Desde San Martín de Amacayacu: la pareja que talló su futuro entre madera y tejidos de la Amazonía
En la comunidad de San Martín de Amacayacu, en plena Amazonía colombiana, cada pieza de madera tallada y cada tejido elaborado a mano cuentan una historia de resistencia, familia y amor por la cultura.
La historia de Johnny no comenzó en el Amazonas. Hace más de treinta años tuvo que abandonar su tierra natal en el Putumayo, empujado por la violencia y el conflicto armado que golpeó a muchas familias de la región. Como miles de colombianos desplazados, inició un recorrido incierto por la selva, pasando por lugares como Puerto Arica y Tarapacá, hasta llegar finalmente a Leticia.
Lo que comenzó como una huida terminó convirtiéndose en una nueva vida. En el Amazonas prestó su servicio militar, formó una familia y descubrió una habilidad que cambiaría su destino: la talla en madera.
Johnny pertenece al pueblo indígena ocaina, una cultura donde la talla hace parte de la tradición ancestral. Sin embargo, él mismo reconoce que nunca había trabajado seriamente ese oficio. Fue la necesidad la que lo empujó a intentarlo.
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Tomó un cuchillo, un trozo de madera y empezó a experimentar, poco a poco comenzó a descubrir algo que ni él mismo sabía que tenía: un talento natural para transformar la madera en arte.
“Yo mismo me sorprendía de lo que era capaz de hacer”, recuerda.
Desde entonces, la madera se convirtió en su herramienta de vida. Con ella crea máscaras, figuras decorativas, utensilios y esculturas inspiradas en los animales y la naturaleza del Amazonas.
Pero su historia no se escribe solo con madera, a su lado está Pastora Sánchez, su compañera de vida, una mujer ticuna dedicada al tejido con fibras naturales y semillas del bosque. Mientras Johnny talla las piezas, Pastora y sus hijas las transforman en collares, manillas y bisutería artesanal.
Así, en medio de la selva, han construido un trabajo en equipo donde cada uno aporta su conocimiento, la madera y el tejido se encuentran en sus manos, y juntos han logrado algo que para ellos es más valioso que cualquier reconocimiento: sacar adelante a su familia.
Gracias a las artesanías han podido educar a sus hijos, sostener su hogar y abrirse camino más allá de su comunidad. El trabajo de Johnny lo ha llevado a participar en ferias artesanales en ciudades como Bogotá, Bucaramanga, Medellín y Cali, donde ha compartido su talento y ha enseñado su oficio a otras personas.
En su pequeño taller de San Martín de Amacayacu también llegan turistas, estudiantes y jóvenes interesados en aprender. Algunos permanecen semanas escuchando sus consejos y practicando con madera de balso, la más suave para quienes empiezan.
Para Johnny enseñar es casi una misión, pero también le preocupa que las nuevas generaciones se estén alejando de los saberes tradicionales.
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“La tecnología les cambió la mente a muchos jóvenes”, dice con franqueza.
Por eso sueña con construir una casa-taller más grande, equipada con herramientas adecuadas, donde pueda enseñar la talla a niños y jóvenes de la comunidad. Un espacio donde el arte sea una alternativa frente al ocio, el alcohol o las drogas que poco a poco han empezado a aparecer en algunas comunidades.
Hoy Johnny trabaja con herramientas básicas y mucha paciencia: “Trabajo con las uñas”, dice en entrevista con Radio Nacional de Colombia, mientras muestra su pequeño motor y los cuchillos con los que da forma a la madera.
Pero su mayor riqueza no está en las herramientas, sino en el conocimiento que ha acumulado durante años, un conocimiento que comparte con su familia. Mientras él talla, sus hijos ayudan con los acabados y Pastora continúa tejiendo, enlazando semillas, fibras y madera en piezas que llevan la esencia de la selva amazónica.
En San Martín de Amacayacu muchas familias viven de la artesanía. Talladores, tejedoras y ceramistas sostienen la economía local con el conocimiento heredado de sus abuelos.
Johnny lo tiene claro: si ese conocimiento no se transmite, puede desaparecer, por eso insiste en enseñar, porque para él cada pieza tallada no es solo un producto para vender; Es una forma de preservar la cultura, de contar la historia del territorio y de demostrar que desde el corazón de la selva también se pueden construir sueños.
Y así, entre madera tallada, semillas del bosque y fibras tejidas con paciencia, Johnny Jiménez y Pastora Sánchez han construido algo más que artesanías: han construido un legado familiar.
Desde su hogar en San Martín de Amacayacu demuestran que el arte indígena no es solo tradición, sino también una forma digna de vivir, de resistir y de proyectar futuro.
Porque en cada figura tallada por Johnny y en cada tejido elaborado por Pastora se guarda algo más que trabajo artesanal: se guarda la memoria de sus pueblos y la esperanza de que las nuevas generaciones no olviden de dónde vienen.