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Foto: Archivo Colprensa. Octubre 2017.

El tren que dio vida a Sabana de Torres-Santander

Por: Ruth Gélvez - Radio Nacional Bucaramanga

La construcción de un tren fue liderado por compañías inglesas y luego norteamericanas. Este fue motivo de alegría para muchos santandereanos que esperaban sacar sus cultivos a bajo precio y vivir también de la industria. Por el camino del tren muchos pueblos fueron creados, uno de ellos fue Sabana de Torres.

Corrían los años cincuenta y los rieles eran novedad para muchas familias campesinas y citadinas en una Colombia que soñaba con el progreso. “¡El tren llegó!”, Nelly Gutiérrez parece estar en trance por los recuerdos del pasado. Por esos años ella y su familia se trasladaban con trasteo en mano desde Chinigua en Lebrija, hasta Sabana de Torres.

“Cuando eso era en sacos donde todo el mundo cargaba la maleta y llegué aquí muy niña. Nosotros siempre viajábamos en el tren, era muy bonito porque conocíamos todas las estaciones, recuerdo que el pueblo ya estaba fundado, pero eran tres casitas, esto era puro monte por todos lados”, cuenta.

Antigua estación del tren en Sabana de Torres (Santander). Foto: Juan Casanova.

El peso del metal entre la montaña y la selva

A finales de 1880, inició la construcción de la obra más importante para las regiones santandereanas y para el país. Entre sudor y esfuerzo para desplazar los engranajes, materiales y las partes del tren a lomo de mula los arrieros, los animales, ingenieros y trabajadores se enfrentaron no sólo al terreno montañoso, también a la selva, los mosquitos y los animales salvajes que cobraron muchas vidas para desarrollar inicialmente las líneas férreas.

Puerto Wilches era la parada principal para la llegada de materiales para la construcción de las vías, y por ese camino se encontraba La Posada de Torres, que años después sería fundada en 1920 y erigida en 1973.

Muchas situaciones atrasaron la construcción del tren cerca de 60 años, así lo explica el historiador y escritor Emilio Arenas. “Ganado el río Magdalena podían aspirar a buena parte de esos costos de transporte, ahorrarlos y eran inversiones y ganancias que se producían en ciudad, en el caso de Santander por la línea férrea de Puerto Wilches, que pasaba por Sabana de Torres y llegaba a Bucaramanga fue una odisea”, pero la lucha por construir el ferrocarril y de paso el municipio poco a poco daba frutos.

Monumento a la leyenda del ferrocarril en Sabana de Torres (Santander). Foto: Juan Casanova.

‘El Progreso’

Y sí, sesenta años duró la construcción, la novedad del silbato del ferrocarril al acercarse a la estación producía emoción en los habitantes que vivían cerca del camino del ferrocarril. Llegan los años cincuenta, petroleras e industrias movilizan sus cargas en esta máquina. Hay alegría, trabajo y las ventas de alimentos en las estaciones no se hacían esperar.

Marlene Jaimes, la rectora del Instituto Técnico de Sabana de Torres recuerda que “era un transporte que ayudaba a la gente de las veredas alejadas y podían llegar hasta los colegios”. El ferrocarril paraba en las estaciones como Provincia, Puerto Santos, Vanegas, el Conchal, Bocas y llegaba al Café Madrid en Bucaramanga.

“Los vagones se desplazaban con la tecnología de la época. Calderas y leña para calentar agua y por el movimiento del vapor se movía esta máquina. Luego la relevaron por el movimiento por carbón. En ese momento el ferrocarril andaba con leña y agua”. Las paradas cortas daban el tiempo para alimentar nuevamente al tren cada diez kilómetros, cuenta Emilio Arenas.

“El vagón que era de la clase económica, tenía  unas bancas largas de madera a lado y lado del vagón y los otros vagones de carga por lo general siempre echaban una rampa donde subían la arena que se llevaban para Peldar, una fábrica de vidrio, y era supremamente barato y aparte de eso estaba el autoferro que era un tren pequeño con sus mesitas para ocho pasajeros. Nosotros viajábamos cada fin de semana a la Estación Café Madrid, porque mi papá compraba plástico para sellar bolsas y venderlas”, relata con emoción uno de los habitantes del municipio.

Foto: Colprensa. Octubre 2017.

Entre las narraciones y sonrisas que dejó el tren en los habitantes de este pequeño municipio, lo imagino llegar con imponencia a las estaciones. Mil pies de acero humeante recorren los macizos santandereanos a ritmo constante, suenan los engranajes, el movimiento, se mece la máquina y su locomotora es magia para los pasajeros que intentan no dormir en el trayecto para ver el camino, los pueblos y las estaciones. Esta extraña  criatura  que  paseaba por Santander fue testigo del nacimiento, crecimiento de esta tierra y la trasformación de los paisajes de la montaña.

Finalmente se habla con tristeza de los camiones mulas o tractocamiones. La novedad y el negocio de familias y políticos de esas épocas desmantelaron los caminos de un tren que tardaba una hora desde el río Lebrija hasta Sabana de Torres en llegar. El ferrocarril transportaba a muy bajo costo todo tipo de materiales, productos del agro y animales. Los sabaneros sueñan con que algún día vuelva a pasar el ferrocarril por esa línea de metales, y así volver a sentir que nuevamente ha llegado el progreso.