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Alborada: cofradía de música y baile por las calles de San Pelayo

Las bandas que participan en el Festival Nacional se encargan, año tras año, de levantar de sus camas a los pelayeros con porros y fandangos.

Foto Cortesía Festival Nacional del Porro de San Pelayo

Por: Jimmy Cuadros.

Hay una madrugada en San Pelayo en la que los clarinetes, trompetas, bombardinos y tubas reemplazan el canto de los gallos antes del amanecer. La de este año fue el sábado 29 de junio.

Desde el parque principal del municipio, a las 3:30 de una madrugada fresca y estrellada, partieron las 44 bandas que engalanan el Festival Nacional del Porro a recorrer el pueblo, en busca del Complejo Cultural Nacional e Internacional María Varilla. 

Sus músicos, algunos trasnochados, tocaron sin descanso para que espontáneos bailarines contonearan sus caderas a ritmo de piezas como ‘Vámonos caminando’. 

Las mujeres llevaban mazos de velas en la mano derecha y aunque no tenían polleras engalanaban y alumbraban el recorrido por las calles oscuras y somnolientas de San Pelayo. 

Tatiana Pestana, monteriana, orgullosa de su cultura, danzó con las velas y un celular en videollamada en la mano izquierda, sin perder ritmo ni cadencia. 

Foto Cortesía Festival Nacional del Porro de San Pelayo

“Le estaba mostrando a una amiga en Santiago de Chile la alborada. Ella es una amante de esta música y está de cumpleaños. Es lo que me identifica a mí, el porro es mi identidad, mi cultura y me pidió esto como regalo”, dijo sonriente. 

Precisamente de Chile llegaron Paulina y Camila Godoy a vivir de cerca el Festival Nacional del Porro. Ambas son amantes de las danzas folclóricas tradicionales de América Latina y el porro es uno de esos ritmos que las tiene encantadas. 

“Nos gusta mucho bailar, estamos aprendiendo cómo se baila el porro. Es hermoso esto, una experiencia inolvidable, el recorrido increíble, todos animados, bailando”, contaron. 

A medida que las bandas seguían la caminata musical, se iban sumando cada vez más personas y bandas, que a la orilla de las calles esperaban la cofradía musical. Pelayeros que, aún con legañas, dejaban la pereza a un lado para seguir con sus pasos e interpretaciones a la conservación de esta tradición que cumple 43 años. 

Foto Cortesía Festival Nacional del Porro de San Pelayo

Juan José López, pelayero arrullado desde niño con las notas de María Varilla, aseguró que se preparan un mes antes del Festival, haciendo cada domingo una representación de lo que será la alborada. 

“Hacemos un fandango pasea’o por las diferentes veredas, como los corregimientos La Madera, Pelayito, Carrillo. Bailamos hasta la cabecera municipal”, detalló. 

“Para mí el porro es vida, la vida de San Pelayo es el porro”, recalcó Juan José, trompetista y quien tiene un semillero de niños que seguro no dejarán morir esta tradición. 

Sin soltar el clarinete, Misael Arango, uno de los tantos músicos que participaba en esta marcha cadenciosa, aprovechó el respiro de los redoblantes para explicar por qué es importante para ellos este evento. 

Foto Cortesía Festival Nacional del Porro de San Pelayo

“Es una tradición de los pueblos de la Costa que tienen fiestas tradiciones, y en donde suena el porro. Pero aquí en Pelayo es mágico, tiene un aura esta alborada. Además que todos los músicos de todas las bandas, como hermanos, nos juntamos a conformar la Gran Banda Pelayera”, dijo. 

Ni la luna menguante de este municipio cordobés de suelo fértil quiso perderse el espectáculo de la alborada, y con el olor a pasto humedecido por el rocío acompañó a las bandas hasta el Complejo Cultural María Varilla, donde el sol sorprendió a los músicos en la tarima y a los bailarines con las velas derretidas. 

Escuche la crónica sobre cómo se vivió la Alborada de porro en San Pelayo: