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Foto: Pixabay.

¿Cómo afrontar un duelo en épocas de Covid-19?

Por: María Camila Sánchez.

Durante la emergencia decretada por el Gobierno Nacional ante la propagación del Covid-19 muchas prácticas, costumbres, hábitos y hasta rituales cambiaron, incluyendo la forma en la que la mayoría despiden a sus muertos. Funerales, entierros, servicios exequiales, entre otros ahora son imposibles, puesto que, por disposición de las autoridades, dichos encuentros no pueden efectuarse por la aglomeración de personas que se generaría.

Sin embargo, despedir a las personas fallecidas a través de un rito o ceremonia es una práctica que data desde la prehistoria, como una forma de exaltar la memoria de aquel que se fue y un último adiós para sus allegados; una práctica que contribuye al cierre de una etapa y a la asimilación de la pérdida de esa persona.

La ausencia de dichos ritos hace que el dolor se incremente y sea aún más difícil de asimilar la muerte de un ser querido, ya que “los rituales tienen varios propósitos, pero uno de los más importantes es conectar a la persona con la pérdida, con el dolor, con la realidad que acaba de ocurrir”, explicó Monserrat Lacalle, profesora colaboradora de la Universidad de Cataluña de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación en entrevista con el programa Contacto Directo.

“Los rituales están presentes en nuestra vida mucho más de lo que creemos y nos ayudan a ordenar lo que ocurre y nuestras emociones. Los rituales funerarios favorecen a la aceptación de la pérdida y superar la negación de esa muerte”, dijo.

Aunque en nuestra cultura es usual darle una mirada al difunto y conservar la imagen de la persona fallecida, no siempre será la práctica más recomendada ya que en ocasiones “la persona podrá recordar a la persona muerta y continuamente vendrá a la mente la imagen del féretro de forma inevitable”. Por lo anterior, la ausencia de ver el cuerpo de la persona fallecida ayudará a conservar una imagen viva del difunto.

¿Qué hacer para reemplazar ese ‘último adiós’?

En este momento, los procesos de duelo son mucho más difíciles ante las restricciones de ceremonias religiosas y culturales masivas, por ello, es recomendable establecer nuevas prácticas y otras alternativas.

“Hay que buscar en cada familia un espacio particular para que se haga una despedida simbólica particular. Deben hablar del difunto, recordarlo con una canción, expresar lo que se siente y llorar; hay que invitar a las familias a esos consensos en los que se puedan conectar y compartir a través de videoconferencias o llamadas telefónicas”, insistió Lacalle.

Darle el último adiós a los seres amados es parte de la práctica cultural de los seres humanos, pues así se cierran ciclos y bajo cada creencia, se le da un ‘último adiós’ o un ‘hasta pronto’. Por ello, reemplazarlo con alternativas que incluyan a toda la familia y a sus allegados será fundamental para afrontar de mejor manera la pérdida y el duelo venidero.

“Parte del proceso del duelo es despedir al ser amado, esta despedida debe ser diferente y tenemos que empezar a manejar nuevas formas de despedirnos para enfrentar el proceso de duelo. Es normal que en este proceso haya un bombardeo de emociones y por eso debemos aprender a canalizarlos”, indicó María Teresa Geithner, psicóloga especialista en duelo de la Fundación Vida Por Amor a Ellos.

¿Cómo ayudar a alguien en duelo?

Durante el momento del duelo el acompañamiento es clave, por eso es importante hacer uso de herramientas digitales que acorten las distancias y que aproximen a aquellos más cercanos al difunto. Se recomienda estar pendiente de aquellas personas más afectadas, dejarlas expresar y sobre todo, escucharlas sin intentar querer recomendarle cómo debería sentirse o qué debería pensar sobre la partida de su ser amado.

“La mejor manera para ayudarle a alguien a superar el duelo es acompañarla y hacerle manifestar sus sentimientos. No se le debe decir qué pensar o sentir, hay que hacerlo sin juzgar”, insistió Lacalle al explicar que acompañar implica ir al ritmo de la otra persona sin presionarla a que supere su dolor.

La ausencia de una compañía social incrementa el dolor durante el proceso de duelo en esta emergencia, ya que por naturaleza, el ser humano es sociable y requiere de compañía, aún más en momentos difíciles. Abrazos, besos y caricias, más allá de ser simples expresiones de afecto, generan la emisión de hormonas que contribuyen a la sensación de bienestar y tranquilidad, y por esto se hace necesario identificar nuevas prácticas a la distancia para expresar dicho afecto.

“Sentirse solo y no contar con el abrazo que podría haber tenido en una funeraria hace que el proceso sea más difícil. En esos momentos de dolor siempre se quiere tener a una persona cerca para abrazarse, pero hay que buscar formas novedosas para acompañar ahora a las personas y las herramientas tecnológicas se convierten en una buena alternativa”, dijo Geithner.

¿Cuándo acudir a una ayuda?

“Cuando pasa el tiempo y la sensación de la persona no cambia con el tiempo es una señal de alerta”, indicó Lacalle al explicar que dicha sensación puede ser percibida no sólo por la persona afectada sino también, por aquellos que están a su alrededor.

Según la psiquiatra Elizabeth Kubler el duelo consta de las siguientes etapas: primero la negación, segundo la ira o el enfado, tercero la depresión, y finalmente la aceptación. Para Lacalle, una señal de alerta será cuando una persona se queda estancada en una de estas fases y no logra salir de ella.

“En esas fases hay vivencias emocionales muy distintas y todo esto hace parte del duelo normal. Si una persona se instala en una de esas fases sin cambio en el tiempo será una alarma para buscar ayuda”, dijo Lacalle.

Todos los duelos son normales, las personas tienen capacidad de afrontar las pérdidas con recursos psicológicos diversos, pero se debe ser consciente que el proceso implicará experimentar un dolor y un sufrimiento particular. Este proceso se puede complicar cuando se insiste en que la muerte del ser querido no debió ocurrir o en continuar la vida como si tal suceso no hubiese pasado.

“Tenemos que permitirnos sentir y respetar nuestras propias emociones. De esta forma los procesos de duelo serán más sanos a pesar de lo doloroso que resultan”, puntualizó Lacalle.