Baja autoestima, dificultades en habilidades sociales o problemas de regulación emocional: claves para detectar el acoso escolar
De acuerdo con el Ministerio de Educación, la agresión escolar comprende acciones individuales o colectivas dentro de las instituciones educativas que buscan afectar a otro miembro de la comunidad. Estas pueden manifestarse de forma física, verbal, gestual, relacional o incluso a través de redes sociales. Aunque algunas conductas pueden parecer aisladas, su intención es causar daño y, en determinados casos, pueden escalar a situaciones de mayor gravedad.
Sin embargo, el acoso escolar o bullying va más allá. Se trata de conductas intencionales, repetidas y sistemáticas dirigidas a intimidar, humillar o excluir a otros. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), este fenómeno implica una relación desigual de poder y puede generar consecuencias profundas en la salud mental de quienes lo padecen.
El bullying no siempre es evidente. Puede manifestarse a través de agresiones físicas, insultos, burlas, exclusión social, daño a pertenencias o ciberacoso. Para que una situación sea considerada acoso escolar deben coincidir elementos como la repetición en el tiempo, la intención de causar daño y la desigualdad de poder entre los involucrados.
En Colombia, la Ley 1620 de 2013 clasifica las faltas escolares en tres niveles: desde conflictos que afectan la convivencia (tipo I), hasta conductas sistemáticas que pueden configurarse como acoso (tipo II), y situaciones más graves que vulneran derechos y pueden constituir delitos (tipo III).
Para Irene Salas Menotti, psicóloga y directora de la Especialización en Psicología Forense de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, es fundamental identificar señales de alerta que permitan una intervención temprana.
“Aspectos como la baja autoestima, dificultades en habilidades sociales, problemas en la regulación emocional o entornos donde se normaliza la violencia pueden aumentar el riesgo de que un menor participe en dinámicas de acoso escolar”, explica la experta.
También le puede interesar: Entre pinceles, alegría e imaginación, los niños pintaron el Festival Vallenato
Asimismo, factores como la presión por pertenecer a un grupo, la exposición a ambientes hostiles y la dificultad para gestionar la diferencia influyen en la aparición de estas conductas. En los entornos escolares, los estudiantes no solo asumen el rol de víctimas o agresores. También pueden convertirse en espectadores silenciosos, cómplices o, en el mejor de los casos, defensores.
Comprender estos roles es fundamental para abordar el fenómeno de manera integral y diseñar estrategias efectivas de prevención. Los expertos coinciden en que la prevención del acoso escolar no puede recaer únicamente en las instituciones educativas. Es una tarea conjunta que involucra a familias, docentes, directivos y a toda la comunidad.
En este contexto, se hace un llamado a fortalecer estrategias integrales de prevención, detección temprana y atención oportuna, con el fin de garantizar entornos escolares seguros, respetuosos y libres de violencia.