Escalona cumple 100 años: historias, parrandas y el origen de un mito musical
En septiembre de 2008, estuve en la casa de Rafael Escalona. Nos sentamos a charlar en medio de una sesión de fotos y video. El maestro estaba enfermo, y aún así, fue el Escalona de siempre. Nos invitó a parrandear, a tomar “tinto amarillo”, -como decía-, y hasta cantó un tema inédito grabado más adelante por Jorge Oñate. El maestro falleció en mayo de 2009 a punto de cumplir 82 años. En esta nota, que es un diálogo más que una entrevista, Escalona se explaya con su información y cuenta:
Por qué en el interior se escandalizaban con los versos vallenatos. Cómo solo silbando creó tramacazos musicales. Quiénes eran sus amigos, los de las canciones. Cómo surgió el Festival de la Leyenda Vallenata. Por qué anduvo tanto con políticos. Por qué le decía rocanrol al vallenato actual. Qué opinaba sobre las versiones de Carlos Vives. Cómo haría una letra de vallenato “Nueva Ola” o Cuál fue su mayor parranda
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Narró Escalona:
Cada canción mía es un cuento. Todas son verdades. En alguna que otra, echo ciertas mentiritas. Por lo regular todas mis canciones son hechos porque se han incrustado en la conciencia del público vallenato y de Colombia, hasta tal punto que orgullosamente como aporte a la cultura de mi pueblo, yo les brindo mi vida, mis canciones. En todas echo una historia, lo cual a través de la misma historia, ha ocupado un puesto prominente, sobresaliente en Colombia, tanto así que actualmente, lo nunca imaginado: nuestra música primitiva está representando cultural, musicalmente a Colombia ante el mundo. Ha desplazado todas las músicas de Colombia, sin quitarles mérito.
La música del interior es una música lírica, porque es una música que se trajeron los españoles, los virreyes. Aquí hubo confusión, todavía no faltan cronistas que dicen “cuando los españoles trajeron el vallenato”, eso es mentira, y el acordeón, pero eso yo lo llamo mentira. Mentira no, sino error histórico. Porque tampoco que los españoles, los alemanes y los italianos inventaron el acordeón. No, el acordeón vino a Colombia de la India y lo trajo un bisnieto de Marco Polo, y llegó no con los virreyes, llegó en el gobierno del presidente Núñez, ya a final del 800 y un acordeón que trajeron los hindú, no, a Europa, y allá los sabios alemanes e italianos lo fueron modificando dándole, y lo llevaron al terreno donde está. Claro, el acordeón es un instrumento, - esto casi que no lo saben-, es un instrumento incompleto, muy incompleto por eso es por lo que los grupos de vallenato cargan tres y cuatro acordeones, porque al acordeón no le cabe el pentagrama.
El acordeón vino a Colombia a fines del 800 con el gobierno del presidente Núñez, entonces, vino, lo trajeron los marinos europeos eso sí aquí, que vinieron a buscar, el intercambio pues, se vinieron a buscar el intercambio que estableció el presidente Núñez, estableció las relaciones comerciales, diplomáticas.
En las comerciales (quiso decir diplomáticas) fue muy fácil el cambio de misivas, papel. El comercial, lo único que teníamos era el oro, pero ya no existía porque lo que no se llevaron los españoles, se terminó en la guerra civil. Y quedaba en Colombia el dividivi, una planta que se usaba en esa época para la curtimbre de pieles, para tumbar el vello, la cosa, y a eso vinieron los españoles, y el marinero, analfabeta completamente, trajo su acordeón. No como la música el bambuco, el pasillo que esos sí eran de profesores diplomados, una cuestión lírica muy por lo alto.
Pero casualmente la deficiencia mecánica del aparato, -del acordeón-, le imposibilitaba para equipararse con instrumentos de pentagrama, pero quedó en el pueblo guajiro y comenzaron a formarse dinastías. Y de ahí en las arrios de mulas que iban de toda la costa, a las sabanas de Bolívar, iban a Riohacha (La Guajira), a buscar las baratijas que llegaban de Aruba, de ahí se vino el acordeón y comenzaron a formarse los grupos. Pero era una letra muy rudimentaria porque el compositor, entonces del pueblo, no tenía ninguna cultura, no eran como los líricos que trajeron los reyes, entonces por eso la subsistencia del pasillo del bambuco, de todos esos aires líricos, que se enraizaron en Colombia y que todavía forman el epicentro musical del interior de la República.
