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Aurelio Arturo. Foto: Página Web Antología crítica de la poesía colombiana.

Nariño, tierra de poetas

Por: Ingrid García y Sandra Eraso. Radio Nacional de Colombia Nariño.

"El viento, solo un poco de viento": Aurelio Arturo.

Una huella en la arena bañada por el Pacífico mar, un trozo de montaña sagrada, un sorbo de agua dulce del río que riega la llanura, una pincelada verde robada a la Amazonía y un anhelo incesante del poeta, narrador y testigo que ha vivido y sentido el sur: Nariño.

Narrar al departamento de Nariño desde la literatura es evocarlo desde su riqueza biodiversa, un territorio de sentires y pensares que ha permitido que en cada una de estas regiones se gesten culturas propias con sus lenguas, tradiciones y cosmovisiones diferentes, las cuales han sido narradas por los versos y plumas de juglares, trovadores, cuenteros y escritores.

Desde el siglo XVII, la riqueza lingüística y etnocultural de esta región se refleja en la literatura, la cual ha estado presente desde la oralidad con los arrullos, alabaos y las décimas de Francisco Tenorio, Pachín Carabalí y las cantadoras del Pacífico Sur.

Dentro de la escritura y según la crítica literaria en la región sur andina está la novela más importante de Nariño y una de las 100 más grandes de Colombia del siglo XX, Chambú, que cuenta la epopeya de la sierra y de la costa, en el proceso de construcción de la carretera Pasto a Tumaco, escrita por el pastuso Guillermo Edmundo Chaves. Narración llevada a la pantalla grande con la película que lleva el mismo nombre, caracterizada por su detallada narrativa:

“Algunas embarcaciones volvían. Al mirarlas Ernesto le pareció que su corazón era como un puerto también, entre el oleaje de la sangre y de los sueños. Un barco que llegaba, otro barco que partía. Así debía ser quizás vivir en plenitud: abrir el corazón al universo y dar y recibir algo cada día. Pero él pensó que todo lo había dado y en las orillas de su anhelo sólo sintió las amarguras del mar”.

La influencia de las comunidades religiosas ha marcado en gran parte el destino de las expresiones artísticas, con la aprobación o la censura de las obras. En este contexto, uno de los grandes poetas nacidos en Pasto, Luis Felipe de la Rosa, catalogado como el 'Poeta Romántico del Sur' de carácter contestatario y libre dedicó su trabajo periodístico y poético a hacer una crítica al sistema de la época, lo que le costó el destierro.

Abandonó su hogar y su patria chica, viajó hasta Chile donde gestó su obra literaria, una de ellas Rosas y Espinas, un poema romántico en el cual plasma la nostalgia de quien ha sido desterrado por pensar diferente y vuelve al sur a través de sus versos, evocando las calles de su ciudad natal, la casa de familia donde creció y el volcán telón de fondo de sus recuerdos desde el balcón de su habitación.

La poesía de Luis Felipe de la Rosa se caracteriza por la sensibilidad con la que percibe cada detalle de la vida:

"¡Ayer! Ayer no más cuando en la cuna

de aquellas cintas y de aquel bordado

miré el fulgor de la primera luna

el arco azul de mi volcán amado”

Los hechos históricos del sur de Colombia han inspirado a poetas, narradores y novelistas, dejando en ellos la herencia de rebeldía marcada por los tiempos de un pueblo que se resiste a doblegarse ante los poderes y las dictaduras. En este contexto nace a novela La Carroza de Bolívar inspirada en la derrota del Libertador en la Batalla de Bomboná.

Escrita por Evelio José Rosero, con la que obtuvo el Premio Nacional de Novela, La carroza de Bolívar recrea una serie de personajes en torno a las fiestas de fin de año y carnaval, transcurre en dos años,1822 y 1966:

“La historia de Pasto en la Independencia es de las más dolorosas. La primera de las grandes masacres en la historia de la República ocurrió allí, el 24 de diciembre de 1822, la llamada Navidad Negra, ordenada por Bolívar y ejecutada por Sucre (…). Desde muy temprano oí hablar del paso de Bolívar y los libertadores por Pasto. Ese era un tema sobre el que tarde o temprano tendría que escribir. Ahora siento que he saldado un compromiso con mi propia responsabilidad de escritor.”

Rosero es uno de los mejores narradores del país con más de 30 novelas publicadas y con los mejores reconocimientos a nivel internacional.

