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Así fue la transición del ‘Panóptico de Bogotá’ al Museo Nacional

El edificio que ahora aloja el Museo Nacional de Colombia, durante 76 años funcionó como una penitenciaría. ¿Cómo y por qué se resignificó este espacio? 
Historia del Museo Nacional de Bogotá
Cultura
Foto: Colprensa
Diana Leal

Desde su fundación en 1823, el Museo Nacional de Colombia es considerado uno de los más antiguos de América. Durante 123 años, entre 1823 y 1946, tuvo lugar en distintas sedes que cambiaban constantemente dada la situación política y económica del país en aquel entonces; no fue hasta 1946 que el Museo ocupó la actual sede ubicada en la carrera décima en el centro de Bogotá, en donde antes funcionaba una cárcel.

La Penitenciaría Central de Cundinamarca, más conocida como el “Panóptico de Bogotá”, fue diseñada por Thomas Reed, un reconocido arquitecto de la época, quien además diseñó el actual Capitolio Nacional de Colombia, y se construyó en la década de 1870. El proyecto presentado por Reed funcionaba bajo un modelo por espacios celulares que conformaban un sistema mixto por la conjunción de tres elementos: aislamiento, silencio y trabajo en comunidad. Todo esto funcionaba en la estructura cruciforme que le daba el nombre de panóptico, contaba con 204 celdas, ocho calabozos y un gran salón para hacer guardia.

“El término ‘panóptico’ es introducido por el filósofo inglés Jeremy Bentham en 1790 como una solución al cómo ejercer control a quienes lo habitan internamente, y desde entonces esta imagen de edificio entró en el imaginario de los modernizadores. Entonces a lo que se referían en ese entonces con ‘panóptico’ era a una idea de prisión moderna, que eso sí era la penitenciaría”, explica Santiago Robledo, investigador de la Curaduría de Historia del Museo Nacional de Colombia.

Uno de los objetivos de este proyecto penitenciario era impartir disciplina, de hecho se esperaba que con el sistema se pudiera instruir moralmente y dotar de un oficio al preso para que, luego de cumplir su pena, se reincorporara a la sociedad. Por esto, en el primer piso se encontraban espacios dotados de talleres de carpintería, tejidos, hilados, tipografía, entre otros. En el segundo y tercer piso se encontraban los espacios celulares o celdas individuales, y en el aspa más corta una capilla. 


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“Hay un libro de Adolfo León Gómez que refiere un contexto muy específico que fue el de la Guerra de los Mil Días en donde se habla de un espacio absolutamente malsano, con más presos de los que había capacidad. No quiere decir que las condiciones del lugar no fueran duras, la vida de los presos nunca es fácil, pero a parte de lo que dice en el libro uno encuentra trazas en los archivos de que la idea de la prisión moderna sí se aplicaba, no solo los tenían encerrados, sino que se tenían pensados espacios para reformar, porque estaba pensado precisamente como una prisión moderna”, cuenta Robledo.

Sin embargo, el ambicioso proyecto de ‘prisión benévola’, empezó a enfrentar dificultades a causa de los múltiples intereses de los funcionarios de las distintas administraciones, por ejemplo, en el uso de espacios de trabajo y patios como sitios de castigo, sobre todo en contra de los presos políticos. Robledo explica que el hecho de que hubieran espacios para la reforma no evitaba que los reos afrontaran castigos o sentencias duras.

Fue entonces cuando, en la década de 1940, la moderna penitenciaría fue cerrada un par de años después de haber destacado en informes que resaltaban su ejemplar sistema carcelario. Una de las razones que sustentan el cierre fueron la insuficiencia del espacio que causó condiciones de hacinamiento y la expansión de Bogotá que hizo que la prisión ya no quedara en la afueras de la ciudad, sino próxima al centro, añade Robledo.

Foto: exhibición Museo Nacional
Foto: exhibición Museo Nacional

¿Por qué convertir una prisión en un museo?

En marzo de 1946, el Ministerio de Educación y la Comisión Organizadora de la IX Conferencia Panamericana decidieron destinar el edificio de la antigua penitenciaría como la sede principal del Museo Histórico y trasladar a los prisioneros a la nueva cárcel de La Picota. Resulta interesante que la adaptación de la penitenciaría a museo no fue exactamente una transición planificada, simplemente se vio en el edificio el espacio apto para la función museológica. 

“Los recursos del Gobierno nunca han sido infinitos. Ellos pudieron haber tumbado el edificio del panóptico, pero eso significaba perder un edificio grande y destinar más recursos para construir otro; incluso recuerdo que se había pensado en dedicar el edificio para una escuela para obreros, pero finalmente la coyuntura del momento y otros factores facilitaron los procesos para que se adecuara el traslado del museo y es en ese momento que se aprovecha para que lleguen los museos; porque lo que hoy conocemos como Museo Nacional, llegó por pedazos, es decir, es la última institución cultural que llega”, explica Robledo.

El edificio fue restaurado para funciones museológicas, y aunque se planeaba hacer la inauguración el 9 de abril de 1948, se tuvo que postergar la apertura debido al estallido social que desencadenó el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán. Finalmente, un mes después, más exactamente el 2 de mayo, se abrió al público el edificio que ahora alberga “tres museos nacionales”.

“Primero llega el Colegio Mayor de Cundinamarca al edificio como tal, pero no duran mucho, después empiezan a llegar el Museo Arqueológico y Etnológico que se ubicó en el primer piso, en el segundo el Museo Histórico y en el tercero el Museo de Bellas Artes, y durante décadas se mantuvo esta organización, los dos últimos eran dirigidos por María Teresa Cuervo, quien se conoce también directora del Museo Nacional en ese tiempo”, puntualiza el curador de Historia.

El Museo Nacional hoy

La historia del Museo Nacional tal y como lo conocemos ahora es relativamente reciente. En 1990 se inició una restauración programada en la que se propuso una programación museográfica unificada en torno a un gran recorrido a través de salas permanentes que contaran la historia de la cultura nacional, y en 1994 se inauguró la restauración del primer piso del edificio en el cual fueron reinstaladas las colecciones de arqueología. 

Fue hasta 2012 que se inició el proyecto de renovación integral de los espacios expositivos de carácter permanente. Actualmente el Museo Nacional de Colombia cuenta con un recorrido compuesto de 15 salas en las que se exponen las colecciones de arte, historia, arqueología y etnografía. Y adicionalmente, se tienen salas para la adaptación para exposiciones temporales que se prestan como el espacio para muestras artísticas, exposiciones y alianzas con diversos artistas.

Foto: Colprensa

“Desde el proyecto de renovación de 2012 se quiso presentar a los visitantes un museo que refleje la idea de un país diverso, multicultural, entonces esta idea de Museo Nacional como museo de las grandes historias de los grandes hombres andinos, blancos y ricos se cambió por unos relatos más amplios, porque no hay una sola forma de concebir la historia ni la sociedad colombiana, y por esto se quiere representar lo diverso y variado que es el país y hacer justicia a estos ideales que están expresos en la Constitución del 91”, concluye Robledo.

El edificio que hoy aloja el Museo Nacional de Colombia es uno de los pocos de la capital que dan cuenta de la arquitectura de la época, además es uno de los más antiguos de América y de los contados panópticos que, después de desalojado, no fue demolido y actualmente en sus espacios habita una institución diferente.

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