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-Maestro, con el paso del tiempo se han incorporado diferentes instrumentos al vallenato, usted ¿qué opina sobre eso?
La música vallenata es como todas las músicas del mundo, sencillamente, música. No importa el instrumento con el que se interprete. Afortunadamente nosotros, como te digo, heredamos la caja que ya existía aquí, la trajeron los negros, un instrumento africano; el carrizo, nacido aquí de los indígenas y el acordeón que como te cuento, que lo trajeron de Europa, llegó de La India y de Europa llegó aquí. Te acabo de hacer la narrativa histórica de cómo llegó. Entonces inicialmente lo que tenía el pueblo, esas dinastías: ellos no tenían como comprar una guitarra, un instrumento tan caro, ellos se adaptaron, ni ninguna cultura para conocer el pentagrama. Entonces ellos comenzaron exactamente cuando vinieron los españoles, se fueron, vinieron a buscar el dividivi, regresaron.
Ya quedó pues La Guajira extendiéndose, lo que te dije las arrias de mula que venían a buscar las baratijas que venían de Aruba a La Guajira y de ahí se formaron dinastías e iban emigrando los mismos, las arrios de mula y trayendo las mercancías, y así el acordeón ante el pueblo se fue popularizando. Pero en sí, no tenía entrada en la sociedad culta, porque como era hecho de macheteros, corraleros, leñadores, y en cada pueblo se estableció un acordeonero. Analfabetas todos. Unos eran hacheros, otros eran agricultores, sembradores de yuca, de maíz, otros eran limpiadores de finca con machete, -no había azadones-, con pala se hacía, y mira tú que era una música muy rústica. En cada pueblo existía un acordeonero y que cantaba de acuerdo a lo que sabía el pueblo, unos versos que la gente del interior decía: “¡Qué horror!”. Y por eso, eso no entraba aquí, ¿Por qué no? Te voy a cantar un verso de tantas canciones que cantaron en ese entonces, cantaron nuestros abuelos.
Por ejemplo, hoy ves tú, las canciones, inclusive las vallenatas, poco románticas, un lenguaje diferente. Ya casi todos los compositores vallenatos, ya son bachilleres, son abogados, son médicos. En ese entonces, una canción, en el pueblo mío existía un acordeonero: Mano Che. Parrandeó conmigo, y todos los de mi generación, que hay muchos vivos. Mira esta canción de Mano Che, en Patillal, mi pueblo. Decía:
“La mujer que yo coja la hago parir
que si no es por la boca es por la nariz
La mona me dijo a mí que le diera un tinajero
Un baúl de siete cuartas pero que fuera dijero
Porque yo soy el hombre que pongo a la mujer amarilla
De que la pongo la pongo
A caminar de rodillas”
“Qué horror”, decían los cachacos. Pero cómo iban a hacer otra canción si no podían. Ese era un lenguaje directo. Ponderación, se diosificaba, decía de lo que era capaz. El interés del hombre es hacerse dios, imitar a dios, hacerse grande. Y como esas canciones, canciones muy triviales, muy sencillas: “Que La Mona me mandó a mí una mochila pa’ que usara mis tabacos, que ella me hacía con tanto gusto” canciones así.
Para ese entonces se apareció un gran compositor, en gran parte fue mi maestro: Tobías Enrique Pumarejo, que ya era un muchacho bachiller de la alta sociedad de Valledupar, y ya tenía un vuelo diferente. Y después apareció un tal Escalona, que le metió bastante empuje a la cosa, estaba en desacuerdo con su familia… Y comenzó. Y comencé a hacer canciones porque me gustaba hacerlo. Porque ya me di cuenta de las cosas, de las crónicas de periódicos.
