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‘Aranjuez‘ nueva novela de Gilmer Mesa. ¿Una ficción llena de realidad?

Gilmer Mesa presenta su nueva novela ‘Aranjuez’. ¿Una ficción llena de realidad? ¿Cómo fue el proceso creativo de este libro? Descubre este y otros temas en su más reciente entrevista.
Entrevista | Nueva novela de Gilmer Mesa llega a las librerías. ¿De qué trata?
Foto de: Colprensa
Colprensa

La vida es una constante contradicción y eso bien lo sabe Gilmer Mesa. Su primera gran alegría en el mundo de la literatura, publicar la galardonada novela ‘La Cuadra’, es producto de relatar desde la ficción la dolorosa pérdida de su hermano mayor.

Y las contradicciones continúan. Tras escribir historias y personajes que sabía bien que eran parte de una nueva novela, pero no encontrar cómo unirlas, la solución a todo se dio al enterarse que su padre padecía alzheimer.

Es así, ya con su padre fallecido, que escribe ‘Aranjuez’ comuna o barrio popular que fue epicentro de los momentos más violentos de Medellín décadas atrás, retratados por Gilmer Mesa en ‘La Cuadra’, pero con una fuerza interior que ha generado un cambio que ha llamado la atención, en procesos desde distintas áreas del arte y la cultura.  

Al día siguiente de la publicación de la primera edición, ya se dio la autorización para realizar una segunda edición, lo que demuestra la gran acogida que ha logrado ‘Aranjuez’, su tercera novela.


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Aranjuez

Por la esquina del viejo barrio

-¿Cómo surge ‘Aranjuez’ la novela?

Yo tenía esta idea casi desde que salió ‘La Cuadra’, mi primera novela. Por lo que suscitó el fenómeno de este libro, empezaron a preguntarme insistentemente cosas que me molestaban un poco, y era que sentía que pensaban que en Aranjuez todos eran bandidos, que en realidad fue una minoría, muy bullosa.

Empecé a pensar en otras historias que iba construyendo en la cabeza literalmente para mostrar las muchas cosas del barrio.

Luego de escribir el libro ‘Las Travesías’, empecé a escribir las historias de este libro con sus personajes y las historias con un montón de cosas, pero no encontraba la manera de poder unirlos.

A medida que escribía esto, le pasa a mi padre la porquería de enfermedad del Alzheimer, lo que me suscita un montón de sentimientos y de cosas que me hizo ver dos puntos en común: son historias de sus padres e hijos en un barrio como Aranjuez.

-¿Cómo ha sido el recordar la vida en ese barrio que se ha transformado?

Es complicado. Es más, yo creo que llevo muchos años viviendo en el recuerdo, porque sigo viviendo en Aranjuez y el barrio ha perdido, como todos los barrios populares, han perdido el concepto de esquina. Es un fenómeno de muchas ciudades porque se nos cruzó Internet y eso cambió las relaciones y los vínculos entre las personas.

Para mí es extraño extrañar tanto. Ya uno no ve lo que le tocó a uno, con los pelados jugando en la calle, en la esquina los parceros más grandes, armar un ‘picao’ por que sí. Todo es raro, y en Medellín ya no hay barrios con esas características, que detrás de eso hay un interés capitalista muy teso y es en hacer redituable el ocio.

-Un barrio que ha tenido un pasado violento, pero del cual ha ido cambiando su propia realidad…

Hay que ser claros y no aprovechar eso demagógicamente. No partió de una iniciativa gubernamental ni de ningún tipo. Coincidió en el tiempo que salieron de ahí personas que han hecho cosas importantes y que la gente asocia más la palabra Aranjuez con unos raperos que con unos bandidos.

Ha sido una iniciativa particular y coincidencialmente muy acertada.

Así son las verdaderas revoluciones, las que hay que buscar adentro y no afuera.


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-La obra comienza con la frase: Aranjuez, entrañable y contradictoria…

Es muy contradictoria, como todos los barrios populares. Un barrio donde se festeja la vida pero donde se mata parejo, donde las alegrías transita en medio de las peleas y las tristezas están llenas de bebidas y mucha farra. Te da y te quita mucho.

En Aranjuez se vivió una explosión que se dio a través de fenómenos artísticos como los provocados por artistas como Alkolyrilos, que es un enorgullecimiento de lo popular.

Otro de esos fenómenos, desde otra orilla, Los Perros Criollos, que hicieron sentir mucho orgullo de haber nacido pobres, de las historias que nos acompañan en esa niñez menesterosa que se transforman en formas poderosas de reivindicación.

Ficción muy real 

-¿Una ficción llena de realidad?

Siempre me permito aclarar que es la historia del narrador, que coincide con muchas cosas de mi propia historia, como mi propio padre que llegó a la ciudad en situación compleja, buscando mejorar y terminó quedándose. Así se construyeron la mayoría de barrios populares en el país.

