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Tribunal dejó en firme condena contra patrullero por muerte de Diego Felipe Becerra

Según el magistrado Jairo José Agudelo, no había motivos para que el uniformado disparara contra el joven grafitero.
Foto: archivo particular.

El Tribunal Superior de Bogotá dejó en firme la condena de 37 años de prisión contra el patrullero de la Policía Nacional, Wilmer Antonio Alarcón, por su responsabilidad en el homicidio del menor de edad Diego Felipe Becerra el 19 de agosto de 2011 en la Avenida Boyacá con Calle 116, al norte de Bogotá.

El magistrado del Tribunal Superior de Bogotá, Jairo José Agudelo, advirtió que toma esta decisión, ya que no había motivos para que el uniformado disparara contra Becerra y que solo se trataba de un joven que no quería ser llevado a un CAI por ser grafitero.

“No existe prueba que revele la presencia de una amenaza de tal envergadura que el uso de la fuerza se hubiera tornado estrictamente necesario para preservar el orden y la aplicación de la ley”, indicó el togado.

El magistrado advirtió además que el patrullero implantó un arma en la escena del crimen con la que justificó el disparo que acabó con la vida de Becerra e intentó desviar la investigación y presentar al menor de 16 años como un delincuente.

“El disparo fue dirigido contra una persona desarmada, indefensa, al que el policía no desconocía porque minutos antes lo registró inclusive al morral donde encontró aerosoles”, dijo.

Por estos hechos, la condena quedó en firme pero el magistrado aclaró que aumenta la inhabilidad de Alarcón a 20 años; sin embargo, este uniformado sigue prófugo de la justicia.

Cabe recordar que Becerra murió luego de recibir un disparo por la espalda luego de que Alarcón lo encontrara junto a dos amigos pintando grafitis. En cuanto esta noticia se conoció, altos mandos de la Policía Metropolitana indicaron que la víctima supuestamente habría participado en un hurto de un vehículo de transporte público.

Sin embargo, Medicina Legal tumbó esas declaraciones, al indicar que el joven únicamente tenía en su morral pinturas y aerosoles y que nunca había portado un arma de fuego, con lo que se descartó su partición en el supuesto hurto y se demostró que se había plantado un arma de fuego en la escena del crimen.

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