Las canciones mías reemplazaban las crónicas periodísticas. En mis crónicas musicales, yo, todas mis canciones son cuentos, son cuentos vividos. Todas pues, dicen un detalle, una historia, algo cotidiano. Y con personajes que existen, que vivieron. Como te digo, casi no invento cosas. De vez en cuando cualquier mentirita que hay que echarle a una muchacha, pero por lo regular, todo es verdad. Entonces eso pasó, yo conservé mi estilo, porque hoy en día tú verás que casi nadie echa un cuento.
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-Maestro ¿A qué edad empezó a hacer canciones?
Comencé a hacer canciones de 13 años. Todavía canciones que hice desde cuando comencé, se cantan, están en moda. Que La Molinera, que La Brasilera, que La Patillalera, que La Maye, El Arco Iris, todas esas canciones, y se repiten en todas las parrandas.
-Y se reinterpretan también ¿no? Es el mejor premio que recibo diariamente: la recordación, la consagración.
¿Cuándo conoció a “Colacho” Mendoza?
“Colacho” lo cogí yo de niño. Tenía 13 años y duró 17 conmigo. Yo le enseñé todo pues lo que yo aprendía, porque oía y ponía a los viejos acordeoneros a que me tocaran las cosas de antes. Entonces yo tengo una cultura generalizada sobre el conocimiento de esos viejos.
Cuando empezó a hacer canciones, ¿había alguien que fuera como un acordeonero o algún compañero musical? No. Yo comencé con el silbido. No toco ningún instrumento. Y yo así, a cualquier acordeonero le silbaba. Mi instrumento es el silbido. Silbo y pongo la letra de una vez.
¿Se acuerda la primera canción que le grabaron?
Me acuerdo que comenzaron, pero mal grabadas, porque el vallenato tenía poco contacto con el interior. Por eso, porque no tenía una aceptación pues exigida, y entonces era la música caribeña, mucha influencia de la rumba cubana y a eso se dedicaban los cantantes y los trío que había, los conjuntos. Pero entre los primeros, los que popularizaron el vallenato, fueron Bovea y sus Vallenatos. Comenzó con Buitrago, con gran influencia de un gran cantante que todavía existe: Alberto Fernández. Ellos grabaron el primer disco: Los Cantos Vallenatos de Escalona. Estoy yo en la portada. Bovea tenía en Barranquilla su programa y decía... Guillermo Buitrago un buen cantante y compositor de música, pero música caribeña como te digo. Entonces ahí se reunían los domingos todos los provincianos a escuchar.
Alberto vivía en Valledupar conmigo y cuando yo me vine al Liceo Celedón, muy muchacho, él vivía en mi casa -ahijado de mi mamá-, y todavía no tenía el colegio. Cuando yo me vine, él se vino. Entonces, Alberto es de un pueblo de Valledupar, Atánquez: única región donde se cultivaba la guitarra.
Allí se usabanla guitarra porque Atánquez está incrustado ahí mismo en La Nevada, (en La Sierra): el pueblo de los Chimila, de los Arhuacos, de los Kogui. De las grandes tribus, y ahí llegaron comisiones desde principios de siglo, del 800. Llegaron ya a fines del siglo –el acordeón es del 800- . Y llegaron holandeses en unas excursiones de carácter investigativas, culturales, y llevaron su servidumbre, y su guitarra, su instrumento. Entonces, formaron ya factorías y volvieron más expediciones y ya más música. Y la servidumbre ya comenzó, y comenzaron a tocar música alemana, francesa, cosas…los miembros de las familias desde luego, y ahí quedó que se anidó el…allá no era sino la música indígena, la flauta. Vino el momento en que ya se popularizó y creció la población y ya cantaban los nativos sus canciones. Entonces allá siempre se cantó canciones de otras regiones. Y Alberto es de una familia – y racialmente se da uno cuenta- de los holandeses la raza, porque son altos, blancos, de ojos verdes, ojos azules. Entonces, cuando llegaban a Valledupar, con los que usaban la guitarra, el vallenato no se hizo con acordeón sino con guitarra.
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¿Se acuerda cómo se llamaba el disco que grabó Alberto Fernández?
