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Los vientos de cambio en las tradicionales cometas de agosto

Mientras algunos colombianos elevan sus cometas durante el mes de agosto, cometeros aficionados disfrutan de este deporte durante todo el año.
Tradiciones
Foto: cortesía Club Kogui
Richard Hernández

Después de dos años de ausencia por culpa de la pandemia, los cielos de varios lugares de nuestro país nuevamente se ven adornados con los vistosos colores de las cometas. Este milenario artefacto volador, que nació en China y que inicialmente fue utilizado con fines militares, sigue siendo un pasatiempo para muchos colombianos.

Agosto, mes de los vientos, se ha convertido en la fecha ideal para elevarlas. La tradición de la cometa en Colombia nació como un entretenimiento familiar, sin embargo, en los últimos cuarenta años ha tendido una gran evolución.

“Hace más o menos 15 años, cuando comenzaron a llegar las cometas chinas al país, la cometa nacional y toda la iniciativa de las familias que la elaboraban en sus casas desapareció. Lo más maravilloso y mágico para uno como papá, era construirlas con los hijos y nietos y luego salir un domingo a elevarlas”, señala Luis Carlos León, un veterano cometero que lleva más de 40 años en este oficio.

También critica que, ahora cualquier vendedor ambulante va a San Victorino a comprarlas y se convierte en cometero. Además, dice que en Bogotá ya quedan pocos de los verdaderos practicantes de esta actividad.

“Las cometas tradicionales que nosotros fabricábamos en los años 70 y 60 era un hexágono que se hacía con guadua. Luego ese esqueleto se forraba con papel milano, el cual se pegaba con goma. Cada triangulo se cubría con un color. También se le hacia una especie de flecos alrededor. Luego se hacían los vientos, donde se anudaba la piola. Por último, se le ponía una cola hecha con trapo la cual era importante para darle equilibrio. A las más grande se les llamaba pandero o estrella”, cuenta.

Luis Carlos recuerda que para 1968, se encontraba vendiendo cometas en Los Héroes, en donde todavía no se había construido el centro comercial. En ese entonces él tenía 10 años y según cuenta, en ese lugar nació la venta de cometas en la capital del país.

“Ese mismo año llegaron ‘Los caleños’ que trajeron el famoso ‘chulo’, el cual lo hacían con una tela que llamaban coleta y era fabricada por Coltejer. Para armarla se utilizaba la flor de la caña brava que crecía a las orillas de los ríos, en tierra caliente. Entonces con eso palos se hacía la estructura. En el centro llevaba una puntilla descabezada y ahí se formaba el esqueleto de esa águila o chulo. Ahora hay cometas en que les dicen chulo, pero no tiene nada que ver con las antiguas”, cuenta.

Para en 1986, León se ubicó en la calle 63 con carrera 60, motivado por un concurso que organizó una emisora comercial. Por esa época se acabó la venta de cometas en Los Héroes. Todavía no existía el parque Simón Bolívar y en su lugar había un gran terreno en donde la gente comenzó a llegar a elevar cometas.

“En ese tiempo ya pasábamos a la cometa plástica que se hacía cosida en el mismo esqueleto de guadua de la cometa tradicional. Yo vivía en el Alfonso López y toda la semana nos la pasábamos haciendo cometas con mi esposa y mis hijos. Los sábados y domingos las vendíamos todas, Era mucha plata en esa época. Actualmente el negocio se dañó cuando llegaron las cometas chinas. Claro que no se puede negar que son muy bonitas y la mayoría vuelan bien”, señala.

Sin embargo, este cometero explica que también la pandemia lo perjudicó notablemente, porque la última vez que estuvieron vendiendo estos artefactos fue en agosto del 2019. A pesar de todo, continúa fabricando y diseñando sus cometas de diferentes estilos como las de ‘Superman’, ‘Batman’ y el ‘Hombre Araña’.

“Todavía hay mucha gente que viene y pide la cometa tradicional. Hay otro fabricante en el barrio San Carlos que todavía las hace. La gente las añora mucho”, concluye Luis Carlos León.

Las cometas gigantes

Gracias al Festival del Viento y las cometas de Villa de Leyva, que nació en 1975, y al Festival de verano de Bogotá el cual celebró su primera edición en 1997, muchos colombianos han tenido la oportunidad de ver a cometeros internacionales exhibiendo sus curiosas e ingeniosas obras. También estos certámenes han servido para inspirar a muchas personas en su creación y diseño.

