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Un año del atentado a la Escuela de Cadetes de la Policía

Este viernes se cumple un año de la tragedia que golpeó a 22 familias y causó miedo en Colombia. Luego de la activación de un carro bomba al interior de la Escuela de Cadetes de la Policía General Francisco de Paula Santander y que dejó 22 muertos y más de 80 personas heridas.

Nadie pensó que se trataba de un ataque terrorista, pero cuando la información fue confirmada la memoria de los colombianos regresó a las oscuras épocas de violencia que sacudió al país entre los años 80 y 90.

Las primeras noticias apuntaban a la explosión de una de las calderas de la concina dentro de ese centro de estudios de la Policía. En las primeras horas se habló de cuatro víctimas mortales, pero al transcurrir ese 17 de enero de 2019, el horror se apoderó de Colombia.

22 jóvenes que guardaban el sueño de servir a su país, terminaron entregando sus vidas cuando todo parecía indicar que la guerra en el país había encontrado un punto de giro tras la desmovilización de la extinta guerrilla de las Farc.

El atentado fue perpetrado con una camioneta Nissan Patrol del año 1993 con placa LAF-565 que sorprendió a los guardias de la escuela y estalló una carga de 80 kilos de explosivo en el Campo de Paradas.

El ataque terrorista, perpetrado por el ELN, dio en los que se considera como el corazón de la Policía, pero sobre todo en el corazón de 22 familias que perdieron a sus seres queridos, jóvenes cadetes que soñaban con llegar a los altos mandos de la institución. Entre las victimas había una joven ecuatoriana.

“El sueño de mi hijo era mejorar la calidad de vida de la familia, ayudar a sus hermanos en el estudio y ayudarnos a salir adelante. Él quería llegar a ser un general de la Policía, para poder enfocar y cambiar a la institución a un mejor servicio”, así recuerda Cesar Augusto Ojeda, padre del cadete César Alberto Ojeda, a su hijo victima en este atentado.

Otra madre que ha tenido que sufrir la pérdida de su hijo es Claudia Peláez, mamá del cadete Diego Molina, ahora subteniente, luego de que le hicieran un ascenso póstumo; Diego tan solo tenía 20 años cuando murió en el atentado, era oriundo de Pereira y aspiraba con llegar a ser general de la República.

“Este año que acabamos de culminar fue demasiado doloroso, demasiado difícil, no es fácil sobrellevar una vida normal cuando te arrancan uno de los más preciados tesoros”, dijo Claudia Peláez, quien encontró en su otro hijo la fortaleza de seguir y sonreír.

Han pasado 365 días de ausencia y de preguntas sin respuesta para muchas las familias de las víctimas y para la sociedad civil. Anguie Carvajal, hermana de uno de los cadetes muertos tras el atentado terrorista, envió un mensaje al Gobierno y al ELN para que se sienten a dialogar.

“Paren ya, que se logre hacer algo que se vea reflejado, porque no solo estos jóvenes han pagado por algo en lo que no tienen nada que ver, más adelante seguirán pagando tristemente muchas personas por una guerra que tiene arreglo. Se puede hablar, se puede negociar, esta situación no puede continuar de esta manera”, indicó.

Escuche aquí el informe de la periodista Dayana Rodríguez para La Señal de la Mañana.