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Marquetalia, el paraíso que vio nacer una guerrilla

Marquetalia fue la vereda del sur del departamento de Tolima que vio nacer a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, que albergó a la guerrilla de las FARC. 

Vista panorámica de la vereda Marquetalia en el sector conocido como el Vallecito.

Por: Juan Ricardo Pulido

Durante junio de 1.964 un grupo de bandoleros, autodefensa o sencillamente campesinos armados, dieron nacimiento a la guerrilla de las FARC, a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Liberales con ideas comunistas, en un momento en el que estas doctrinas eran prohibidas y perseguidas por los principales gobiernos del continente y del mundo entero; llevó a este grupo de colombianos a refugiarse en las montañas de Colombia.

A mediados de la década de los cincuenta viajaron al Tolima, en la cordillera Central y constituyeron Marquetalia, el sitio que vio nacer a la guerrilla de las FARC. Ese sería nuestro destino. 

Salimos desde la ciudad de Bogotá, en un bus que nos llevaría hasta el municipio de Planadas. Desde allí un campero, hasta el corregimiento de Gaitania, otro hasta la vereda Villanueva, y en seguida iniciaríamos nuestra caminata.  Después de once horas por carretera, empezamos un recorrido a pie por cerca de cuatro horas, que finalmente nos llevaría hasta Marquetalia.

El 'conflicto colombiano', como se conoce popularmente a la guerra interna que hemos vivido, y que da cuenta de más de 600 mil compatriotas asesinados, tuvo su origen para muchos historiadores, analistas y colombianos en las diferencias bipartidistas. 

Ese hecho nos llevó inicialmente a la falda occidental del Páramo de Sumapaz, al municipio de Villarrica.  Allí nos esperaba Don Miguel, un hombre alto, fuerte, nacido casi con el conflicto, en el año 1.943, y con una memoria excepcional. Miguel nació en la década que vio partir a Jorge Eliecer Gaitán, desde sus primeros años es testigo del conflicto.

La guerra se inició fue por política

Año tras año, desde 1948, Don Miguel narró su versión de los hechos. Revivió para nosotros las diferencias de orden político que originaron a su vez las bipartidistas, que dieron inicio a la chusma, los que mataban conservadores; a los pájaros, los que mataban liberales. Como en las peores épocas de los grupos paramilitares, hasta las fuerzas oficiales pusieron su cuota en estas sangrientas diferencias, con los llamados chulavitas. De eso nos habló Don Miguel. De un país que ha estado en guerra por más de setenta años.

Aquí arriba era la cárcel, y ahí abajo en la Policía, allá llevaban la pobre gente a darle pata, culata y se los entregaban a la chulavita para que fueran y los mataran.

Así funcionaban las cosas. Divididos como piezas de ajedrez, blancas y negras, godos y liberales. Cámbulos y gualandayes con raíces en la misma tierra. Municipios de azul, y municipios de rojo; los de Villarrica, no podían pasar por Cunday, los de Icononzo tenían que salir por Fusagasugá; y así nos fuimos dividiendo.

Poco a poco el día en Villarrica se va consumiendo. Cada palabra de Don Miguel hace que este viaje valga la pena. Sus memorias han sido condensadas en mi vieja grabadora y su sentir ahora en mi mente y en mi corazón.  Para quienes han sufrido el rigor del conflicto, no es sencillo revivirlo; y para quienes estamos del otro lado, no es fácil escucharlo.

Inmueble abandonado en el municipio de Villarica.

La mañana siguiente estábamos dejando la cordillera Oriental, la zona del Sumapaz y partíamos del norte del departamento del Tolima, hacia el sur. Marquetalia es una de las 22 veredas, del corregimiento de Gaitania, que pertenece al municipio de Planadas. La flota Autofusa conducida por el 'flaco' nos llevaría hasta Ibagué, y desde allí otro bus hasta el municipio.

Don Enrique nació en 1.945, al igual que Don Miguel, pero vive en el sur del Tolima y su paisano en el norte.  Las distancias geográficas que los separan son superadas por el peso que han tenido que cargar y coincidencialmente, la enorme capacidad narrativa que ambos poseen.  Don Enrique es un campesino tolimense, de familia y crianza campesina.  Viven de lo que la “tierrita les vaya dando”; en el corregimiento de Gaitania.  Allí conoció a “Don Manuel”, Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda Vélez. 

