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Casa de la Mujer: el espacio para el empoderamiento en Catatumbo

Por: Anderson Miguel Salinas. 

La Asociación de Mujeres Trabajadoras del Catatumbo (ASOMUTCA) es un grupo de 35 mujeres productoras artesanales de cacao que, por medio de la organización comunitaria, encontró hace 17 años en la Casa de la Mujer el espacio predilecto para el empoderamiento femenino, la transformación rural y la construcción de paz en el Catatumbo.

La casa es un espacio rústico, en obra negra, que se incrusta en las montañas del corregimiento San Pablo, municipio de Teorama. Con el paso del tiempo este punto de encuentro se convirtió en el punto de acción para el desarrollo social y económico de las 17 veredas que comprende el territorio. Allí, sus asociadas impulsan los diversos artículos resultantes del trabajo de la tierra.

Dulces, jabones, cremas corporales, arequipe, mermelada y bolecacao (una combinación entre el trago artesanal de la región y el cacao) forman parte del compilado de derivados que producen las mujeres en el interior de sus cocinas. Estos productos que elaboran a diario se acompañan de la mano con huertas caseras, corrales de gallinas ponedoras y pollos de engorde. 

“Nuestro compromiso es trabajar por la transformación de nuestras tierras y el progreso de cada uno de nuestros hogares, esta casa nos ha permitido cumplir nuestros sueños y nos entregó voz para decidir en nuestra comunidad”, explica Arcelia Prieto Lázaro, representante legal de la Asociación, quién está al frente desde hace seis años.

La Casa de la Mujer inició su proyecto en el año 2003, a partir de ahí abanderaron una lucha por el reconocimiento ante la junta de acción comunal. Primero con la legalización del terreno y luego con la ayuda de todos los vecinos, de ladrillo en ladrillo, pudieron levantar lo que es la edificación hoy en día a un costado de la plaza principal. 

Es el lugar de encuentro para las reuniones en el corregimiento. “Pertenece a todas las mujeres y hombres que vivimos en San Pablo, aquí nos reunimos para compartir nuestros momentos como comunidad”, añade la voz líder de las mujeres, en donde es frecuente encontrar las ideas y el rostro del cura Camilo Torres Restrepo sobre sus paredes.

De cabello castizo y descontrolado, doña Arcelia atiza el fogón de la olla comunitaria en el marco de la visita que realiza la Red de Mujeres Comunitarias del Catatumbo a su hogar, una organización que acompaña y fortalece en derechos humanos a quienes integran la asociación y que se ponen la camiseta por la autosostenibilidad del espacio.

En San Pablo son las mismas mujeres las que construyen sus propias realidades. En la Casa de la Mujer son ellas las que se encargan de sanar y construir sociedad. “Sanamos para edificar la paz que nos permita el reconocimiento de nuestras diferencias bajo el respeto y la dignidad humana”, añade Alba Luz Trigos coordinadora de la red.

Una realidad que se visualiza en el horizonte entre la esperanza y la humanidad de crecer en red. Un trabajo que se construye colectiva y mancomunadamente para el beneficio y progreso de sus comunidades. “Mi sueño es que la casa se convierta en el centro donde podamos vender lo que producimos”, agrega Arcelia, mientras revuelve la sopa de la jornada y explica que la comercialización es uno de los obstáculos para su crecimiento productivo.

Así mismo, para doña Arcelia en las profundidades de Colombia la paz se construye con paz, se piensa que la paz realmente la piden las mujeres. “Son nuestros hijos los que van a la guerra, queremos que nuestros hijos sean de paz, de progreso para nuestras comunidades y que así puedan tener mejor vida”.