dejó fue ‘Kalimán’, una serie mexicana que narraba las tribulaciones de un príncipe indio, a medio camino entre la novela de piratas y la de ciencia ficción. Con ella, la cadena Todelar alcanzó una sintonía insospechada todos los días, al caer la tarde.

Así, de las producciones cubanas, se pasó a las de origen mexicano, y luego a las puramente colombianas. Todas hicieron parte de la programación en horarios de mayor recepción.

En los recuerdos de los oyentes que tuvieron la fortuna de escuchar a ‘Kalimán’ hay rasgos comunes que bien pueden dejar entrever la influencia que esta radionovela tuvo en la manera como se escuchaba la radio. Aunque se consideraba que para este género la audiencia femenina era mayor, en el caso de ‘Kalimán’, los hombres no se mantuvieron al margen; por el contrario, no es difícil hoy en día encontrar a un hombre mayor de 50 años que la haya escuchado.

Así mismo, varias de las radionovelas de la época, como ‘La Ley contra el hampa’, pero especialmente ‘Kalimán’, contribuyeron con formas de socialización. En la mayoría de los hogares la escucha se hacía en grupo: padres, hijos, amigos conformaban una suerte de fraternidad marcada por la complicidad. Muchas veces, sentarse a escuchar era el premio a una larga jornada escolar y laboral, a las tareas cumplidas.

Acompañar a Kalimán y a Solín en aquellas aventuras que ocurrían en otro planeta o en el centro de la tierra se hacían de manera colectiva. Además, la escucha muchas veces se articulaba a la lectura de la revista de historietas que le daba imagen a la radionovela, y que se hizo popular entre los niños y jóvenes que la alquilaban o la compraban por algunos centavos.

Gracias al dibujo de esas historietas, los oyentes de ‘Kalimán’ tuvieron la manera de ver cómo era su héroe. Sin embargo, las voces de la radionovela también propiciaron que su imagen fuera una sola, y que tantos años después, coincida en ser descrita de la misma manera, por personas muy diferentes: alto, de acento varonil, de facciones bonitas y fuertes, siempre sereno y audaz.

La facultad que tuvieron los actores de ‘Kalimán’ para despertar sensaciones precisas respondió a su capacidad de manejar el recurso primordial de que se vale la radio: la voz. Es así como Gaspar Ospina, como Kalimán; Erica Krum, como Solín; o la narradora Esther Sarmiento de Correa lograron quedarse en la memoria, a la vez que dieron muestra de la capacidad expresiva que podía alcanzarse.

No es desmedido afirmar que la disciplina que se requirió para grabar capítulos de emisión diaria por tantos años revelaba una gran mística radial. La vocación y la pasión de quienes estaban detrás de los micrófonos, así como de quienes adaptaron los capítulos, bien pudo contribuir a hacer de la radio un medio cada vez más rico y exigente para quienes se desenvolvían en él. No en vano, la radionovela es uno de los formatos más queridos por la audiencia. Un “¿qué pasará mañana…?” siempre estará a la espera de volver a ser escuchado.

La radio pública transmitió un cierto tipo de radionovelas que buscaba distanciarse de aquellas que hacían parte de la programación de emisoras comerciales. En la entonces llamada Radiodifusora Nacional de Colombia, por ejemplo, las radionovelas fueron adaptaciones de novelas de la literatura local o universal, que se transmitieron muy ocasionalmente.

Y lejos de ser historias que incorporarán los estereotipos que poco a poco se moldearon en las emisoras comerciales, estas radionovelas se confundían con el radioteatro, que fue en realidad el género que más se trabajó en esta emisora. No lo podemos afirmar con certeza, pero quizás se le llamó radionovela para atraer una audiencia ya cautiva por aquellos dramas que diariamente y con un “¿qué pasará mañana…?” quedaban en suspenso y dejaban algo para contar el día siguiente.

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