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Farid Díaz: de niño inquieto del sóftbol a profesional del fútbol colombiano

El reciente campeón con el club Olimpia en Paraguay nació en Codazzi (Cesar), creció amando el sóftbol, pero por cosas de la vida se enamoró del fútbol cuando llegó a Valledupar.

Foto: Colprensa. Junio de 2018.

Por: Tatiana Orozco Mazzilli

Entre árboles frondosos del barrio Villa Miriam es fácil encontrar la casa de Farid Alfonso Díaz Renhals en Valledupar. Todos lo quieren y conocen, basta con preguntar por él para que cualquier niño o adulto alce el brazo señalando dónde queda la residencia de sus padres.

El reciente campeón con el club Olimpia en Paraguay nació en Codazzi (Cesar), creció amando el sóftbol, pero por cosas de la vida se enamoró del fútbol cuando llegó a la capital cesarense, donde dio sus primeros toques en las polvorosas canchas populares.

Farid Díaz en sus primeros meses. Crédito: Cortesía familiares. Archivo Particular.

Jugaba descalzo bajo el inclemente sol y nunca tenía excusa para hacer lo que le apasionaba. En una oportunidad, cuando jugaba en la cancha ‘La Bombonera’ del barrio Sicarare, lo vio el extécnico Jesús ‘Kiko’ Barrios, quien sorprendido por su talento tomó su mano y lo llevó al Atlético Bucaramanga, donde debutó profesionalmente en el 2003.

Luego, con el Envigado Fútbol Club ganó el torneo de la Primera B en el 2006. Seis años después llegó al Nacional y desde ahí su éxito ha sido abrumador.

Farid de 6 meses, cuando fue bautizado en Codazzi (1983). Crédito: Cortesía familiares. Archivo Particular.

Primero fue el sóftbol

Lo que pocos saben es que hasta los 12 años jugó sóftbol como pitcher (lanzador) y era buscado por todos los equipos para practicar el deporte de la ‘la pelota blanda’.

“Le gustaba ese deporte, pero cuando nos mudamos a Valledupar, él jugaba muchos campeonatos interbarrios de fútbol. Siempre lo venían a buscar sus amigos, fue un pelao’ muy activo, era puntero, hizo parte de la Selección Cesar y así se fue moldeando hasta que se hizo profesional en la defensa”, dice Carlos Julio Díaz, padre del jugador.

Farid junto Carlos Díaz (papá) y Carlos David Santana (sobrino). Crédito: Cortesía familiares. Archivo Particular.

Una de las características de Farid es que se acomoda fácilmente a cualquier esquema y eso lo destacan los entrenadores y sus amigos.

Se le medía a todo

Desde pequeño Farid Díaz demostró que le temía a nada. Su familia cuenta que se ponía a vender cualquier producto con tal de tener unos ‘pesitos’ en el bolsillo. Esa actitud lo hizo merecer la admiración de muchos y aprender muy rápido lo que se le enseñaba.

“Él fue muy inquieto, lo que no sabía lo preguntaba, se pasaba de necio con los compañeros y amistades. Le gustaba trabajar, le quitó la carretilla una vez a un amigo y se puso a vender mamón, no le daba pena nada”, recuerda su progenitor.

Farid Díaz junto a sus hermanos Alexander y Acelis. Crédito: Cortesía familiares. Archivo Particular.

Aunque es el menor de tres hermanos, Farid siempre pensaba como adulto, sobre todo en darle lo mejor a su mamá Alina Rhenals Suárez.

“Ayudaba a una vecina a sacar el carro porque ella vendía comida. Decía que cuando trabajara y ganara dinero iba a hacer un mercado grande para darle a mi mamá. Que iba a llenar un carrito en el supermercado de todo lo que ella quisiera y se le cumplió. Apenas empezó a ganar, le cumplió la promesa”, relata su hermana mayor, Lucelis Díaz.

Farid con sus padres Alina Rhenals y Carlos Díaz en la graduación del Colegio San Antonio en Valledupar. Crédito: Cortesía familiares. Archivo Particular.

El vallenato y la champeta, sus géneros favoritos

Como la mayoría de los costeños, Farid Díaz es un buen bailador, le encanta compartir con sus primos y vecinos en una buena parranda. Los vallenatos de Diomedes Díaz y del grupo Los Diablitos no pueden faltar en el repertorio. A la hora de bailar sabe muy bien mover las caderas al ritmo de una champeta.

Es por eso que cuando llega al Valle del Cacique Upar, siempre saca el pick up (sistema de sonido usado en la región Caribe, cuya palabra fue adaptada en Colombia y se escribe ‘picó’) y “forma el desorden”, como dicen sus primos. Su corazón inmenso siempre está dispuesto a generar una sonrisa a los demás.

Foto: Colprensa. Junio de 2018.

“Mi hermano es una persona humilde, tiene un corazón inmenso, él no se mide para ayudarle a otra persona. Se quita los zapatos para darlos, ese es mi hermano. Estamos agradecidos con Dios de que participe en un mundial, él se lo merece”, concluye Lucelis.