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El moño: danza, torbellino y coplas de una tradición en Santander

El moño nació de las montañas, cuando los campesinos le pusieron danza y ritmo a sus largos recorridos.
Tradiciones
Fotos: Brandon Díaz
Natalie Ramos

Un baile, una canción y 14 coplas son un verdadero moño, si falta uno de los tres, el moño no está completo. Así toma vida esta expresión popular y campesina que nació en las montañas de la provincia veleña en Santander, que llegará a las 63 frecuencias de Radio Nacional de Colombia este fin de semana en la emisión de “Historias”.

Claudia Mejía e Isaac Silva, folcloristas de esta región nos cuentan esta historia en coplas:

-Isaac- “Moño pa´ ella. En Santander una copla, en Antioquia es una trova, contrapunteo en los Llanos y todo es la misma joda”.

-Claudia. “Moño pa´ él. Tengo mi pañuelito de 25 colores, vamos a bailar con su permiso señores”.

Niños

La danza, los sonidos del torbellino junto a un verso entonado por él o por ella, tienen un nombre en esta región del país: El moño. El bailarín Daniel Mejía lo aprendió desde el colegio.

“Yo aprendí del moño a los 11 años en el colegio Uribe Uribe, allí también presentábamos las danzas con la guabina y el joropo”, recordó.

El “moño” nació de las montañas, cuando los campesinos le pusieron danza y ritmo a sus largos recorridos. Luego aparecieron las coplas, como versos de montaña a montaña y el último en llegar fue el sonido inconfundible del torbellino.

Relata Claudia Mejía que las personas se comunicaban con coplas diciendo: “amarre la vaca, coja café, diciendo queremos chicha”. Y sobre el baile explica Dolly González: “es un paso menudito, porque es como si fuera una carrerita con la que ellos iban amenizando su caminata”.

Cada año en los municipios de Jesús María y Albania se celebra esta tradición musical y cultural. Don Humberto Sierra es el genio de la fiesta.

El moño

“A las 6 de la tarde se quedaba libre y se organizaban cuatro o cinco vecinos con el requinto y el tiple, para ir a tocarle un ratico a la vecina y no dejarla dormir”, contó don Humberto.

La celebración, aunque era una costumbre cotidiana, nació un 6 de octubre de 1994, para congelar en la historia la existencia de esta forma del folclor.

“En el moño recogemos características importantísimas de un territorio, el requinto como hijo del tiple y el tiple como instrumento nacional”, detalla Mejía.

Según su fundador, las personas llegan desde las veredas más lejanas y preparan sus bailes para competir y ganar.

Después del baile lo más importante es que quienes llegan por primera vez al festival, sientan curiosidad por aprender, pues como dice el viejo adagio veleño: “el que nace en tierra veleña primero toca tetero y luego toca el tiple”.

El moño

Coinciden sobre eso Daniel e Isaac argumentando que “debe estar en la sangre de las futuras generaciones”, y para decirlo mejor en verso. “Cuando la copla se calle y ya no se baile el moño, para que el folclor no se acabe que los canten los retoños”.

Concluye Dolly invitando a que la celebración no desaparezca y que la tradición no se olvide pues “significa el amor que sintieron mis abuelos, y los abuelos de mis abuelos, con un baile en el que representaban su trabajo”.

 

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