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La lucha libre en Bogotá se niega a rendirse

La lucha libre en Bogotá se ha transformado con el pasar de las décadas, 'Águila de Plata', es uno de esos luchadores que se ha esforzado por mantener este deporte vigente.
Águila de Plata en competencia de lucha libre
Cultura
Crédito: Águila de Plata
Richard Hernández
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La primera temporada de lucha libre en Colombia, según un estudio de la revista de investigación en historia, arte y humanidades “Historik”, fue en 1948 en el Teatro Olimpia de Bogotá. El cartel de luchadores lo encabezaban el francés Constan Le Marín, el italiano Marconi, el japonés Sugi Chindo y varios nacionales liderados por Tarzán.

Al año siguiente, entre febrero y abril, señala la fuente que, Luis Duffo, un exboxeador profesional que se hizo empresario, presentó en la Plaza La Santamaría una temporada de lucha en la que figuraban: El Andarín, El Fantasma, El Chiclayano y otros siete gladiadores. Así se empezó a cautivar al público de la lucha libre.

Luego señala la revista que, en 1952, el Coliseo Cubierto de la Feria Exposición y la Plaza La Santamaría se convirtieron en las arenas más famosas de Bogotá. Allí luchó Bill Martínez, más conocido como “El tigre colombiano”, uno de los máximos representantes de este deporte, quien luchó en más de 43 países y ganó varios campeonatos mundiales.

“En estos escenarios también debutaron luchadores técnicos españoles y excampeones de lucha olímpica, grecorromana y profesional de Europa. En 1953 se presenció en Medellín la primera temporada de lucha libre y en 1954 en Cali”, concluye la investigación de “Historik”.

Luego, en la década de los setenta y ochenta, surgieron en Bogotá otros escenarios como La Sevillana por los lados de Puente Aranda, el Coliseo El Salitre y La Arena Bogotá, en la calle 19 con carrera 30, en el mismo lugar en donde se hacía en diciembre la feria del juguete. Otro escenario que también atraía gran público era el Palacio deportivo, en la avenida Caracas con calle 22, donde ahora funciona una iglesia cristiana.

El hijo del rudo

“Mi nombre es el Águila de Plata, soy hijo de la leyenda “El Destroyer” campeón centroamericano de lucha libre. Mi padre fue muy reconocido y admirado en la época dorada de esta profesión a pesar de que era un luchador rudo. Aunque no quería que siguiera sus pasos, fue él quien me inicio en este deporte que es bastante duro”, señala.

Águila de Plata no revela su nombre ni su rostro, que se encuentra cubierto por una máscara roja con la figura de un águila de color plateado. Mantener oculta la identidad real de los luchadores hace parte de la magia de este deporte.

Cuando Águila de Plata nació en 1977, su padre el Destroyer ya llevaba seis años como luchador amateur, por eso le tocaba presentarse en pequeños escenarios de barrios y pueblos. En el 1978, Destroyer conoció al “Demonio rojo” quien se convirtió en su padrino de luchas. Éste a su vez lo presentó con el “Rayo de plata”, que era uno de los grandes empresarios del medio.

En enero pasado El rayo de plata, cuyo nombre era José Paipilla, murió víctima del covid-19. Fue un gran promotor de la lucha libre en Bogotá gracias a que estaba muy cercano a los medios radiales. Llegó a tener su propia emisora “Ecos del palmar”. Apoyó a grandes voces como Fernando Calderón España, Florentino Meza, Óscar Abadía y Jairo Vera. También fue dueño de su propia arena al sur de Bogotá.

“El rayo de plata pone a entrenar a mi padre en días diferentes en los que lo hacen los luchadores profesionales (martes y jueves). Así duró como un año. Luego, cuando se dio cuenta que daba la talla, lo puso a debutar como profesional. Mi padre se convirtió en una de las grandes figuras de este espectáculo. Siempre estuvo programado para las peleas estelares. Se retiró en 1992 y ahora vive en una finca familiar en Albán (Cundinamarca), con mi mamá”, comenta.

En la década de los noventa, la lucha libre, que había gozado de una gran afición durante más de 30 años y que tenía su famoso slogan “Buses a todos los barrios”, fue perdiendo seguidores. El futbol, el boxeo, la televisión y la falta de patrocinio fueron dejando en el olvido a estos pintorescos personajes. Durante dicha década, la lucha libre estuvo a punto de desaparecer.

