El cine como memoria viva que se construye desde los colectivos juveniles del sur del Meta
A sus 19 años, Ángel Ríos entendió que la comunicación comunitaria podía ser una forma de resistencia y de arraigo. Entre talleres, grabadoras y encuentros juveniles, descubrió que narrar su territorio no era simplemente registrar imágenes, sino sembrar memoria.
“En los encuentros y talleres aprendimos qué eran las instancias de participación ciudadana y cómo podíamos incidir. En esas capacitaciones surgieron las cualidades de los jóvenes y resaltó el interés por la comunicación”, indicó Ríos, integrante del colectivo Zagales de la Sierra.
El joven hace parte de este proceso juvenil que convirtió la comunicación en herramienta de transformación social. Allí, la juventud de Mesetas dejó de ser espectadora para asumirse protagonista. Comprendieron que contar su realidad con sus propias palabras era una manera de disputar el olvido y dignificar la vida cotidiana del municipio.
“Éramos jóvenes con arraigo territorial, con amor por nuestro municipio. Queríamos que el lugar donde vivimos pudiera ser mejor para nosotros y para las futuras generaciones”, afirmó Ángel.
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El colectivo decidió enfocarse en la reconstrucción del tejido social. A través de procesos formativos en fotografía, producción audiovisual y cine comunitario, ha fortalecido la identidad local y abierto espacios para que niños, niñas y jóvenes encuentren en el arte una alternativa de expresión y liderazgo.
De esa apuesta colectiva que también involucra a jóvenes de otros municipios del sur del Meta surgió el Festival Güejarí, un festival de cine comunitario itinerante que ya suma dos ediciones y se prepara para su tercera versión.
Más que una muestra audiovisual, el festival se ha convertido en un escenario de encuentro regional.
“Este año la tercera versión del festival será aquí en Mesetas, en la tercera semana de septiembre. Lo importante es la nutrida participación de jóvenes de diferentes municipios que se interesan por contar sus historias a través de la pantalla y conocer las de los demás”, explicó Ríos.
En cada edición, las pantallas no proyectan historias lejanas, sino relatos propios: campesinos que resisten desde la tierra, mujeres que lideran procesos sociales y jóvenes que transforman su realidad a través del arte. Las comunidades se ven reflejadas en sus propias imágenes y reconocen en el cine una herramienta para reconstruir memoria.
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El Festival Güejarí no solo exhibe producciones audiovisuales; legitima voces. En un país donde las regiones suelen ser narradas desde afuera, los municipios del sur del Meta decidió contarse desde adentro.
En el sur del Meta, el cine comunitario no es solo entretenimiento. Es una forma de decir: aquí estamos, esta es nuestra historia y la contamos nosotros.