Manuela Beltrán, 245 años del grito comunero
Aquella mañana de mercado, entre la romería de comerciantes y campesinos, una mujer se abrió paso entre la multitud. Había leído el edicto pegado en la pared: nuevos impuestos sobre el tabaco, la sal y el aguardiente, cargas que recaían sobre los más pobres. Sin ningún reparo, la mujer lo arrancó con rabia, lo rompió en pedazos y lo lanzó al aire.
Ese gesto simple, pero profundamente simbólico, fue el inicio de una de las primeras rebeliones populares en la historia colombiana.
La protagonista era Manuela Beltrán, una mujer del común, comerciante y lectora, que el 16 de marzo de 1781, en la entonces provincia del Socorro, Santander, desafió públicamente al poder colonial español. Su acción encendió la indignación de más de dos mil personas que se encontraban en la plaza, dando origen a la Revolución de los Comuneros.
El contexto ya era tenso: la Corona española, bajo el reinado de Carlos III, había impuesto una serie de reformas fiscales para aumentar la recaudación en el Virreinato de la Nueva Granada. El visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres fue el encargado de aplicar estos tributos, que afectaban directamente a campesinos, artesanos y pequeños comerciantes. Beltrán no solo rompió un papel: rompió el miedo.
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Su grito, recogido por la tradición popular “¡Viva el rey y muera el mal gobierno!” sintetizaba una contradicción clave de la época: no se cuestionaba aún la monarquía, pero sí la injusticia de sus representantes.
La rebelión se expandió rápidamente por más de 60 poblaciones del nororiente del virreinato. Campesinos, comerciantes y artesanos se organizaron en torno a un movimiento que, aunque fue finalmente traicionado tras las llamadas Capitulaciones, dejó una huella profunda en la historia política del país.
Históricamente, este levantamiento es considerado un antecedente directo de los procesos de independencia que vendrían décadas después. Más que una revuelta aislada, fue una expresión temprana de organización popular frente a la desigualdad y el abuso del poder.
Sin embargo, la figura de Manuela Beltrán también está rodeada de silencios. No existe certeza absoluta sobre muchos detalles de su vida ni sobre su destino final. Durante años, incluso se llegó a cuestionar su existencia. Aun así, documentos como registros parroquiales han confirmado que fue una mujer real, cuyo gesto trascendió el tiempo y se convirtió en símbolo.
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El 16 de marzo, se cumplieron 245 años después de esta agitación popular, y el nombre de Manuel Baltrán vive en escuelas, universidades, plazas y relatos que reivindican el papel de las mujeres en la historia de Colombia. Aquel acto femenino, valeroso y rebelde definitivamente inspiró a José Antonio Galán y su organización campesina que sembró las raíces primigenias de las subsiguientes gestas independentistas que cambiaron la historia de un continente para siempre.
Porque antes de los grandes ejércitos, antes de los próceres y las batallas, hubo una mujer que, en medio de una plaza, decidió no callar.