Sí. Ese es un disco que dice Los Cantos Vallenatos de Escalona. Está el prado, está un bus, es un colegio Saint Mary (Barranquilla). Estoy yo parado: una parada de gangster. Ah bueno. Alberto llegó como te digo, al parque donde Buitrago cantaba canciones caribeñas y se acercó, por la cuestión de la guitarra. Que no era acordeón. Ya se hizo amigo del grupo, y comenzó a enseñarles. Entonces, todo ese personal, ese público provinciano en Santa Marta, que iban a escuchar, entonces, se entusiasmaron más y se multiplicó el público oyente. y ya entonces, les enseñó vallenato y comenzaron a cantar vallenato y se multiplicó. Luego, murió Buitrago y quedó Bovea -que era la segunda guitarra-, quedó como primera, y ya grabaron un disco donde aparezco yo junto a un bus de un colegio, el colegio Saint Mary, y llevo una mano en el bolsillo, parezco un gangster. La foto muy buena. Ninguno sabe que esa foto la tomó Alejandro Obregón, que era compañero de parranda mío en La Cueva, con Gabito (García Márquez) y Alfonso Fuenmayor…Fíjate la historia que tiene todo eso.
Y de esos amigos, ¿cuáles son los que más recuerda con cariño y con nostalgia?
Hiciste una pregunta muy buena, viste. Por ejemplo, Gabito dice públicamente, el libro que me dedicó en Estocolmo, pone: “Rafa Escalona, la persona más importante que conozco”. Yo no me jacto. Me siento orgulloso. El Doctor López entre tantos, dice que “Todos conocemos que todas las personas tienen un santo, pero Rafael tiene un cipote de santo, cipote de ángel”
Seguramente el público se imagina, y con razón, con bastante razón, que yo voy a nombrarles personajes que, por su posición adquirida en el mundo, en su país, en sus actividades, bien sea políticas, culturales, empresariales, han escalado en Colombia. Tengo la suerte de tener esa suerte. Pero tengo amigos humildes también. Tengo contingente que me llena de orgullo. Entre todos los amigos míos, sería un ingrato si no nombrase pues los conocidos de mi niñez, juventud, fuimos escalando posiciones cronológicas, personales, culturales. Pero entre los amigos de mi niñez, pues tenemos a Jaime Molina. Tenemos a Miguel Canales “El Pobre Migue”: que está en la montaña, que tiene tiempo que no sale, que tiene barba como un padre y pelo como un indio. Tenemos a Poncho Cotes, mi profesor; al profesor Castañeda. Tenemos en Valledupar a muchos patriarcas mayores que yo en ese entonces. Tengo a todos Los Molina, padre e hijos, los Pavajeau, los Castro.
Y luego, pasaban los años, y yo iba adquiriendo relaciones. Entonces, no por razones de mi profesión sino de mi afición a la música, ya comencé a hacer canciones. Se popularizaron. A la gente les gustó. No solamente a los nativos, a los Vallenatos, sino también a los forasteros de otra parte, como decía un compadre vallenato mío. Ya conocí personalidades de todas partes de Colombia, que parece que el anzuelo fue el vallenato, porque creo que, si no hubiese sido compositor, me habría convertido en uno más del montón. Un buen ciudadano, criador de ganado, agricultor, bueno, eso es muy honroso ya que Valledupar fue primer centro ganadero y agrícola de Colombia. Ocupó el primer puesto en ganadería, en arroz, en algodón. Pero parece que, en determinado momento, anduve por otro sendero jugando, o me inicié, que me dio esa popularidad que hoy tengo. Me dio la oportunidad de sentirme en un mundo diferente a lo común. Como todo ser humano, pero la misma humanidad se encargó de establecerme cierta diferencia en la persona común, y me salió a flote eso de compositor, lo cual me ha traído inmensidad de amigos, de admiradores, como dicen en las ciudades: de hinchas. Y me ha dado la oportunidad no solamente de hacer conocer mi nombre en los continentes, - ya todos - sino el de Valledupar. Me siento muy orgulloso de haber colaborado en que Valledupar hoy sea, se considere como un centro cultural, de los más famosos del país. Tanto así, que actualmente está en una posición como representativa cultural pues de las músicas más famosas del mundo. La parte cultural, folclórica está el folclor vallenato antes que todo. Es decir, desplazó muchas músicas de origen extranjero y se ha ubicado como la exponente número uno del folclor del país ante el mundo.