Chaparral abraza la memoria: familias de firmantes se reúnen en “Recordar es vivir” para sanar y reconstruir esperanza
En el corazón del sur del Tolima, en Chaparral, las voces del dolor y la esperanza se encontraron en un mismo lugar. El Club Tuluní fue escenario del acto simbólico “Recordar es vivir”, una jornada donde la memoria dejó de ser un recuerdo silencioso para convertirse en palabra, abrazo y resistencia colectiva.
Allí llegaron mujeres de San Antonio, Planadas, Rovira, Icononzo y Honda. Cada una con una historia marcada por la ausencia, por la violencia que no terminó con la firma del acuerdo de paz en 2016, sino que, en muchos casos, continuó arrebatando vidas. Son madres, hijas y compañeras de firmantes que, tras apostarle a la paz, fueron asesinados, dejando familias que hoy buscan reconstruirse entre el duelo y la dignidad.
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El encuentro, acompañado por la Agencia para la Reincorporación y la Normalización y ejecutado en territorio por CORPAMUJER, no es un acto aislado. Es parte de una estrategia que entiende que la paz también se construye desde lo íntimo: desde sanar, nombrar el dolor y volver a tejer la vida. Aquí, la memoria no se queda en el pasado; se convierte en una herramienta para resistir al olvido.
Como lo explicó Juliana Andrea Rodríguez López, este proceso surge de un rediseño institucional que busca responder de manera más integral a las familias de firmantes víctimas: “Incorporamos un enfoque de género y de ciclo de vida para acompañar no solo a nivel individual, sino también familiar y colectivo, permitiendo que las mujeres y sus hijos encuentren espacios seguros para tramitar el duelo y reconstruir sus proyectos de vida”.
Entre palabras entrecortadas y silencios profundos, emergen también las voces de quienes crecieron en medio de la ausencia. Dargie González, uno de los jóvenes presentes, resumió el sentido del encuentro desde su experiencia personal: “Me llevo los recuerdos más bonitos, porque no soy la única; hay muchos niños que, como yo, quedaron sin su padre. Aquí hemos encontrado apoyo y la oportunidad de compartir lo que sentimos”.
El proceso no ha sido fácil. Las lágrimas hacen parte del camino. Los espacios psicosociales han permitido que las emociones, muchas veces contenidas, salgan a la luz. Allí, entre conversaciones guiadas y ejercicios de memoria, el dolor se transforma lentamente en comprensión. “Nos han hecho llorar, pero también entender”, coinciden varios participantes, al reconocer que la memoria también puede ser un camino para sanar.
En su mensaje, Dargie dejó una reflexión que resume el espíritu de la jornada: “Hay cosas muy difíciles de superar, como la pérdida de un padre, pero lo estamos logrando. Nos han ayudado a entender que ellos murieron por un país mejor, por la paz, y que sus memorias siguen vivas en nosotros”.
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La jornada cerró con una escena distinta, pero profundamente simbólica: un partido de fútbol donde no hubo bandos ni diferencias. En la cancha se mezclaron familiares, funcionarias de la ARN, integrantes de CORPAMUJER y voces de la emisora de paz en Chaparral. Más que un juego, fue un mensaje: aquí las distancias se acortan, las etiquetas desaparecen y la alegría encuentra un lugar para expresarse. Entre risas, pases y goles, se reafirmó que la convivencia también se construye desde lo cotidiano.
“Recordar es vivir” no es solo un nombre. Es una declaración. Porque en un país donde más de 500 firmantes han sido asesinados después de la firma del acuerdo, recordar es también un acto de resistencia. Es negarse a que la violencia borre las historias. Es insistir en que la paz no puede construirse sobre el olvido.
Al final, queda la certeza de que la memoria compartida alivia y que el dolor, cuando se nombra en colectivo, pesa menos. En Chaparral, la memoria no solo se recuerda. Se vive.