Leyendo al sur desde la biodiversidad

“Hoja sola en que vibran los vientos que corrieron por los bellos países donde el verde es de todos los colores”

Con el azul del cielo diverso que juguetea en los atardeceres y amaneceres, con el verde de la montaña, del árbol y de la hoja viva, que una por una visten el entorno habitado por los hijos del sur, los tonos tierra. Una tierra que es cantada y anhelada por el Poeta del Viento, Aurelio Arturo Martínez, se describe la belleza y armonía del sur.

Aurelio Arturo es un poeta nariñense nacido en la Unión, escritor de Morada al Sur considerado por Rogelio Echavarría en su antología “¿Quién es quién en la poesía Colombiana?” como el mejor poeta de Colombia en el siglo XX, describe al sur desde la música del viento y de los tambores, del movimiento de las hojas y desde los colores que pintan la naturaleza.

Salió de La Unión a los 18 años cuando murió su madre. Estudió Derecho en la Universidad Externado de Colombia de Bogotá, en 1926 empieza a publicar sus primeros poemas, es contemporáneo a Luis Vidales y León de Greiff.

En Morada al Sur, compuesta por 14 poemas Nariño se narra desde la mirada y sensibilidad intensa por el paisaje, el sonido del viento, la fiereza de sus montañas, la tez negra de la tierra diversa que anhela y canta este poeta de la biodiversidad.

Morada al Sur, es la morada del ser, el lenguaje es la casa del ser, en el hace memoria de su infancia, lo que él vio, las luciérnagas, las flores, las hojas, luego durante 50 años hace poesía de lo que tiene en la memoria, de todo aquello que vivió, en ese paisaje en el cual creció y donde se ven reflejados los 4 elementos, aire, fuego, agua y tierra, narrados en metáforas:

Tierra y aire:

“En las noches mestizas que subían de la hierba,

jóvenes caballos, sombras curvas, brillantes,

estremecían la tierra con su casco de bronce.

Negras estrellas sonreían en la sombra con dientes de oro”

Noche, aire y fuego:

“Miraba el paisaje, sus ojos verdes, cándidos.

Una vaca sola, llena de grandes manchas,

revolcada en la noche de luna, cuando la luna sesga,

es como el pájaro toche en la rama, “llamita”, “manzana de miel”

Agua, tierra, aire:

“El agua límpida, de vastos cielos, doméstica se arrulla.

Pero ya en la represa, salta la bella fuerza,

con majestad de vacada que rebasa los pastales.

Y un ala verde, tímida, levanta toda la llanura”

Aire y tierra:

“El viento viene, viene vestido de follajes,

y se detiene y duda ante las puertas grandes,

abiertas a las salas, a los patios, las trojes.

Y se duerme en el viejo portal donde el silencio

es un maduro gajo de fragantes nostalgias”

Fuego, tierra y aire:

“Al mediodía la luz fluye de esa naranja,

en el centro del patio que barrieron los criados.

(El más viejo de ellos en el suelo sentado,

Su sueño mosca zumbante sobre su frente lenta)”

Tierra y aire:

“(Yo miro las montaña. Sobre los largos muslos

de la nodriza, el sueño me alarga los cabellos)””

Morada que puede ser ese sur del país pero también el sur de la infancia, expresando amor infinito por la tierra que lo vio nacer y crecer, como lo describe William Ospina en su ensayo Aurelio Arturo y la Tierra que Canta que ningún poeta puede expresar el amor como lo expresó Arturo:

“Elegías. Tierra buena, tierra buena, tierra que pone fin a nuestra pena. Tardaría mucho en llegar esa alianza plena de la lengua con el mundo americano. Todo poeta hace sentir el amor por la tierra, pero en ningún poeta hispanoamericano que yo conozca se han fundido tanto un a lengua y un territorio como en Aurelio Arturo, quien en la primera mitad del siglo XX vivió una de las aventuras más secretas y conmovedoras de la lengua castellana en América, y gracias a ella construyó con el lenguaje lo que él”.

William Ospina.

Con Morada al Sur en total suman 70 poemas con los cuales Arturo es considerado el Poeta de la Biodiversidad. Proteger y salvaguardar la naturaleza se enmarcan dentro de la teoría literaria de la ecocrítica que es la representación de la naturaleza en la literatura y basa sus fundamentos en el análisis de un texto poético, narrativo y literario articulado con el papel que tiene esta en el texto.