Hace cerca de 30 o 40 años, el acceso a Marquetalia debía hacerse a pie desde el corregimiento de Gaitania. No existía más que una trocha para llegar allí. El recorrido podía tomar 12 horas incluso para el recio campesino acostumbrado a soportar el rigor de sus jornadas. Según Don Enrique, “dándole espera al rolo”, nosotros podríamos hacerlo en 4 o 5 horas.

Río Atá en la Cordillera Central, desde la carretera que comunica Gaitania con Marquetalia.

Muy temprano un 'uaz', nombre popular para este tipo de camperos, nos llevó hasta la vereda de Villanueva. Nos quedamos en una especie de paradero de los 4 vehículos que a diario realizan los viajes entre Gaitania y Villanueva. Con nosotros viajaban dos profesores de la Institución Educativa Antonio Nariño, una enfermera con gran espíritu aventurero y Orlando, lechero y habitante del Marquetalia de hoy.  

En los limitados puestos del uaz viajaban también las mesadas de los campesinos de la región. Un mercado general que había pedido Doña Anita, el bulto de cemento de Don Cristóbal, unas pilas, un paquete desconocido marcado como Evaristo, una bolsa con aproximadamente 10 libras de carne, el axial y la caña de la dirección del carro del señor Marcos, que había quedado en medio del camino.

Ahí empezamos nuestra caminata.  Cada vez estábamos más al interior de la cordillera Central. Ya se divisaba el río Atá, los cultivos de café y los de frijol. La descripción que se me había hecho del paisaje empezaba a coincidir. Paso sostenido, constancia y buen ritmo fueron las recomendaciones que se me hicieron para la travesía.

-Ah y unas botas “tipo guerrillero”, me dijo Don Enrique mientras soltaba en risas y observaba con cierta incredulidad mis viejos tenis de caminata; los que utilizo para jugar, ahora eran los que me llevarían a Marquetalia.

Caminata hacia la vereda Marquetalia.

Fila india, conversamos sin mirarnos. Yo seguía sus botas y él, seguramente el burdo sonido, propio de quienes nos acostumbramos al paso de ciudad. Apenas le servía para determinar que yo seguía en pie. Pequeños senderos, caminos rústicos, subir, bajar, quebradas, a nuestra derecha siempre el río Atá y en nuestro camino, el cruce de campesinos con sus mulas y sus cargas. 

Durante el tramo inicial, prácticamente hasta el 'Filo del Hambre', salían con algo de café, más adelante lo que llevaban era frijol, y después productos lecheros, quesos especialmente.  Así transcurrieron tres horas y cuarenta minutos hasta que Orlando dijo:

Galería de imágenes: 
  • En el Vallecito, el rancho que habitó Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda Vélez o Tirofijo.  La casa albergó campesinos liberales con ideas comunistas, que posteriormente vendrían a ser los máximos dirigentes de la guerrilla de las FARC.

  • Panorámica de la parte alta del río Atá. Es el ingreso a algunas de las veredas de Planadas; el Mirador, Los Alpes, El Diamante, La Aldea, El Caimán, San Miguel, El Progreso, Los Guayabos y Marquetalia.

  • Popularmente conocido como 'uaz', por el campero todoterreno militar de fabricación rusa. Estos vehículos son los únicos que llegan a la zona y representan la única posibilidad para bajar los productos que los campesinos de la región cultivan.

  • Campesino con su carga y su niño. Debido a la ausencia de otros medios de transporte y vías en la región; los campesinos bajan sus productos y llevan a sus hijos a las escuelas a lomo de mula.

  • La región es reconocida por la calidad en su café, sin embargo para vender sus productos, los campesinos deben realizar un recorrido desde sus fincas hasta el lugar donde ubican el UAZ, que tarda en promedio 2 o 3 horas dependiendo de las condiciones del clima. (Foto Jorge Cocomá)

  • En la colina de la derecha, muy tenuemente se ve el rancho en el Vallecito, abajo la Institución Educativa Antonio Nariño, sede Marquetalia. Ganado en Marquetalia.  Se dedican a la lechería, al cultivo de  hortalizas para el consumo diario, cultivo de frijol, el cuidado de sus vacas, gallinas y uno que otro pisco.

     

  • Las trincheras del Vallecito. Para algunos las construidas por el propio grupo guerrillero, para otros, las que montó el ejército a su llegada en el nuevo milenio.

  • En el rancho, en el Vallecito, son pocas las familias que residen en la vereda Marquetalia. Aquí una charla informal con uno de los habitantes de la región. (Foto Jorge Cocomá)

  • Fogón de leña en casa de familia campesina en la vereda Marquetalia. La hospitalidad de la gente de la región es incuestionable.  Recibimos mucho más que la posibilidad de pasar la noche; incluso la oportunidad de asearnos y prepararnos para la jornada de regreso.

