Jacobo Vélez: los 50 años del Callegüeso y su mala maña
Puesto a hacer balances de toda una vida, el productor, compositor, cantante y saxofonista Jacobo Vélez Mesa se define como un amante de contar historias en el tiempo. Su crianza entre la intelectualidad de Caliwood le ayudó a definirse como artista, y le permitió poner en práctica esa sensibilidad que lo ha convertido en figura clave de los sonidos independientes tanto en su Bogotá natal como en Cali, donde se crió, en una labor alrededor de lo social y de músicas tradicionalmente invisibilizadas.
Una mezcla de asombros musicales tras haber conocido en vivo tanto a Hugo Candelario González y su Grupo Bahía como a Manu Chao en tiempos de Mano Negra, terminó por asentar esa inquietud. “Fui testigo de la presencia de Iván Benavides y el Bloque de Búsqueda”, cuenta. “Pude ver a Antonio Arnedo en ese cuarteto que revolucionó el jazz colombiano y escuchar a Totó La Momposina con La candela viva. Pensar que unos años después iba a estar tocando en Sidestepper con Richard Blair, el productor de Totó, y luego girando por el mundo con Sargento García, eso sólo me representa gratitud”.
Jacobo Vélez inició estudios en artes visuales y música en Cali, y de regreso a Bogotá profundizó en estudios musicales con énfasis en jazz. Durante varios años tomó clases en Cuba, donde conoció de cerca a los percusionistas de rumba que tocaban en los solares, al margen de los circuitos turísticos. “De regreso a Bogotá, gracias a amigos como Lucho Gaitán, me vinculo a un proyecto callejero llamado Mojarrear, luego Mojarra Frita y finalmente Mojarra Eléctrica”.
La irrupción de Mojarra Eléctrica en la escena bogotana a partir del año 2000 resultó determinante para el desarrollo de sonoridades independientes, basadas en la mezcla de músicas del Caribe y del Pacífico con jazz, funk, soul, hip hop y otras corrientes contemporáneas. Por esta agrupación pasaron artistas como Víctor Hugo Rodríguez, Carlos Valencia y Tostao, de ChocQuibTown.
A comienzos de la década de 2010, Vélez regresó a Cali y retomó sus raíces salseras y timberas con el proyecto La Mambanegra. Más allá de lo musical, se fue construyendo una mitología propia: la leyenda de un ancestro que enfrentaba espíritus con una flauta embrujada, la nostalgia por los buses de colores de Cali cargados de salsa y los recuerdos de la abuela junto a la radio.
Estas líneas conceptuales atraviesan las producciones de La Mambanegra, que ya cuenta con tres trabajos discográficos y un proyecto derivado, Mamba Latina, con énfasis en el formato charanguero, de violines y flauta. Como director del grupo, Jacobo Vélez asume el personaje del Callegüeso.
El periodista Juan Carlos Garay, autor de la crónica “Jacobo Vélez, de Bogotá a Cali”, publicada en el libro Iberoamérica Sonora (Universidad de Guadalajara, 2016), señala que con La Mambanegra, Vélez atraviesa un momento de madurez artística, forjado en la escuela de la calle y en una trayectoria por diversos escenarios, que lo consolidan como un músico poderoso y un ser humano sensible.
Y al hacer balance, el propio Vélez lo resume en una palabra: gratitud. “Medio siglo es demasiada vida. El físico se disminuye, pero aparece una nostalgia que permite amar distinto y agradecer por haber sobrevivido a todo, incluso a mí mismo”.
Este 31 de enero, Jacobo Vélez cumple 50 años de vida. Referente de la música independiente colombiana, es por ello el Artista de la Semana.