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San Pedro en El Espinal: una tradición de cincuenta años

Cada San Pedro, el santo sale flotando sobre una lancha en la Caimanera, río Magdalena, y a su paso va dándole la bendición a cuanto creyente se lo pide.
San Pedro, una tradición de cincuenta años en El Espinal
Crédito: Hugo M. Nuñez B y Radio Nacional
Cenuver Giraldo

El Espinal, municipio en las llanuras de la región central del Tolima, es el escenario en donde se lleva a cabo una de las celebraciones más grandes del folclor colombiano y donde, desde 1973, un hombre de barbas blancas reencarna al mismísimo San Pedro, aquel venerado personaje mitológico en cuyo honor fueron nombradas las festividades tradicionales de este pueblo.

San Pedro, apóstol de Jesús en la tradición judeocristiana, es el poseedor de las llaves de los cielos y el mismo que recibe la temporada de lluvias cada 28 de junio, una fecha cercana al solsticio de verano, razón por la cual los indígenas a las orillas del Gran Yuma (Río Magdalena como le denominaban antes de la conquista) celebraban en estas fechas las fiestas de la cosecha.

Cada fecha de San Pedro, el santo sale flotando sobre una lancha o una balsa en las aguas del sector de la Caimanera en el río Magdalena y a su paso va dándole la bendición a cuanto creyente y cuanto borracho se lo pide.

San Pedro, una tradición de cincuenta años en El Espinal

“Mi abuelo fue uno de los primeros que se empezó a disfrazar de San Pedro y siguió esa tradición. Le siguió mi tío Augusto y actualmente es la persona que mantiene ese legado” cuenta Naryi Jaslín Cervera, familiar del antiguo y del actual personaje.

Fernando Cervera, padre de Naryi, también lo recuerda:

«"Mi papá fue una persona que amó el folclor, la música colombiana. De hecho, no lo tenía como negocio como artista, sino que tenía otro concepto que era mucho más personal: vivir la alegría de tocar un tiple después de que llegaba de su trabajo, si me explico. Ese concepto del tiple como instrumento armónico que te relaja. Pero pues él en algún momento hace como un grupo, unos amigos y como él tenía la calvita que es lo que heredamos todos, entonces le dicen “bueno, usted por qué no hace de San Pedro” y él dice “bueno pues hagámosle”».

Gustavo Cervera Ternera fue el primer hombre en ponerse bajo las túnicas de San Pedro. En su cotidianidad, Gustavo se desempeñaba como albañil experto en mampostería, topógrafo y arquitecto empírico. Era proveniente de Venadillo, pero se quedó a vivir en El Espinal donde les enseñó a sus hijos la importancia de participar en las tradiciones de un pueblo. Así lo recuerda Augusto Cervera, el tercero de sus hijos:

«Él lo alcanzo a hacer como unos siete años; muere y cuando… me decía: “hijo, si yo me llego a morir, sígalo haciendo que eso es un patrimonio nuestro, es algo de… es la alegría de un pueblo y eso también forma parte de la vida de los seres humanos”».

San Pedro, una tradición de cincuenta años en El Espinal

Fue en esas fiestas a inicios de los setenta, cuando en medio de los toques de tiple y de guitarra, los amigos de Gustavo le propusieron empezar la historia del San Pedro vivo y así lo hizo.

“Eso fue decir, una vaina muy apoteósica, sobre todo ver a mi papá en esas, si me entiende. Todo el mundo decía: ¡pero el maestro Cervera en esas! y él chévere, en su cuento de San Pedro y todo”, narra Augusto, heredero de la tradición.

“Tengo 73 años. Yo empecé a hacer de San Pedro a los 30 años. Estaba jovencito, buen mozo, buen marido” recuerda con una sonrisa pícara en el rostro. Desde ese momento comenzó y no ha parado de hacerlo. De hecho, espera que sea uno de sus catorce hijos el que continúe la tradición.

“Hay gente que llega y me dice… se me arrodilla, y me... San pedro, deme la bend... yo no sé si es por mamarme gallo y eso, pero entonces yo vengo y tan, les pongo la mano en la cabeza y dicen: hay, tan chévere, no sé qué… pero usted sabe que la mente lo hace todo” cuenta.

San Pedro, una tradición de cincuenta años en El Espinal

Vestido de túnica verde, color de la bandera de El Espinal, con unas llaves en el cinturón, el bordón, la barba larga que se ha dejado crecer desde febrero solo para esta fecha especial y la calva cubierta por el sombrero tradicional tolimense, es la celebridad a la que todo el mundo espera en medio del popular desfile náutico de todos los años. En el pueblo todo el mundo lo conoce.

“Por donde yo voy eso es fotos, fotos, fotos y sáqueme fotos, que, con el viejito, que con la viejita, que con la muchacha, que con el niño. No… eso es un camello, eso es un trabajo duro… pero hay que hacerlo con mucho amor” dice con orgullo Augusto.

El hombre al que es usual encontrarlo caminando descalzo en los pasillos de su casa, en la calle y en el mismo parque, dice que no cualquiera es capaz de “sentir lo que se está haciendo” como él lo hace: “hay que personificar el pueblo espinaluno, metérselo en su cuerpo y hacer lo que tiene que hacer por un pueblo tan hermoso como es este”.

En una ocasión, a la Alcaldía se le ocurrió cambiar al intérprete del personaje y entonces hubo revuelo en el pueblo y las fiestas estuvieron a punto de echarse a perder. Cuando los pobladores vieron en un vídeo a un hombre disfrazado, con barba postiza y haciendo la pantomima, inundaron las redes sociales cuestionando la decisión que, a juzgar por el mismo maestro, “debía tener algún tinte político”. En ese año, el mismo contratista de las fiestas tuvo que ir a buscarlo hasta la casa y rogarle para que se pusiera las prendas de santo. “Yo soy Santo, pero santo cachón” menciona entre risas.

Augusto, fue uno de los integrantes del legendario dueto Acosta y Cervera, también ha sido compositor de un centenar de canciones, muchas de ellas permanecen anónimas en su memoria. En la juventud fue boxeador y como muchos de su época, también fue un rebelde de ideas revolucionarias. Augusto fue integrante del M-19, la misma guerrilla a la que perteneció el presidente Gustavo Petro en su juventud y en la que se convirtió en un fehaciente seguidor de Carlos Pizarro, el comandante al que le compuso una canción y al que lloró tras su muerte en 1990.

San Pedro, una tradición de cincuenta años en El Espinal

El maestro Cervera, como le llaman quienes conocen de su larga trayectoria, fue el escultor del afamado monumento a la tambora de El Espinal, una obra que le reveló su padre en medio de un sueño a las tres de la mañana en alguna madrugada de los años ochenta. A la misma hora suele tener sus mayores revelaciones creativas. Cuando ocurre, se levanta pensando en una frase, en una canción o en alguna idea artística que corre a plasmar en su cuaderno de los apuntes.

Augusto vive de forma muy modesta, no lo trasnochan las riquezas ni los lujos. Más bien es un hombre sencillo como lo fuera el mismísimo Pedro apóstol. Eso sí, este San Pedro es dicharachero, gracioso y amigo del medio pueblo. No viene a evangelizar ni trae bendiciones o milagros, lo único que sí trae, es alegría pa´ la gente.

“Las fiestas son algo maravilloso y la gente se divierte, pero después el problema es cuando le pase a usted el guayabo papá, ¡San pedroooooo!”, grita.

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