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Foto: Sandro Sánchez- RTVC.

Un apóstol de la cultura

Jaime Andrés Monsalve

Por: @Jamon_Salve - Jefe de programación musical de Radio Nacional de Colombia

Para Álvaro Castaño Castillo, “el periodismo cultural es un apostolado”. Y que lo diga él, que en 1950, arañando sus ahorros, compró con su amigo y socio Gonzalo Rueda Caro una casita en zona rural para instalar la antena de la que sería, a partir de 1950, la llamada “Emisora para la inmensa minoría”, como lo anuncia el mismísimo Álvaro Mutis en la célebre pieza de presentación de aquella radio.

Hasta hoy, incluso luego de su salida del dial en noviembre de 2005, la emisora HJCK sigue siendo un baluarte de música y cultura en el imaginario colombiano, una radio pionera de las sinergias mundiales al servicio de Bogotá y de las iniciativas privadas con sentido edificante.

Ayer en la noche, Álvaro Castaño Castillo nos dejó a sus 96 años. Poco antes de recluirse en su casa de manera definitiva, quiso que el impresionante acervo de voces y entrevistas realizadas durante 66 años en la HJCK quedaran en manos de todos los colombianos. Por ello, en 2013, él y su familia decidieron dejar en manos de la Fonoteca de Señal Memoria de ese importante bien patrimonial: los soportes físicos de cientos de miles de personajes que pasaron por aquel dial. 

En marzo de 2014, la entrega en las instalaciones de RTVC de 15.000 archivos sonoros en formato análogo constituiría el primer paso de una tarea que hoy continúa gracias al proceso de restauración, digitalización y divulgación de dichos archivos gracias al Sistema de Medios Públicos.

Foto: Sandro Sánchez- RTVC.

Foto: Sandro Sánchez-RTVC

El plan de recuperación del archivo sonoro de la HJCK está proyectado para 4 años. Mensualmente la Fonoteca de Señal Memoria recupera 200 documentos sonoros, lo que a la fecha permite hablar de unos 6.000 piezas recuperadas, soportes que contienen programas legendarios como Carta de Colombia, Revista Dominical, Curso de Apreciación Musical y El Mundo de la Música en el Mundo, entre otros. 

Cuentan que tan pronto Castaño y Rueda Caro adquirieron aquel inmueble, la primera persona en tomar una escoba para asearlo fue doña Gloria Valencia de Castaño, la eterna primera dama de la televisión colombiana, compañera de toda la vida de don Álvaro. Aquella historia de amor siempre será otro de los motivos por los que se recordará por siempre a este cachaco de ley, siempre caracterizado con su tradicional foulard y su pinta de ´”dandy” bogotano.  En esa ciudad nació en 1920, y hasta ella trajo al mundo entero en el dial de HJCK, gracias a una red de corresponsales internacionales que no eran otra cosa sino buenos amigos que desinteresadamente le ofrecían sus oficios al viajar o al residir fuera del país. 

Más allá de la impresionante selección musical de una radio caracterizada por difundir la música académica en todas sus vertientes las 24 horas del día, Álvaro Castaño Castillo fue un pionero en la gestión de recursos para la cultura desde el sector privado. Cuentan que en tiempos en que la única “competencia” de la HJCK era la Radiodifusora Nacional de Colombia, hoy Radio Nacional de Colombia, Castaño y sus socios tuvieron que apañárselas para conseguir financiación de las agencias de publicidad cuando nadie le apostaba a esos contenidos.

Para ello, se inventó a un patrocinador ficticio llamado Colchones El Reposo, que se supone pautaba en los últimos espacios de la noche. Naturalmente, si una fábrica de colchones podía hacerlo, terminaron pensando los eventuales patrocinadores de la HJCK, ellos también tendrían que acometer ese deber. Y si de patrocinios se trata, imposible olvidar cómo el mismo Álvaro Mutis terminó pagando cárcel en México por supuestamente malemplear fondos de la Esso, donde trabajaba como jefe de relaciones públicas, empleando dineros en iniciativas culturales no aprobadas por la multinacional, entre ellas un programa en la HJCK.

Mutis y Gonzalo Rueda Caro fueron apenas dos de los socios y amigos que llevaron a buen puerto, junto a Castaño Castillo y familia, la aventura de “El Mundo en Bogotá”. A su lado se mantuvieron firmes también Eduardo Caballero Calderón, Hernán Mejía Vélez, los hermanos Hernando y Alfonso Martínez Rueda, y una serie de entrañables y eternos programadores, algunos con la veteranía y experticia de Roberto Rodríguez Silva, otros formados en la misma casa desde muy jóvenes como Miguel Hernández.

El primer dial de la HJCK fue el 1160 del AM, hasta principios de la década de los 80, cuando llegó a los 89.9 del FM. Una vez cedido el dial, consciente de las posibilidades de alcance de internet, Castaño Castillo decidió que “El Mundo en Bogotá” ahora sería “Bogotá en el mundo”.

Álvaro Castaño Castillo le rindió culto a la amistad a lo largo de toda su vida. No era extraño verlo planificar cenas y viajes. Su interés por la historia cobraba visos vivenciales cuando viajaba con sus amigos a diferentes lugares del mundo. Buena parte de esos gratos recuerdos quedaron escritos en columnas y artículos para diferentes medios de comunicación.

Foto: Sandro Sánchez- RTVC.

Foto: Sandro Sánchez-RTVC

Hombre de reconocida pero inocente coquetería con las mujeres y gourmet a toda prueba (decía adorar las trufas a la ceniza, pero no despreciaba un buen puchero), también fue un amante de la naturaleza y de la fauna, como lo comprueba el hecho de haber dirigido a su esposa, doña Gloria Valencia, por más de 25 años en su programa de televisión “Naturalia”.

Quienes conocieron bien a Álvaro Castaño Castillo saben que también tuvo sueños de poeta. En una nota  publicada por el diario El Tiempo acerca de sus 90 años, citaban justamente unos versos con los que honraba su longevidad: "No tengo presa mala y me preparo/ para llegar al deslumbrante faro/ de mis cien primaveras. Falta poco". No pudo ser en lo físico, pero más de cien primaveras durará su recuerdo.