“Hace 25 años nació el Club de Cometeros Kogui por iniciativa de Jorge Beltrán y cuatro aficionados más, que se reunían los domingos en el parque Simón Bolívar para elevar las cometas tradicionales. Luego, con más integrantes, empezaron a investigar sobre ese tipo de cometas que veían en el festival. En el año 2000 construyeron su primera cometa a la que llamaron ‘Pepa’, la cual medía 10 metros de alto por nueve de fondo”, señala Luz Myriam Bernal, integrante del Club de Cometeros Kogui.

En esa época, cuenta que los integrantes se reunían los fines de semana para fabricar las cometas. Entonces empezó a llegar más gente y creció el grupo hasta convertirse, según ella, en una gran familia apasionada por este deporte. Actualmente son 23 socios los que lo conforman, en donde se encuentran todavía dos de los fundadores: Jorge Beltrán y Luis Ruiz quien ya tiene 80 años y sigue volando cometas. Además, hay dos nietas de Luz Myriam.

Para volar este tipo de cometas, Luz Myriam dice que se necesitan sitos espaciosos como el Parque Simón Bolívar, al que ya no volvieron porque crecieron muchos árboles. También van a la represa del Neusa y de Tominé. En Bogotá afirma que cada vez los escenarios para volarlas son más escasos. El único parque donde pueden hacerlo es el del Tunal donde hay buen viento. Asimismo, cuenta que hay otros cometeros que están yendo a un parque en Fontibón.

“Nosotros volamos cometas todo el año porque se tiene la creencia de que se pueden elevar únicamente en agosto. Resulta que el viento está todo el año. Entonces con nuestras gigantes cometas nos empezaron a hacer invitaciones a diferentes partes del país. Hemos estado tres veces en el Festival de Verano de Bogotá y, en Villa de Leyva, en varias ocasiones hemos sido el show central”, comenta.

El dinero que reciben por esas presentaciones lo utilizan para comprar materiales que no se consiguen en el país. Actualmente, lo que hacen es importar muchas cometas porque es difícil hacerlas en Colombia. Generalmente se las compran a Peter Lynn que según Luz Myriam es uno de los mejores diseñadores y fabricantes de cometas del mundo. También traen algunas de China.

Actualmente tenemos al ‘Kraken Octavio’, un pulpo de 65 metros. Para elevarlo tenemos que volarlo todos los del club. Unas 10 personas se hacen en la línea (que sería la pita). Las otras personas casi siempre las mujeres, estamos pendientes de los tentáculos que son inmensamente largos. También hay que estar atentos a que le entre suficiente aire para soltarla. Nosotros siempre las volamos con un punto de anclaje, que puede ser un carro, un árbol o un poste”, señala.

Una cometa, como las que tiene el club, puede llegar a costar 3.000 dólares. De ahí el amor y cuidado que sus miembros tienen por ellas. A cada una le tienen su nombre: hay dos ballenas, una que se llama ‘La negra’ y la otra ‘Lupe’. También está el oso ‘Elvis’, el perro ‘Dogui’ y un caballo blanco al que le dicen ‘Burro’. En estos momentos la cometa insignia del club, es ‘Kala’ que mide 100 metros cuadrados.

Al comienzo cada integrante del grupo guardaba las cometas en sus casas y apartamentos. Ahora, con la fabricación y la compra de muchas de ellas, tuvieron que conseguir una bodega en Cajicá, donde también se almacenan las cometas para vuelos nocturnos.

Después de un año sin volar por cuenta de la pandemia, el club se volvió a reunir hace un mes y medio en el antiguo hipódromo de Los Andes para ver los ‘Aliens’, que es el nuevo proyecto de estos apasionados cometeros. También para preparar su próxima presentación en el municipio cundinamarqués de Mosquera en donde fueron invitados por la Alcaldía.

“Hay mucho cometero en Medellín, Manizales, Cali y Bogotá y usan todo tipo de cometas: deltas que no necesitan cola ni vientos; acrobáticas de dos o cuatro líneas; inflables, etc. Cada persona se adapta a un tipo de cometa. El concepto de las cometas en Colombia cambió. Ahora son muy grandes y coloridas, y de la cometa tradicional ya queda poco”, concluye Luz Myriam.

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