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Los malos comienzos, los tristes finales

Foto: Pixabay.

Por: Germán Rey. Defensor del oyente.

“Lo que comienza mal termina mal”, dice un refrán popular. Y en el caso del programa “El Atardecer”, emitido el 9 de mayo de 2020 por Radio Nacional, las cosas comenzaron mal. 

En primer lugar, se acordó previamente con la entrevistada, la investigadora y profesora Natalia Santiesteban Mosquera que en el programa se hablaría de los sucesos ocurridos en Washington con la muerte de George Floyd por la violencia ejercida por cuatro policías de la ciudad.

El asunto era en ese momento una noticia global en medio de grandes manifestaciones pacíficas que transcurrían por las calles de la capital de los Estados Unidos y progresivamente de muchas otras ciudades del mundo. Pero este pacto de entrevista derivó hacia algo que las productoras del programa denominaron la “fuerza cultural de lo afro”. Primer problema de arranque: se incumplió lo acordado con la profesora, una norma básica del periodismo.

En segundo lugar, las realizadoras colocaron como inicio y contexto de la emisión, la canción “Negrito”, del grupo musical Herencia de Timbiquí. 

La contextualización es un elemento fundamental de un programa radial. Existen recursos sonoros, musicales, textuales, que ubican los contenidos de un programa y que forman parte activa del mensaje que se envía a los oyentes. Son además seleccionados intencionalmente por los productores del programa. 

La entrevistada, de inmediato y de manera argumentada, criticó esta selección por problemas, en su opinión,  de estereotipia y folclorización e hizo una reflexión pertinente sobre lo inapropiado que resultaba contextualizar de esa manera un programa sobre racismo, precisamente el día del entierro del ciudadano negro asesinado en Washington.

La investigadora tenía todo el derecho como ciudadana y como intelectual a manifestar al aire su inconformidad frente a la música de entrada al programa. Es más, su reflexión fue en todo coherente con la naturaleza del tema sobre el que se le estaba indagando y además provechosa por su contenido crítico, para la Radio Nacional y sus oyentes.

Pero no se entendió la validez de la crítica que la profesora estaba haciendo directamente al aire. Por el contrario, las realizadoras participaron en una polémica que se fue creciendo, hasta que el refrán se hizo realidad, como la famosa profecía que se autocumple. Todo terminó mal, porque no solo se interrumpía a la invitada, sino que finalmente el programa culminó de manera abrupta, cerrándolo con la transmisión nuevamente de la canción que había ocasionado la controversia inicial.

En su escrito en Facebook, la investigadora señaló que “Así es como la radio acreditada y seria "celebra" la "riqueza cultural afro" en Colombia: invitando a una intelectual negra para exigirle que cohoneste el racismo y de paso taparle la boca y negarle su derecho a la palabra”.

Durante la transmisión, la invitada pidió que se respetara su palabra, se apartó de la opinión de las realizadoras que consideraban que el debate era insano y manifestó su diferencia frente a una caracterización de la fuerza cultural de lo afro, como algo relacionado con la alegría, la música y la fiesta.

Desde el inicio la profesora puso sobre la mesa un conjunto de reflexiones   importantes al resaltar algunos de los núcleos del problema del racismo: los estereotipos, las aproximaciones folclorizantes, el ejercicio de la violencia. “Hay que dejar de folclorizar lo negro. A los debates hay que meterles punto de vista crítico, dijo en un momento del programa, hay que resignificar las palabras”.

Fueron varios los problemas de esta emisión de “El Atardecer”. La ruptura del pacto temático de la entrevista que introdujo confusión, la selección de la canción de entrada, las interrupciones a la reflexión de la invitada, la tensión in crescendo, los acercamientos de las periodistas al problema y la finalización abrupta del programa.

Pero sobre todo lo sucedido da una lección sobre algo que la radio pública no puede olvidar: su apertura a los puntos de vista de los otros, así ellos choquen con los propios, la capacidad de escuchar con provecho las opiniones críticas y sacar fruto de ellas, la apertura, en definitiva, hacia  el pluralismo y la diversidad de nuestra sociedad. No es fácil, pero es necesario.

No hacerlo desde el comienzo fue apostarle a que todo terminara mal. Infortunadamente en “El Atardecer” de ese día, el refrán se cumplió a cabalidad.