Cada semana pasan unos 170 alumnos por este espacio con las aulas decorada con proyectos de los niños, patios con hamacas, cabañas y areneros y una cantina vegetariana donde no se desperdicia nada.
La acción forma parte de una serie de protestas llevadas a cabo por activistas que arrojaron sopa a cuadros de Vincent van Gogh en Londres y Roma, y puré de patatas sobre una obra de Monet.