Luchadores como el mexicano Fantomas, que estuvo muchos años en Colombia, el peruano El alacrán, los españoles El olímpico y Abellí, el japonés Akio Joshihara. Los colombianos Memo Díaz y Plutarco, El Jaguar colombiano, El médico asesino, El siniestro, el psicodélico, Hércules negro, El carnicero Butcher, El buitre, Koreano, El olímpico, Espanto II y muchos otros, quedaran en la memoria de algunos aficionados que aún viven.

“En los años setenta con los amigos del barrio íbamos a la Arena Bogotá. Me llamaba la atención cuando apagaban las luces y salían Los enterradores, quienes eran llevados al ring en dos ataúdes y con un cortejo de antorchas. También estaba El infernal, un luchador estadounidense del bando de los rudos que, cuando iba ganando, no soportaba los chiflidos del público y tenía que taparse los oídos con las dos manos. Ahí era cuando su rival aprovechaba para recuperarse”, recuerda Ernesto Gómez, un viejo amante de la lucha libre.

La nueva generación de la lucha libre

Actualmente este espectáculo trata de no desaparecer gracias al esfuerzo de algunos hijos de los legendarios luchadores como los Gemelos halcón, El señor Sagitario y Terry Golden que siguieron con la tradición y han formado varias empresas y escuelas. También sobrevive La sombra del Ecuador, un viejo luchador que continúa promocionando esta actividad.

Águila de plata trabaja con la empresa SAW-WAG, Colombia propiedad de uno de los gemelos Halcón II y Wilson Pascuas. Esta sociedad cuenta con 25 luchadores que se vienen presentando desde hace siete años en el salón comunal del barrio San Fernando, un espacio que puede albergar unas 300 personas. Con el covid-19, han tenido que reducir el aforo y presentarse esporádicamente, mientras se supera la pandemia.

Mientras que la empresa de Terry Golden, “Equipos de lucha libre” se presenta en el salón comunal del barrio Policarpa. También en este lugar realiza su espectáculo la CWS propiedad del veterano La sombra del Ecuador. En Medellín y en Cali igualmente están tratando de revivir este deporte.

Mientras tanto “El águila de plata” continúa entrenando con esmero, como el día en que se inició en este oficio: “hay que tener buena resistencia física, mucho aire y buena respiración. Se hace mucha “cardio”. Practicamos las llaves, caídas y golpes. Otros compañeros (los que tiene recursos) lo complementan con ejercicios en los gimnasios”, señala

Sobre las llaves que se utilizan para dominar al adversario, El águila de plata dice que han evolucionado mucho. Cada luchador que iba saliendo inventaba una llave. Los mexicanos son los pioneros de muchas de ellas. Entre las más famosas se encuentran: La doble Nelson, la quebradora, la Tapatía, el tirabuzón, el candado al cuello, el abrazo del oso, la guillotina, la patada voladora y la campana, entre otras.

Aunque hay detractores de la lucha libre que dicen que todo es una farsa, muchos luchadores en la historia de este oficio han sufrido graves lesiones y algunos han perdido hasta la vida. Lo del espectáculo, es más, en la indumentaria y todo el show que rodea la subida al ring.

“De pronto hay un libreto que habla de una historia. Por ejemplo, El rayo de plata tuvo una rivalidad con Los enterradores y Los mandriles. Eso creaba una expectativa por muchos meses, hasta que se anunciaba el desafío que generalmente era: mascara contra mascara, cabellera contra cabellera, encadenados al cuello, enjaulados. A veces apostaban hasta el contrato. Las batallas campales se hacían al comienzo de las temporadas”, comenta.

Este heredero de la lucha libre espera que este deporte vuelva a despertar en las nuevas generaciones esa atracción que tenía en la época de sus padres. Porque todavía hay mucha gente que no sabe que la lucha continua vigente, no solo en México y Estados Unidos, y Japón, sino también en Puerto Rico, Guatemala, Panamá, Ecuador, Perú y Chile. Por eso, quiere intercambiar la cultura de la lucha libre en estos países.

“Hace dos años estuvo la famosa empresa mexicana AAA presentando un evento en el antiguo Coliseo El Campin. Ahí nos dieron la oportunidad de hacer un combate. La arena se colmó de público. Luego, en este mismo lugar estuvo la WWE de Estados Unidos, pero no fuimos invitados y también fue un éxito. Actualmente necesitamos patrocinio para que volvamos, como en la época dorada, a llenar grandes escenarios” concluye El águila de plata.

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