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Café, joropo y carne a la llanera: los embajadores del Meta ante el mundo

La producción del café en el Meta se estableció en 1870, pero desde hace 15 años, después de épocas de conflicto, el grano volvió a cultivarse para sacar su mejor sabor y aroma.
Llanos Orientales
Tradiciones
Fotos: Jonatan Restrepo
Paula Palomino

Quienes conocen el Meta relacionan el joropo y la carne a la llanera como productos que hacen parte de la cultura de esta región. Lo que pocos saben es que los Llanos Orientales fueron de los primeros territorios donde se cultivó café; sin embargo, este sector económico se frenó debido al conflicto armado que vivió el departamento. Hoy, gracias al proceso de paz y a los campesinos que retornaron a sus tierras, la caficultura se ha convertido en una oportunidad de resiliencia.

Un poco de historia

Para contar la historia del café y la presencia de este producto agrícola en el departamento del Meta, debemos dar un paso por la historia y entender cómo entraron las primeras plantaciones de este cultivo a los Llanos Orientales.

De acuerdo con el historiador Óscar Pabón Monroy, “el café llegó a los llanos en la época de la colonia finalizando el 1500 con la comunidad religiosa Jesuita, pero se establece como producto local aproximadamente en el año 1870 en la hacienda el Buque -actualmente la comuna dos de la ciudad de Villavicencio-, lugar en el que se plantarían alrededor de 70 mil matas de café”.

De esta forma, podemos entender que el café siempre ha estado presente en la cultura llanera, sin embargo, hasta hace unos 15 años atrás, este producto ha sido de nuevo un eje importante en la economía local del Meta, ya que el conflicto y la guerra en los territorios frenó el desarrollo de las economías rurales, incluyendo este sector.

Es en esta zona del país los acuerdos de paz firmados entre el Gobierno y la extintas Farc en 2016, abrieron las puertas a las comunidades para desarrollar proyectos que lleven a la población al crecimiento continuo de sus habitantes.

Testigo de estos procesos es Carlos Andrés Manrique, productor y representante legal de la Asociación de Cafeteros de La Macarena y Sumapaz, cuyo nombre comercial es ‘Café Masú’, ubicado en el municipio de Mesetas, en sur del departamento.

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“El trabajo ha sido de empuje (…) realmente aquí los productores han querido salir adelante con el tema del café, erradicaron el cultivo de coca hace mucho tiempo y se dedicaron a la caficultura, hoy tenemos cafetales en Vista Hermosa, Uribe, San Juan de Arama, Lejanías. Actualmente, 15 municipios del Meta son cafeteros”, señala Carlos.

Es así como los caficultores de esta región por medio de las asociaciones locales iniciaron un trabajo de posicionamiento, así lo recuerda el productor Carlos Andrés.

“Fuimos incursionando en Bogotá como café de territorios acompañados de Caquetá y Casanare, de esta forma nos fuimos dando a conocer, pero desprendiendo para llegar a un café de origen del Meta y así hoy logramos visibilizar nuestro producto en el extranjero, especialmente en Europa. Podemos decir con orgullo que somos reconocidos en Alemania e Italia con un café de sello Rain Forest Alliance, lo que significa que nuestros cultivos van de la mano con el desarrollo sostenible del medio ambiente, el área social y económica de las comunidades donde se producen”, añade Manrique.

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Un café diferente

Sumado a esto, la calidad y especialidad del café del Meta va ligado a los componentes de las tierras donde están los cultivos, así lo manifiesta Liliana Martínez productora y especialista de café, pues “los territorios boscosos y semi selváticos dan toques sensoriales únicos al paladar que disfruta una taza de café del Meta (…) nuestro café es más dulce, achocolatado, con sabor a frutos secos, incluso con perfiles sensoriales que llevan a quien lo consume, a descubrir la selva y sus encantos¨.

Pero Jeferson Restrepo, especialista en café, productor y representante legal de Café Gari, visualiza este producto llanero como un componente social que le permite al consumidor no solo tener un encuentro sensorial, sino que analiza todo el contexto sociocultural que hay detrás.

“Me traslado al piedemonte llanero, a la semilla que es seleccionada para ser plantada, a ese campesino que la cuida, a esa historia de resiliencia que tiene por contar, a esa oportunidad que le ha brindado el grano de café a su familia, a sus hijos, a su esposa, a él mismo; es interesante que los colombianos y los extranjeros conozcan nuestra historia de perdón desde esta bebida”, enfatiza Restrepo.

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De esta forma, los agricultores se han encaminado hacía la excelencia del producto, y hoy, la segunda bebida más consumida del planeta después del agua, lleva un toque y un aroma llanero. Hay un campesino, un hijo, un hermano y un amigo que ha visto como una oportunidad de vida crear una taza de café de excelencia; el propósito desde los Llanos Orientales es contar historias de resiliencia a través de su café.

Y finalmente, es así como actualmente el joropo, la carne a la llanera y el café, son los embajadores del Meta ante el mundo.

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