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Foto: Diego Cuervo.

Job Saas, una leyenda viva del reggae colombiano

Por: Diego Cuervo

Hacia los años de 1800, cuando San Andrés fue colonizada por los ingleses, llegaron al archipiélago cientos de hombres africanos, que en contra de su voluntad, fueron sacados de sus tierras, despojados de su cultura y vulnerados de su identidad. Fue en ese momento en donde solo la música les brindó la posibilidad de vivir y los ritmos se hicieron indisolubles.

Gracias a aquel legado implícito que dejaron aquellos habitantes, la música es parte de la identidad de la isla, fuente de inspiración para artistas como Job Saas que, a través de los ritmos caribeños como el reggae, mantiene más viva que nunca la tradición sonora de estas tierras.

Cuarenta años atrás comenzaba esta historia de Saas en una presentación del colegio. Con dos canciones de Bob Marley (‘No Woman No Cry’ y ‘She’s Gone’) deslumbró con su talento a niños y grandes que desde ese momento, ya lo veían como una de las grandes promesas de la música de la isla.

Años más adelante, Job sería uno de los fundadores de la legendaria banda The Rebels H.B, el primer grupo de reggae del país, que además con influencias de ritmos como el mento y el calypso, grabó cuatro discos y tuvo presentaciones en Estados Unidos y países de Europa. Esta banda fue la responsable de que, en los años 80, la música originaria de Jamaica llegara al interior del Colombia.

Foto: Diego Cuervo.

Por ello, hablar de reggae en Colombia y San Andrés es hablar de Job Saas, que luego tantos años de trayectoria sigue cantando y bailando con la misma energía con la que empezó.

“La música nació en mí de forma espontánea, me permitió encontrarme conmigo mismo y con mis ancestros. Siempre quise trasmitir el amor y el respeto por la humanidad, que no existan diferencias, que seamos todos hermanos”, cuenta Saas.

Cuando la batería retumba, el bajo da sus primeras tonadas y el micrófono se enciende, es precisamente eso lo que transmite la música de Job, una sensación de tranquilidad que recorre todo el cuerpo, que hipnotiza a propios y extranjeros que lo escuchan y que por alguna mágica razón, se combina perfectamente con la inmensidad del mar Caribe.

Todos los viernes y sábados, esta leyenda viva del reggae caribeño, con su característico gorro rasta, ropa ligera, sonrisa cautivante y una barba que se convierte en la mejor representación de su experiencia, llega al restaurante ‘Boca de Oro’ para sacar su mejor repertorio, un espectáculo digno de admirar que no necesita de una gran tarima o luces sofisticadas para llamar la atención.

Además de ser músico, Saas también es agricultor, una costumbre familiar que heredó y sigue trabajando con agrado. Muy cerca a la playa tiene una pequeña finca en la que cultiva árboles frutales, para él la agricultura es un arte ancestral de sus antepasados que mezcla con su gran pasión; la música.

Foto: Diego Cuervo.

“Trabajar la tierra me lo enseñaron mis padres y mis abuelos. Este trabajo es la otra parte de mí y siempre ha sido el mejor lugar para inspirarme y componer. En ese momento hay mucha mística y conexión y de allí han salido varias canciones sobre el cuidado del medio ambiente y la naturaleza que quiero compartirle a las personas”, señala.

Pero si la agricultura lo inspira a él, su figura también es fuente de inspiración para muchos. Los nuevos artistas isleños lo ven como un padre en el que encuentran consejos y apoyo para sacar adelante su carrera. Es el caso de Joe Taylor, un joven músico sanandresano que hace tres años inició su aventura de abrirse camino en el mundo del reggae.

“Job es un maestro que nos enseña la templanza de mantenerse, la tranquilidad y el amor hacia nuestra música, hacia la isla, hacia su gente. Él lo ha entregado todo por un ritmo que es la filosofía del Caribe”, asegura Joe.

Hace ocho años, buscando su propia identidad musical, decidió dejar su antigua banda y comenzar un nuevo proyecto. Fue así como nació ‘Job Saas & The Hearbeat’, un proceso que hasta ahora ha sido de grandes éxitos pues han tenido participación en importantes eventos como ‘Altavoz’ en Medellín, el Sancocho Fest en Tuluá (Valle) e hizo parte de la celebración de los 20 años de Rock al Parque en Bogotá, convirtiéndose en la primera agrupación sanandresana en asistir a este evento.

