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La Sierra Nevada es Ka’sankwa: declarada territorio sagrado y espacio de paz

Un reconocimiento ancestral que marca los 500 años de Santa Marta, con el respaldo de siete pueblos indígenas.
Laudy Pérez Leal

En medio del sonido del agua y los cantos ancestrales, la Sierra Nevada de Santa Marta fue reconocida como Ka’sankwa, un símbolo cultural y espiritual del territorio ancestral y santuario sagrado de paz. El momento no fue cualquiera: ocurrió dentro del Capítulo Étnico de los 500 años de Santa Marta, una conmemoración que busca mirar al pasado con respeto y al futuro con sentido.

La ceremonia se llevó a cabo a orillas del río Piedras, donde representantes de siete pueblos indígenas; Wiwa, Arhuaco, Kogui, Taganga, Ette Enaka Chimila, Kankuamo y Wayúu, se reunieron junto a sus autoridades tradicionales en un acto de pagamento. Más que un evento simbólico, fue un encuentro espiritual para agradecer y reafirmar el vínculo con la tierra.

Ka’sankwa no es solo un nombre. Para los Mamos, es la red espiritual que conecta todo lo vivo: animales, plantas, agua y pensamiento. Es el territorio grande que muchos conocen como Sierra Nevada, pero que desde la cosmovisión indígena representa equilibrio, origen y armonía.

Durante la jornada, también hubo espacio para reflexionar sobre lo que significa este reconocimiento en la práctica. La alcaldesa encargada, Ingrid Gómez Ceballos, resaltó los avances que se vienen impulsando para visibilizar a los pueblos indígenas y fortalecer el trabajo conjunto en el territorio.

La decisión fue el resultado de un trabajo articulado entre la Alcaldía y el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, que jugó un papel central en la estructuración de este capítulo étnico. Sin ese acompañamiento institucional, señalaron los propios líderes indígenas, este reconocimiento no habría sido posible.

En su turno, la alta consejera para la Sierra Nevada y Zona Rural, Sarita Vives Gutiérrez, expresó que “hay una voluntad por parte del Gobierno local y del Ministerio, que ha sido esencial en este capítulo étnico de los 500 años de la ciudad de Santa Marta”.

Por su parte, Moisés Villafañe, líder indígena en la Comisión de la Mesa del Quinto Centenario, destacó que este encuentro evidencia que es posible construir una nueva historia basada en el respeto, el reconocimiento cultural y la convivencia entre pueblos indígenas y no indígenas.

Desde la voz de los pueblos, Olga Montero Carrillo, del pueblo Kankuamo, subrayó la importancia de esta declaratoria como santuario de paz, al representar prácticas tradicionales y ancestrales que buscan mantener el equilibrio y la armonía no solo en la Sierra Nevada, sino en todo el territorio colombiano y el mundo.

Lo ocurrido no fue solo un acto protocolario, sino un paso hacia el reconocimiento de lo ancestral como parte viva del presente. Un recordatorio de que el territorio no solo se habita: también se respeta, se cuida y se escucha.

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