Todos los años, de junio a noviembre, los habitantes de San Andrés, Providencia y Santa Catalina deben convivir con fenómenos climáticos originados por la temporada de huracanes.
Después de dos años, las islas, que fueron cerradas debido a la pandemia del Covid-19 y el paso del huracán Iota, reabren sus puertas a turistas nacionales e internacionales.