El archipiélago de San Andrés tiene su himno oficial en la letra del poeta Eduardo Carranza, pero ‘Beatifull San Andrés’ se convirtió en el himno del corazón de los isleños. Autoría de Cecilia Francis, esta canción fue inmortalizada por la voz de Job Saas, en sus líneas se resalta no solo la belleza del mar de siete colores que rodea la isla, sino también el cariño, alegría y respeto que profesan sus habitantes.

“Esta canción fue muy importante en mi carrera, me permitió dar un salto muy grande en su momento y he tratado de interpretarla en varios ritmos para que trascienda en el tiempo. Si le ponemos un estilo moderno no pierde su esencia, sigue conservando el mensaje y el fuego del amor que lleva consigo”, comenta Job.

En esta tierra flotante del Caribe el reggae es sinónimo de fuego en el corazón, de mística y paz interior, sus notas se entrelazan con el radiante sol y con la brisa que acaricia las palmeras. Artistas de la isla aseguran que el reggae de San Andrés es diferente a los demás por su ‘beat’ o sus vibraciones, a las que comparan con los cantos de las ranas cuando llueve, un sonido más tranquilo y pausado.

Sus inicios se remontan a Jamaica, pero a Colombia llegó para ser parte de la cultura y gracias a personas como Job Saas, se logró tatuar en la piel y en la sangre de los raizales.

Carlos Rodríguez es otra de las personas que ha tenido la fortuna de compartir esta historia musical junto a Saas. Actualmente es el guitarrista líder en The Hearbeat y desde hace 10 años comparte tarima con el artista. En su opinión, Job y su carrera son dignos de admiración y respeto.

“Job es un pionero, un artífice de que el reggae se desarrollara en la isla. Él ha sido una gran influencia dentro de la música caribeña y con The Rebels obtuvo cosas muy importantes. El mensaje más importante de su música es la unión de la comunidad raizal y la protesta frente a las cosas que nos segregan”, señala.

En su casa los instrumentos son invaluables, son los que les dan vida a sus creaciones y los que musicalizan un estilo de vida. Dice que para componer una canción hay que empezar por la base de la melodía, aquella que puede nacer con unas simples palmadas o el silbido de alguna ave. Ya perdió la cuenta de cuántas canciones ha escrito, en inglés y en creole, su lengua nativa, esa con la que los africanos se comunicaban ‘en secreto’ para que los ingleses no les entendieran.

Aunque ya son más de cuarenta años de carrera, pero Job aún no está conforme con lo que ha hecho. Siente que es gratificante lo que ha conseguido, pero para tranquilidad y alegría de los amantes del reggae, asegura que hay Job Saas para mucho más tiempo, que mientras tenga fuerza en su voz seguirá cantándole a su isla.

“Con la música encontré la paz mental y espiritual en mi vida. Conocí muchos lugares y amigos de los que aprendí algo en particular. Cada vez que subo a un escenario las vibraciones del corazón son más fuertes y eso quiero sentir hasta el último de mis días”, relata.

Muchos dicen que la música es el lenguaje universal, el idioma con el que se puede hablar y expresarse en cualquier parte del planeta, el reggae es un ejemplo de ello. Bob Marley se encargó de que se este sonido llegara a todo el mundo y su mensaje fuera escuchado en decenas de idiomas. Sus letras han narrado sucesos e historias de las islas del Caribe que fueron de gran trascendencia.

La declaración del puerto libre en San Andrés en 1953, que trajo consigo la llegada de personas de lugares remotos del mundo como los árabes, los sirios o personas del interior de Colombia a los que los isleños llamaban por aquella época los ‘pañaman’, o ‘pañas’, debido al lenguaje español que hablaban, fue registrado por el grupo ‘Creole’, otra importante agrupación de la isla.

Así como Peter Tosch, Bob Marley o Burning Spear fueron inspiradores para que este sanandresano le abriera su espíritu al reggae, seguramente Saas también seguirá siendo el responsable de que las nuevas generaciones de artistas isleños sigan dando a conocer el talento, que quizás muy pocos tienen la fortuna de llevar en sus genes.

“Quiero que San Andrés siga manteniendo su identidad. La gente de Colombia puede estar convencida de que el reggae está más vivo que nunca aquí en la isla, mi propósito será seguir contándole a los niños a través de la música quiénes somos, de dónde venimos y cuál es nuestro destino en la tierra. Que ellos adquieran ese conocimiento y lo repliquen, es lo fundamental”, afirma Saas.