     

  • Escaparate en la casa de la familia que nos acogió.  Los campesinos y habitantes de la región han mostrado enorme interés por enterarse del contenido de los acuerdos de paz, y estar preparados “Hacia un nuevo campo colombiano”.

  • Ganado en Marquetalia. Se dedican a la lechería, al cultivo de hortalizas para el consumo diario, cultivo de frijol, el cuidado de sus vacas, gallinas y uno que otro pisco.

  • Ellos fueron parte del equipo de acompañantes en nuestro ascenso a Marquetalia. De izquierda a derecha; el profesor Aldemar Rodríguez, Juan Ricardo Pulido periodista de Radio Nacional de Colombia, el profesor y fotógrafo Jorge Cocomá y su esposa Norida.

  • En Marquetalia al caer la noche. Agradecimientos especiales a los habitantes, acompañantes, guías, consejeros, asesores y demás que tuvimos la oportunidad de conocer en Planadas, Gaitania, Villanueva y Marquetalia. (Foto Jorge Cocomá)

     

Esa casita que se ve allá a lo lejos como en una colina, es el “Vallecito”, el rancho donde vivía Don Manuel.

En Marquetalia, a la distancia 'El Vallecito' donde se encuentra el rancho que albergó a los máximos dirigentes de las Farc.

Estábamos finalmente en Marquetalia. En la vereda más extensa y una de las más fértiles de la región, pero ahora, la más despoblada. Apenas diez familias permanecen allí, llevan una vida tranquila, pero compleja, limitada.  Se dedican a la lechería, al cultivo de  hortalizas para el consumo diario, cultivo de frijol, el cuidado de sus vaquitas, gallinas y uno que otro pisco. Marquetalia es un paraíso enmarcado en la Cordillera Central.   Pero viven sin servicios, sin energía eléctrica, sin sistema de acueducto o alcantarillado, cocinan con carbón, y a pesar de sus condiciones, su hospitalidad es incuestionable. 

Recibimos un jugo de mora, unos patacones y retomamos nuestro camino, queríamos llegar al vallecito, al sitio que hospedó a los máximos comandantes de la guerrilla de las FARC.  Con barro hasta la cintura y mi bastón improvisado, arrancamos.  Ya habíamos hecho lo más complejo.  Habíamos recorrido los senderos que otrora el grupo armado había transitado.

Mi mente se llenó de imágenes, de comandantes, de los frentes, del daño que se le ha hecho a mi país.  Cada paso estaba cargado de ansiedad y a la vez curiosidad. Aquí empezó todo.

Nos recibe un sinnúmero de conejos, ahora, los dueños del lugar. Plantas de lulo que parece nadie en particular ha sembrado, hongos, mora silvestre y trincheras. Para algunos las construidas por el propio grupo guerrillero, para otros, las que montó el Ejército a su llegada en el nuevo milenio. De cualquier modo histórico.  Esta era la vista que tenía 'Don Manuel', Pedro Antonio Marín, y Luis Alberto Morantes Jaimes comandantes y fundadores de la guerrilla de las FARC.  Desde aquí divisaban ellos la cordillera Central que acabamos de transitar.  

En 'El Vallecíto', el rancho que habitó Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda Vélez o Tirofijo.

El rancho se encuentra en buenas condiciones. Es de madera y tejas metálicas. Sus cimientos son una estructura también de madera que le permite levantarse por poco más de un metro. Un balcón que mira al noroccidente, decorado con materas y plantas ornamentales. 

En la parte trasera un huerto y un tendedero de ropa de los nuevos huéspedes, aquellos que llegaron después de la guerra. Un gallinero y un balón sin custodio. Así luce hoy Marquetalia.

Regresamos, abandonamos la casa como lo hicieran ellos hace unos años. Caminamos nuevamente de regreso y llegamos a nuestro sitio de estadía. Allí nos trataron como paisanos. Nos brindaron comida, pantuflas, un lavadero para mis sucios tenis, una ducha y calor del fogón de leña. Mi cama, mi cena y mi noche fueron inigualables. Eso es Marquetalia, una vereda, campesinos, plantaciones, vacas, piscos y gallinas, montañas, un mito; un paraíso que tuvo que presenciar el nacimiento de una guerrilla.

*Los nombres de los protagonistas de estas historias fueron modificados por motivos de seguridad.

Escuche aquí la crónica sobre Marquetalia en el especial web #DespuésDeLaGuerra: