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Tiempos de radio: un recorrido por la evolución de la caja sonora

Por: José Perilla.

Luego de superar una etapa experimental que se remonta al siglo XIX, la radio se consolidó en los años 20 alrededor del mundo para convertirse en el medio de comunicación de masas más importante en las décadas centrales del siglo XX. Frente al límite que el analfabetismo impuso a la prensa escrita y la inmediatez que representaba la transmisión inalámbrica de sonido frente a la compleja producción de imágenes, la radio se convirtió en un apetecido medio, bien para el ejercicio comercial, el educativo, el político o el cultural.

La historia tuvo un quiebre el 7 de mayo de 1895 cuando el ingeniero ruso Aleksandr Stepánovich Popov presentó en sociedad un detector de ondas electromagnéticas. Poco después, el 24 de marzo de 1896, Popov transmitió el primer mensaje telegráfico entre dos edificios de la Universidad de San Petersburgo. Así, el ruso se impuso ante el italiano Guglielmo Marconi quien, no obstante, ese mismo 1896 obtuvo la primera patente. Después de montar la primera emisora del mundo en la Isla de Wight en 1897, Marconi emprendió un rápido avance que le permitió, en 1899, hacer una transmisión entre desde el Reino Unido hasta Francia y, en 1901, transmitir el sonido de la ‘s’ a través del océano Atlántico. La suerte estaba echada y el mundo iba de rumbo a la globalización definitiva.

Marconi’s Wireless Telegraph en el Reino Unido, donde surgió la British Broadcasting Company en 1922, que poco después fue Corporation bajo regulación estatal; Telefunken en Alemania, donde se consolidó el Deutsche Rundfunk, servicio nacional de radio, antes del ascenso de Hitler al poder en 1933; o la Radio Corporation of America (RCA) en los EE.UU, creada por empresas privadas en 1919 y que más tarde, en 1926, dio origen a la National Broadcasting Company, NBC, a la que se sumaron Columbia Broadcasting Service, CBS, en 1927; el Mutual Broadcasting System, MBS, en 1934; y la American Broadcasting Corporation, ABC, que se creó en 1943. Estas y muchas más en el mundo fueron las empresas que empezaron a capitalizar las inversiones previas en investigación y experimentación, y cuyas directrices y desarrollos definieron los formalismos en el plano internacional de la radio desde los años veinte en adelante.

En un marco compuesto por diversos conflictos que redefinieron el orden geopolítico internacional, las naciones dieron aún mayor impulso al tortuoso proceso de su propia definición interna de la mano con la preocupación por el reconocimiento externo de su soberanía. En uno y otro sentido, la radio fue decisiva. Tan importante era difundir y consolidar valores y costumbres nacionales ante la propia población, como proyectar una imagen de unidad y desarrollo ante la audiencia del extranjero. A esto hay que sumar la efectividad comercial que mostró el espectro radial, lo que llevó a un crecimiento exorbitante. En EE. UU, para inicios de 1921 había un puñado de emisoras. Hacia finales de ese año eran 32. Para 1945, más de 800, enfocadas casi todas en la explotación comercial.

En Europa occidental, por otro lado, primó el interés público con la BBC como mayor referente. Su caso fue paradigmático en relación con la independencia de contenidos tanto en el plano político como en el mercantil. El Estado daba soporte financiero a la emisora según las tendencias de receptores y tomaba parte de la junta directiva. Pero la BBC era orientada por intereses y perspectivas de ciudadanos ajenos al gobierno. Este no fue siempre el caso. El ascenso de regímenes fascistas mostró otra faceta en el uso propagandístico de la radio. Una vez consolidado el poder de Iosef Stalin, entre 1929 y 1933 la URSS pasó de tener 22 mil receptores a más de un millón. Casos similares se dieron en Italia con el EIAR, Ente Italiano per le Audizioni Radiofoniche y el Rundfunk alemán, entes que centraron la oferta de contenidos en la propaganda de Estado y la organización civil.

En Latinoamérica las dos tendencias hallaron promotores. Desde los pasos pioneros dados en Argentina el 27 de agosto de 1920 con la transmisión de Parsifal, ópera de Richard Wagner, desde la azotea del Teatro Coliseo de Buenos Aires, se inició una carrera entre la iniciativa privada, proyectada en las posibilidades comerciales del medio, y la regulación estatal que veía en la radio un medio efectivo de educación y promoción cultural y política. En la mayoría de los países los dos procesos se desarrollaron de manera paralela. El fortalecimiento de la radio en México, Cuba y Argentina, hicieron de sus emisoras referentes continentales de programación y entretenimiento basado primordialmente en el fértil encuentro que tuvo la radio con la industria musical.

El caso colombiano fue relativamente tardío si se tiene en cuenta que fue solo hasta 1929 cuando se consolidó la primera emisora, HJN, con lo que el Estado quiso ponerse a tono en el concierto de las naciones. El proyecto, sin embargo, se fue a pique pocos años después, en 1937. Sobre la experiencia del fracaso, por un lado, y en medio de las tensiones internacionales de la Segunda Guerra Mundial, el 1 de febrero de 1940 se inauguró la Radio Nacional de Colombia, con sede propia especialmente diseñada para su desarrollo, ubicada en inmediaciones del Cementerio Central de Bogotá, en el cruce de la Avenida Caracas con Calle 26.

Radio Nacional se inició como un proyecto estandarte de las políticas culturales desarrollados por los gobiernos de la República Liberal (1930-1946), periodo que, como lo afirma Renán Silva, fue “el primer gran paso de la sociedad colombiana hacia la modernidad cultural, no solo porque extiende la idea de ‘necesidades culturales’ a todos los miembros de la sociedad, incluidos los pobres y ‘aldeanos’, sino ante todo porque toma de manera decidida el camino del uso de los modernos medios de comunicación…”.

Una afirmación que tiene tanto de largo como de ancho y que bien merece discusión aparte. La tendrá. Porque el desarrollo de Radio Nacional aún está por contarse y es lo que haremos paso a paso durante 2020 a propósito de los 80 años que completa la institución. Sus altibajos, sus enseñanzas y aprendizajes, los rastros que ha dejado a nivel documental y las memorias que guardan los colombianos sobre su emisora nacional, todo hará parte de esta celebración.