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El microfútbol en Colombia, una pasión con más de 50 años

Conversamos con el exdirigente deportivo Jaime ‘El loco’ Arroyave, conocido como “el papá del microfútbol en Colombia”.
Yaneth Jiménez Mayorga

El año de 1966 marcó un hito en la historia deportiva colombiana, pues fue el momento en que llegó al país el fútbol de salón, popularmente conocido como microfútbol, disciplina que se convertiría en una de las más practicadas a lo largo y ancho del territorio nacional, y en uno de los deportes que mayores glorias le ha dado a Colombia.

Su arribo se da luego de que el reconocido exdirigente deportivo Jaime ‘El loco’ Arroyave lo descubriera en Brasil. “Yo era el director de deportes de la Universidad Nacional y viajé con una delegación a Sao Pablo; desde el aire veía muchas canchas pequeñas, pregunté qué era y me dijeron 'Futebol do salao’, fútbol de salón, y dije ve, eso es como interesante, pedí un reglamento, que luego el profesor Albano Ariza tradujo del portugués al español y así empezamos”, rememora Arroyave.

Jaime Arroyave

No obstante, el ‘micro’ tuvo su origen en Uruguay. “Un profesor de nombre Juan Carlos Ceriani, al ver el auge que tenía el fútbol en su país debido al título obtenido en el Mundial de 1930, instaló unos pequeños arcos como porterías y puso a jugar a sus alumnos en un salón, de ahí su nombre: fútbol de salón”, explica Don Jaime.

En 1967, casi un año después de ser introducido en Colombia, y luego de un partido de exhibición en la cancha de la Universidad Nacional, con el respaldo del entonces Instituto del Seguro Social, arrancó en Bogotá el primer campeonato interbarrios de microfútbol con más de 500 equipos, un récord para la época.

“No se imagina esa locura. Era impresionante ver todas las noches las canchas repletas de gente viendo los partidos, algunos encaramados en los árboles. Recuerdo que hasta el doctor Luis Carlos Galán se impresionó. Una noche, él estaba aterrizando en Bogotá y vio desde el avión un parque lleno de gente, averiguó qué era y de quién era la idea y me contactó porque le pareció increíble cómo las personas se congregaban en torno al juego”, comenta Arroyave.

Un camino bien “sudado”

La fiebre por el “nuevo” deporte se apoderó de Bogotá y del país entero. Empezó a competir de tú a tú en popularidad con el fútbol, tanto así que algunos lo calificaron como el anti-fútbol y que iba a acabar con el deporte rey, con la diferencia que el ‘micro’ se podía jugar prácticamente en cualquier campo, con menos exigencias en su indumentaria y con otras tantas ventajas, pues “el fútbol de salón es un deporte que recrea sanamente en espacios reducidos; eso lo hizo muy atractivo”, señala Don Jaime.

Tan atractivo que a finales de los 80 ya se jugaba el Torneo Mil ciudades, certamen que reunía cada año más de tres mil equipos aficionados en distintas categorías, desde infantil hasta mayores, que disputaban el campeonato prácticamente en todo el territorio nacional, dando paso luego, en 1973, a la creación de la liga de Bogotá, la primera fundada en el país, a la que siguieron Cundinamarca, Quindío y Norte de Santander.

A la causa se unieron múltiples patrocinadores, la mayoría de ellos conseguidos gracias a la persistencia y obsesión de Arroyave, que tocó las puertas de la empresa privada en aras de conseguir el apoyo para seguir desarrollando el ‘micro’, “logrando incluso que Andrés Pastrana le cediera un terreno para construir un coliseo exclusivamente para el micro cerca al parque Los Novios, en Bogotá, pero luego se lo quitaron y lo dejaron como un coliseo múltiple”, anota su hija Lilian.

A pesar de ello, ‘El loco’ siguió en su empeño, logrando, entre otras victorias, la creación, en 1974 de la Federación Colombiana de Fútbol de Salón, la profesionalización del deporte, la creación de Copas como la Copa El Tiempo, la Copa Postobón, la Copa Doria Promasa, La Copa Pony Malta, que Colombia fuera sede del Campeonato Suramericano, de Campeonatos Panamericanos, y hasta del Campeonato Mundial en 2011, certamen que llevó su nombre, ello sumado a la labor que desde la Federación Colombiana de Fútbol de Salón se ha hecho en la promoción y consolidación del deporte.

Hoy por hoy, el microfútbol- que según cuenta Arroyave, tomó ese nombre luego de que Mike Forero Nougués, otrora editor de deportes de El Espectador, le dijera que “eso de fútbol de salón sonaba como a parqués y damas chinas, que este era como un fútbol chiquito, micro”- es uno de los máximos exponentes del deporte nacional, siendo la única disciplina colectiva que la ha dado tres títulos mundiales en mayores a Colombia: 2000, 2011 y 2015, uno femenino en 2013, y uno en la categoría sub-17 en 2016, entre otros.

Una misión cumplida

Detrás de muchos de estos logros está la figura de Jaime Arroyave Rendón, “el papá del microfútbol en Colombia”, el dirigente antioqueño nacido en Gómez Plata( municipio del que en burla dice que fue alcalde “y cuando terminé mi mandato solo quedaba el Gómez"), que con un caminar más lento, pero con el mismo humor de siempre, disfruta de la compañía de su hija Lilian, de ‘Cachitas’, la nana de 86 años; y de su amplia casa ubicada en el tradicional barrio bogotano de Teusaquillo, en la que vive “desde el 4 de mayo de 1974”.

Vive rodeado de los cientos- sino miles- de recuerdos y reconocimientos que adornan su hogar: diplomas, recortes de prensa, trofeos, fotografías, medallas, y condecoraciones, como la que le hizo el entonces presidente Juan Manuel Santos al otorgarle la medalla al mérito deportivo. “Me dijo: gracias señor Arroyave por la herencia deportiva que usted le deja al país…Claro que eso y un lunar en la espalda son lo mismo”, dice con su característico sentido del humor.

Hoy, 55 años después de su apuesta por traer el ‘micro’ al país, dice sentirse más que satisfecho, recorre con su mirada las paredes y espacios donde proliferan esas distinciones, no obstante, hay una que lo hace sentir especialmente orgulloso: la que recibió el 18 de noviembre de 2021 de parte de la Asociación Mundial de Futsal, en Asunción, Paraguay.

Ese día, en la capital paraguaya, el longevo precursor del microfútbol en Colombia cortó la cinta simbólica y descubrió la placa del salón que lleva su nombre: Salón Auditorio Jaime Arroyave Rendón, el máximo homenaje que, dice, ha recibido: “ese salón lleva mi nombre-algo que en Colombia no existe-, esa es la mayor muestra de que mi gestión es reconocida mundialmente”.

Sentado en la sala de su casa contempla la placa que le fue entregada y apunta: “Misión cumplida. 94 años no son nada cuando se transitan con el orgullo de haber sido y la satisfacción de todavía ser. ¡Ojo con esa!”.

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