Desde el pueblo indígena Barí en la región del Catatumbo, jóvenes han encontrado en la educación una posibilidad para ampliar sus conocimientos y conocer otras regiones, sin desligarse de su cultura, su lengua y las enseñanzas que hacen parte de su identidad.
Salir de la comunidad para estudiar implica enfrentarse a nuevas formas de vida, otros idiomas, costumbres y dinámicas sociales. Para las jóvenes Barí que han decidido continuar su formación académica fuera de su territorio, este proceso ha significado aprender a desenvolverse en esos espacios sin dejar de lado las enseñanzas recibidas desde sus comunidades.
Una de ellas es Ángela Aquerdora, joven del pueblo Barí que resurgió desde su comunidad para continuar sus estudios en Bogotá y formarse como antropóloga. Su llegada a la capital significó un cambio importante frente a la vida que conocía en su comunidad, especialmente por las diferencias culturales y por el idioma, pues el español se convirtió en una de las primeras barreras que tuvo que enfrentar durante su proceso de formación.
“No fue fácil llegar a un mundo diferente, adaptarme a otras costumbres, a otras formas de ver la vida y, sobre todo, al idioma.”, cuenta Ángela al recordar su experiencia como estudiante en Bogotá.
Hoy, mientras adelanta su proyecto de grado, la joven decidió volver la mirada hacia su propio pueblo. Su investigación está relacionada con la comunidad Barí, una decisión que muestra cómo los conocimientos adquiridos fuera del territorio pueden convertirse también en una herramienta para comprender, documentar y aportar a las realidades de su comunidad.
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Según su relato, estar lejos de su lugar de origen le permitió mirar con otros ojos algunas situaciones que durante años hicieron parte de la cotidianidad de su pueblo. Entre ellas está la violencia que ha afectado al Catatumbo y que, según relata, en algunos momentos llegó a ser asumida como algo habitual.
“Cuando uno sale y empieza a conocer otras realidades se da cuenta de que algunas cosas que había vivido y que parecían normales no tenían por qué serlo. Estar afuera también me permitió mirar a mi comunidad de otra manera y entender situaciones que durante mucho tiempo habíamos normalizado”, explica Ángela, sobre la importancia de inculcar sus orígenes con sus estudios.
Aprender fuera, mantener las raíces de Barí
El proceso de las mujeres jóvenes Barí no se limita únicamente a llegar a una universidad. También implica mantener una relación con la comunidad y con los conocimientos que han sido transmitidos de generación en generación. En ese camino, la lengua ocupa un lugar importante, porque aprender español les permite desenvolverse en otros espacios, mientras que su idioma propio continúa siendo parte de su identidad.
El Ministerio de Educación Nacional señala que los procesos de educación propia deben reconocer las lenguas nativas, la oralidad, los saberes y las prácticas culturales de cada pueblo. El componente pedagógico del Sistema Educativo Indígena Propio establece, además, que estos elementos hacen parte de una formación orientada al fortalecimiento de la identidad cultural y la organización comunitaria.
Este reconocimiento también hace parte del actual Sistema Educativo Indígena Propio (SEIP), política pública que busca que los pueblos indígenas puedan orientar sus procesos de formación desde sus propias leyes de origen, conocimientos, lenguas y formas de entender el territorio. El sistema reconoce a las autoridades indígenas como actores fundamentales en la orientación de la educación en sus comunidades.
En el caso del pueblo Barí, estos procesos adquieren una importancia particular porque la educación no se entiende solamente como el acceso a un aula o a una institución de educación superior, sino como una oportunidad para fortalecer los conocimientos propios y, al mismo tiempo, generar intercambios con otras formas de aprendizaje.
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Juan Titira, autoridad de la comunidad Barí, explica que la salida de jóvenes hacia otros lugares también permite que el pueblo sea conocido en otros espacios, sin que esto implique abandonar sus costumbres.
“Para nosotros es importante que nuestra comunidad se dé a conocer en otros lugares, que conozcan que aquí existe un pueblo indígena, pero siempre dejando claro que salir a otros espacios no significa dejar nuestras costumbres. Al contrario, queremos que nuestros jóvenes lleven nuestra identidad y que también dejen un precedente de quiénes somos”, señala Titira.
Una educación que dialoga con la cultura
La experiencia de Ángela hace parte de un proceso más amplio en el que la educación intercultural busca generar un diálogo entre los conocimientos propios de los pueblos indígenas y los conocimientos de la sociedad mayoritaria. De acuerdo con el Ministerio de Educación, la educación dirigida a los grupos étnicos debe responder a sus particularidades culturales y territoriales y permitir que sus integrantes participen en igualdad de condiciones sin perder el vínculo con su comunidad.
Para Ángela, continuar sus estudios fuera del territorio también representa una responsabilidad con las mujeres que vienen detrás. Su experiencia en Bogotá, los retos que enfrentó y los conocimientos que adquirió hacen parte ahora de un proyecto que busca regresar la mirada hacia su comunidad.
“Estar aquí me ha permitido abrir puertas que antes parecían muy lejanas. Espero que otras mujeres de mi comunidad puedan ver que también es posible estudiar, salir, conocer otros lugares y regresar con nuevos conocimientos, sin dejar de ser Barí”, afirma.
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Mientras avanza en su proyecto de grado, Ángela mantiene el vínculo con el territorio del que salió. Su historia muestra que para las jóvenes Barí la educación puede ser también una forma de ampliar los caminos sin romper con sus raíces: aprender otros conocimientos, conocer nuevas realidades y, al mismo tiempo, mantener presente la lengua, la cultura, la memoria y los saberes de su pueblo. Porque salir de la comunidad no necesariamente significa alejarse de ella. Para estas mujeres, también puede ser una manera de llevar la identidad Barí a otros espacios y regresar con herramientas para aportar a su propio territorio.