-Incluso que trajeron el campo consigo en medio de la conformación del barrio…

Fueron dinámicas que se han mantenido durante mucho tiempo. Es más, yo creo que la ruralidad en la ciudad son los barrios populares, por un lado por el olvido estatal y por sus mismas prácticas, que se mantienen aún en Aranjuez, que aún en el parque venden paseos a caballo.

Hasta hace muy poco recuerdo que se veía gente con machete al cinto, también con morcilla que se hace en la calle, pero cada vez es más escaso, y más con lo que ha vivido Aranjuez que pasó de ser un barrio periférico a ser casi un barrio central.

-Un lugar donde aparecen Los Sanos y Los Pillos, ¿Dos caminos que se entrecruzan?

Son caminos distintos pero escribiendo la novela me di cuenta que no eran en realidad tan antagónicos. Es más, por mucho tiempo pensé que la novela se llamaría Los Sanos y me gustaba mucho, pero es algo que solemos hacer mucho y es el clasificar todo en bueno o malo, y eso es mentira.

En realidad, Los Sanos no eran tan sanos, y los bandidos si bien ejercían de bandidos, también eran personas con una vida personal bastante amplia y extraña como ocurrió en esa ciudad por años.

Gente con gestos de tremenda humanidad y nobleza, aunque su quehacer cotidiano era de hampa dura. Los contrarios terminan siendo muy parecidos. Los héroes suelen ser muy parecidos a los villanos.


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-El narrador dice que Los Sanos eran un refugio y Los Pillos una aspiración…

Siendo niño es complicado y más en un barrio tan abigarrado y contradictorio, en una época de mucha menos información que ahora, ser pillo era una aspiración, quien adquiría el respeto, un lugar en el mundo y quien valía algo en la sociedad, por lo que no era raro aspirar a eso.

Pasa como en cualquier otra situación. Nosotros solo vemos los resultados y no los procesos, y es ahí donde está la verdadera esencia de las cosas, lo que es muy teso, porque de niño veíamos el resultado de ser pillo y no lo que costaba serlo.

-¿También la latente posibilidad de perder la vida?  

Fue una época en la que la muerte dejó de espantar, lo que le hizo mucho mal a Medellín. Si se le quita el miedo a la muerte la sociedad se vuelve muy peligrosa.

Esa domesticación de la muerte es muy complicada, porque no sólo nos ha hecho insensibles, que ya es grave, sino también indolentes.

-Un panorama bastante oscuro en ese momento…

Una sociedad sin mucha oportunidad desde los sitios donde deberían salir ellas, crean una sociedad sin futuro. No en vano una de las películas fundamentales de esa época fue ‘Rodrigo D no futuro’ (Víctor Gaviria), porque en realidad fue toda una generación sin futuro.

Si no se teme a la muerte, es porque no hay o no se piensa en el futuro, por lo que todo hay que hacerlo hoy y rápido.

-Una historia donde presenta a un padre muy presente…

La cultura antioqueña es la cultura de la madre como centro de todo. En mi familia, donde mis padres vivieron juntos siempre, dónde se querían y se respetaban, y siempre se habla de la casa de la mamá, de manera inconsciente es la casa de ella, que en mi caso, mi padre vive ahí, pero la figura del padre, que en mi caso fue tan presente, es una figura muy difusa, pero yo fui un afortunado, la mayoría nace con padres ausentes, distantes o maltratadores. Un país de huérfanos o de abandonados, que es más teso.

Un país con la ausencia de padre que lo intento mostrar en la novela, que eso nos ha hecho caer en cantos de sirena de personajes muy oscuros, que fungen de padre, con todas sus variables, desde una figura recia, protectora o castigadora y es donde se crea esa idea patriarcal y falocéntrica.  

Por todo esto, es que el fenómeno del sicariato impactó tanto en Antioquia, con el paramilitarismo y las figuras de protomacho.


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-Todo esto entre unas edades muy temprana…

La adolescencia es una época muy negra en la vida. Si uno supiera que eso dura seis o siete años uno se relajaba, pero en ese momento era media vida.

Todo importa, todo hay que ganárselo, hay que mostrar y es una cosa loquísima. Una vez, hablando con un psicólogo, llegamos a la conclusión que si el fenómeno del sicariato se le hubiera planteado a gente mayor de 25 años, muy pocos se hubieran metido en ello.

Fue a los adolescentes cuando no se miden las cosas, ni las consecuencias.

-¿Cómo es Aranjuez hoy?

Hoy en Aranjuez eso es muy perceptible, pero creo que es un fenómeno de las ciudades, que se había demorado mucho, pero ha sido la posibilidad de la información en Internet, que como toda herramienta puede servir tanto para lo bueno como para lo malo, ha ido surgiendo una iniciativa desde lo interno de las cosas, que se asocia a la desesperanza que nos producen los gobiernos.

Día a día se le tiene más desconfianza a los gobiernos y se cree más en los procesos individuales, lo que me parece maravilloso.

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